Algo huele mal en la Encuesta CEP
por Víctor Herrero (Chile)
9 años atrás 5 min lectura

Lunes 22 de agosto del 2016
¿Por qué razón en los sondeos del CEP el tema de la colusión de las grandes empresas para estafar a los consumidores chilenos, o el financiamiento irregular de las campañas políticas no aparece como preocupación ciudadana? La respuesta está en ver quién financia a ese centro de estudios y cuál es la ideología que sostienen.
Es probable que las encuestas que realiza el Centro de Estudios Públicos (CEP) sean el último reducto de la élite transversal que ha gobernado a Chile desde 1990. Cada vez que el CEP publica su sondeo, el mundo político, empresarial y el de los medios de comunicación analiza cada detalle, cada medición, cada cambio en los ránkings de popularidad presidencial, y durante varios días o semanas se convierte en el tema predilecto de conversaciones al interior de los partidos, de La Moneda, en los pasillos corporativos de Las Condes y en las redacciones de los principales diarios, radios y canales de TV.
Y así ha sucedido, una vez más, con el sondeo dado a conocer a fines de la semana pasada. Mientras la élite se aboca a desmenuzar la última encuesta CEP, cientos de miles de ciudadanos marcharon este domingo –por segunda vez en menos de cinco semanas– por las calles de las principales ciudades del país exigiendo el fin del modelo privado de pensiones.
¿Y qué dice el oráculo del CEP respecto al movimiento de No + AFP? Nada. Entre las 1.416 personas que ese centro de estudios encuestó de manera presencial a lo largo de todo Chile entre julio y agosto, a ninguna le parece que las pensiones sea uno de los tres problemas más apremiantes del país. Así, previsiblemente la delincuencia (52%), la salud (36%), la corrupción (36%), la educación (34%) y los salarios (29%) son los cinco temas que más preocupan a los entrevistados. Le siguen 11 temas más, entre ellos Derechos Humanos y el Medio Ambiente, pero las pensiones no aparecen por ningún lado.
¿Cómo se explica esta desconexión entre lo que ocurre en la calle y lo que sucede en las entrevistas del CEP? Las dos respuestas más obvias son que esos 700.000 a 1 millón de ciudadanos marchando contra las AFP son una ilusión óptica; la segunda, que por alguna razón metodológica, absolutamente ninguno de ellos fue encuestado por el CEP. Obviamente, ambas cosas son imposibles, pero sí abren una interrogante válida: ¿Qué intenciones políticas subyacen al sondeo más respetado por el país?
¿Por qué razón en las encuestas de los últimos dos años el tema de la colusión de las empresas para estafar a los consumidores chilenos, o el financiamiento irregular de las grandes empresas a las campañas políticas de una parte importante de la Nueva Mayoría y Chile Vamos no aparece como preocupación ciudadana? Son temas que todos los chilenos venimos discutiendo hace un par de años de manera insistente. Sin embargo, según la CEP, no está entre los temas de mayor preocupación de los ciudadanos. Es más, ni siquiera se menciona entre los 15 temas más relevantes.
¿Por qué? Una posible respuesta está en la composición e ideología del propio CEP. Unas 80 empresas –que el CEP denomina “persona jurídica chilena” – contribuyen más de 90% del presupuesto anual de ese centro de estudios que asciende, según sus cifras, a unos 2,5 millones de dólares al año.
¿Y cuáles son esas empresas? Para empezar la AFP Provida, pero también Soquimich. Y muchas más, entre ellas todos los principales bancos del país, y varias compañías pertenecientes a las grandes familias empresariales, entre ellas los Matte, los Luksic, Horst Paulman, los Solari, Angelini, los von Appen, Álvaro Saieh, LAN Chile y un largo etcétera.
¿Y quiénes están en el consejo directivo del CEP? Roberto Angelini, Salvador Said, Eliodoro Matte, Juan Claro, Jean Paul Luksic, Luis Enrique Yarur, Richard von Appen, además de los columnistas de El Mercurio José Joaquín Brünner y David Gallagher.
El sesgo empresarial e ideológico de los fundadores y financistas del CEP es muy obvio. Por eso mismo, aunque traten de ser académicamente honestos, los investigadores del CEP –también casi todos de derecha- tienden a reproducir su visión de mundo en sus propias encuestas.
Por ejemplo, ¿quién de estos investigadores decide cuáles son los nombres de los políticos a evaluar? ¿Y en base a qué deciden incorporar a ese nombre? Si es por menciones en la prensa, habrán de darse cuenta que en los diarios La Tercera y El Mercurio –que a su vez pautean indirectamente a las radios y canales de TV tradicionales- todos los fines de semana se repiten los mismos entrevistados y los mismos nombres. ¿Por qué el alcalde comunista de Recoleta, Daniel Jadue, quien revolucionó el ambiente político-social al inaugurar las llamadas farmacias populares, no figura en el sondeo?
La gran labor de la encuesta CEP es la de construir percepciones que, posteriormente, la prensa y el mundo político recoge y amplifica para crear una suerte de “realidad virtual”. La simpatía que la Concertación y ahora la Nueva Mayoría le tiene al sondeo CEP proviene de su encuesta de fines de 1988 que acertó el resultado final del plebiscito de octubre de ese año sobre la continuidad de Pinochet. A partir de ahí, como parte de su síndrome de Estocolmo, la supuesta centro-izquierda le dio credibilidad total al oráculo de la centro-derecha y del poder empresarial.
Ya es hora que este oráculo se desenmascare al igual como sucedió al cabo de los siglos con el oráculo de Delfos de la Antigua Grecia: una herramienta a disposición de los poderosos para engañar a los crédulos, un simple engaño.
*Fuente: Diario UdeChile
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Somos 17 millones de personas, el 1% serían 170.000 personas, y esta muestra no alcanza a ser ni siquiera el !% del 1%, es decir no representa nada. Además no sabemos como se tomó esta muestra infinitamente pequeña. Quizás un joven contratado se sentó en el Alto Las Condes a hacer la encuesta, y quizás como están planteadas las preguntas. De modo que el error estadístico, si es que se la quiere maquillar de Estadística debe ser enooooooorme.
Las estadísticas se basan en probabilidades matemáticas y tienen una metodología estricta y son fácilmente manipulables y una herramienta fácil de manejo de la opinión pública.