Hace poco asistí a Cuba, a un curso de agricultura ecológica familiar, organizado por la Articulación de los Movimientos Sociales del Alba y ANAP (Asociación Nacional de Pequeños Agricultores). Fui representando a los jóvenes de La Junta, considerando que mi carrera me ayudaría a entender mejor el tema y puedo decir que, más allá de romper varios de los dilemas personales que tenía con respecto a la situación política cubana, me llevé una de las más grandes experiencias de mi vida, que quizás, nunca hubiera podido tener en nuestro país.
Todos sabemos que mientras en el mundo la población aumenta cada año -y con ello el tamaño de la urbe-, los campos de cultivo se reducen y se alejan aún más de la ciudad, trasladando el costo de esto al precio de los alimentos y afectando, obviamente, los bolsillos de muchos. En este contexto, los campos de cultivo son intervenidos con mayor cantidad de elementos químicos para acelerar el crecimiento, tamaño o cantidad de productos, lo cual repercute en la salud de la población a mediano y largo plazo ya que está ingiriendo todos los días alimentos contaminados con químicos innecesarios. Lamentablemente esto es lo que sucede en el Perú y en muchos países latinoamericanos gracias a los gobiernos de turno.
Hoy en día existen métodos que están logrando que los agricultores y campesinos tomen conciencia y sean capaces de cultivar productos de manera orgánica, sin la necesidad de usar insumos químicos. Estos métodos se han puesto en práctica en Cuba, ya hace algunos años, y están logrando producir alimentos sanos sin necesidad de forzar al recurso suelo en la producción de estos alimentos y protegiendo la naturaleza de las semillas, llegando a conseguir la soberanía alimentaria.
Sabemos que Cuba es una isla que ha sido afectada por el bloqueo impuesto por Estados Unidos y este bloqueo los ha privado de importaciones de alimentos envasados, pero, a la vez, el bloqueo ha sido un gran paso para que Cuba se convierta en un país ejemplar ya que no depende de las importaciones de alimentos sino que ellos mismos lo producen labrando la tierra, y esto ha logrado la unión de las familias cubanas en los campos de cultivo. ¿Cómo lo hacen? El Estado organiza a las fincas de toda la isla y administra la distribución de granos para garantizar la seguridad alimentaria de su población, exigiendo en todo el proceso la calidad de los productos para mantener la salud de sus ciudadanos. Puede parecer simple, pero requiere de gran compromiso del Estado y comunicación con los agricultores y dueños de las fincas. Esto, definitivamente se mantiene bajo un enfoque de desarrollo que en nuestro país nos costaría mucho imitar ya que se prioriza otros intereses.
En el proceso cubano la mujer juega un rol importante en la producción de alimentos saludables al igual que los jóvenes, quienes son formados con estudios superiores para luego reinsertarse en las labores del campo con el fin de preservar la protección del suelo y la soberanía alimentaria. Otro método que me llamó la atención es el de “campesino a campesino” que consiste en el diagnóstico y ordenamiento de fincas y, sobre todo, en transmitir los conocimientos entre campesinos a través de la demostraciones prácticas para mejorar los suelos y cultivos de manera ecológica y sostenible. Por eso, en Cuba puedes comer saludablemente cualquiera cereal, verdura o fruta sin temer a indigestarte o adquirir alguna enfermedad estomacal a largo plazo.
Sin duda es un tema pendiente en la agenda política de nuestro país, ya que hablar de alimentos es hablar de nuestra salud y por lo tanto de nuestra vida.
*Fuente: La Junta
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En cierta forma, Cuba se fue transformando en un Monasterio Socilalista, un poco por sus condiciones bioclimáticas, su gente diversa, su cultura homogeneizada por su buen Abad, y compañeros, la gente culta que huyó de Argentina, Uruguay, Brasil, Venezuela, etc, para contribuir en el proceso de establecer el Bien Común como un lindo ejemplo para el mundo de Urbes Cosmopolitas y centros magistrales de Alienación y Consumo.
Nada mejor que una isla para hacerlo. Pero eso sí, hay que aceptar la pobreza, you know, carlingas en las calles, edificios descascarados, alambre y maderitas para arreglar todo…La comida de los pobres, siempre la mas sana de todas – por eso sus médicos sobran y tienen que exportarlos, pero que se encuentran con enfermos de otro tipo cuando salen, en fin.
Copiemos y peguemos esa islita en nuestros países y listo!