Humberto Maturana y el conflicto estudiantil
por Francisco Marín (La Nación)
20 años atrás 11 min lectura
Comenzó como un movimiento tímido. Casi parecía un berrinche. Un pataleo poseso de reivindicaciones repetidas. Pero la “revolución de los pingüinos”, como ha gozado llamándola la prensa latinoamericana, desempolvó la adolescencia. Esta vez los gritos llevaron a la LOCE al paredón. Una figura jurídica que da cuerpo a un sistema educativo que “es concebido como un negocio y donde las personas son tratadas como mercancías”, dice Humberto Maturana (75). Y eso es lo que rechazan los estudiantes “que necesitan sentirse parte de un proyecto común, y que quieren ser útiles a la comunidad a la que pertenecen”.
“Entonces –concluye Maturana-, yo pienso que este movimiento estudiantil responde a la necesidad espiritual de ser parte de un proyecto común, de un proyecto nacional, que les haga sentido, en el que perciban que su actividad es significativa para la comunidad de la que forman parte. Ese proyecto estaba desapareciendo y lo que los estudiantes hacen es intentar reconstruirlo”.
-¿Y cómo cree que ha enfrentado el tema el Gobierno?
-Yo creo que la Presidenta Bachelet está un poco atrapada por su entorno que trata el problema de la educación como un tema económico, como un tema de inversión y producto. Siento que ella no ha podido abrir un espacio donde sea posible abordar lo fundamental, que es el sentido de la educación, el proyecto de país. Y lo que ahora tenemos que hacer es regresar a lo fundamental que es justamente el sentido de la educación y el proyecto de país. Tenemos que construir un proyecto donde todos se sientan partícipes de la creación de un país donde sea deseable, digno y creativo vivir.
Maturana no sólo busca en la actualidad una respuesta al momento social que vive Chile: “Yo pienso que una de las orientaciones principales de la dictadura militar fue reducir al mínimo el espacio reflexivo del país de modo de destruir los movimientos políticos que tenían como propuesta fundamental el desarrollo de la nación. Las ideologías políticas tienen sus dificultades, sus trampas. Pero esa era una época –la anterior a 1973- en que ser comunista, socialista, democratacristiano o liberal, constituían visiones inspiradoras. Y para acabar con los sueños colectivos, lo que se hizo fue romper las redes de conexiones y conversaciones. ¿Y dónde?: En la juventud, en la educación”.
-Exactamente. Porque carecemos de una noción de país que esté permeada por un proyecto nacional, en donde la tierra sea concebida como el espacio donde todos estamos viviendo y construyendo un país donde sea digno vivir. Si no existe eso, si son todos casos locales que son analizados con visiones economicistas, tú tienes, en último término, la destrucción de todo, porque has roto la conectividad de pensar y
sentir qué constituye al país como unidad.
La desigual condición de vivir
Además de los problemas de sentido de la educación chilena, Maturana cree que los estudiantes con sus protestas han puesto en evidencia la enorme inequidad que existe en la educación chilena, que es un correlato a lo que ocurre en todas las esferas sociales del país.
¿Qué le parece que yo gane más que usted?
Y él me dice: ‘Bueno, pero usted ha estudiado. Yo no estudié. Usted se dedica a lo que está haciendo y yo a lo mío…. pero usted ha estudiado: Yo creo que está bien.”
-¿Y si yo ganase dos veces más que usted?, le repliqué.
-¿Y si yo ganase cuatro veces más que usted?
-Emmm, bueno, pero usted ha estudiado, dice dubitativo.
-¡No pues! Ya como que sería demasiado, ¿no?
“Siempre van a ver diferencias en la vida que son respetables. Estas dimensiones no son cuantitativas, son de sentido, son espirituales, son de significado en la vida. El que uno gane un poco más que el otro, si los dos pueden vivir con dignidad, no hace mucha diferencia. Pero el que uno gane mucho más que otro no es tan legítimo porque para que uno gane mucho mucho más que otro, otros tienen que hacerse pobres”.
Artículo publicado en el diario La Nación – Chile www.lanacion.cl
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