15 de septiembre de 2016
Al revisar las distintas propuestas elaboradas por los conglomerados políticos nacionales sobre las características que debiera tener la próxima Constitución Política de la República, nos encontramos, entre otras, con la idea de una “Constitución mínima”, la cual ha sido respaldada por sectores conservadores, principalmente, por quienes adhieren a los nacientes movimientos políticos Evópoli y Horizontal.
Sus defensores han justificado dicha propuesta señalando que en la próxima Constitución se deben dejar fuera aspectos ideológicos que dividan a los chilenos, concretamente, los denominados derechos sociales, entendiendo por aquellos “una subcategoría dentro de los derechos fundamentales que persiguen la satisfacción de las necesidades elementales de las personas en ámbitos como la salud, trabajo, vivienda o la educación, o todas aquellas exigencias referidas a la justicia social” (Pisarello).
De esta manera, según quienes postulan una Constitución mínima, el país lograría, por vez primera, contar con una “Constitución que se limite a establecer las reglas, derechos y libertades que hagan posible una política democrática”.
Así las cosas, resulta aclarador preguntarnos lo siguiente: ¿puede ser considerada genuinamente como Constitución mínima, una Carta Política que consagra (cerrando la discusión ad initio) un determinado carácter del Estado (mínimo subsidiario) sobre la base del cual se predetermina constitucionalmente el nivel de intervención que le cabe al Estado en las políticas públicas sociales? Claramente la respuesta es negativa.Sin embargo, si analizamos con detención tal propuesta, sobre todo los aspectos ideológicos que esconde, podemos darnos cuenta fácilmente que, al rechazar a priori de modo tan categórico el reconocimiento de derechos sociales en la nueva constitución, independientemente de la validez de la discusión en torno a cuál es el mecanismo jurídico constitucional más adecuado para su efectiva consagración, dicha postura, implícitamente, está reconociendo su decidida adhesión a la mantención de un Estado de carácter subsidiario, perpetuando, en ese sentido, el statu quo consagrado por la actual Constitución.
Es por esta razón, que creemos que el planteamiento de la Constitución mínima, en los términos en que ha sido justificada públicamente por los movimientos políticos antes señalados, esconde la siguiente trampa o ardid: pretende negar legitimidad a cualquier postura constitucional que consagre los denominados derechos sociales por fundarse en un contenido ideológico que dividiría a los chilenos, sin embargo, su propuesta también se sustenta en una visión ideológica determinada (Estado mínimo subsidiario), que ha generado en los hechos una profunda discordia entre los compatriotas y el contenido normativo de la actual Constitución de 1980, razón por la cual no puede ser considerada genuinamente una propuesta de Constitución mínima y, por tal razón, debe ser criticada en el sentido que lo hemos hecho.
*Fuente: El Mostrador
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Hace años alguien comentó acerca de la desregulación de los estados, propuesta por el antiguo Liberalismo y su versión actual desopilante el Neo Liberalismo, diciendo que ni los Anarquistas en sus sueños más dorados habrían sospechado que estas corrientes iban a postular una supresión del estado de tal envergadura.
Estos inefables y beatíficos espíritus que habitan la derecha chilena, son un peligro público, La Democracia Republicana, para poder subsistir y no ser corroída desde el interior, debe tener reglas claras y fuertes, tanto para defenderse contra las tiranías, que están agazapadas en algún lugar de la mente de estos supuestos hippies libertarios, como del despelote de la masa desorganizada a merced de los vaivenes de la moda, que al final termina clamando por algún caudillo que dirija la manada, entonces aparecen los líderes fascistas poniendo orden, e imponiendo la tiranía.
Reglas Claras. Si el país aspira a ser solidario con los más débiles en su desarrollo, educación y salud, que lo deje por escrito. Si el país quiere seguir teniendo la soberanía dentro de sus fronteras, mares y subsuelo, que lo deje por escrito clarito y con mayúscula. Si el país quiere desterrar la tortura, y la discriminación por sexos o raza, que lo manifieste. No solo por omisión, sino taxativamente. Si el país quiere contemplar el plebiscito como herramienta, que lo escriba y deje los mecanismos de como hacerlo y en que ocasiones, como ser de conflicto moral entre la salud pública y la moral privada. Aborto y Eutanasia, y que la sociedad pueda elegir.