El peligroso racismo del intendente Jouannent y la legitimidad de las demandas autonomistas del pueblo mapuche
por Dr. Tito Tricot (Chile)
10 años atrás 6 min lectura
Hay historiadores que saben de historia y hay otros a quienes simplemente les pasa por el lado, de refilón les pasa. El intendente de la Araucanía, Andrés Jouannet es uno de ellos, pero peligroso, pues esa ignorancia ha devenido en una radicalización del terrorismo de Estado en territorio mapuche.
Sus palabras no están hilvanadas al azar ni tampoco, como algunos han sostenido, es que haya asomado por fin su verdadero rostro. No, ésta es la cara del Estado chileno racista, representa un continuum histórico de dominación que ha erigido una arquitectura ideológica, política, económica, cultural, social y militar que surgió, se desplegó y prosigue negando a los pueblos originarios. Por lo mismo, cuando Jouannet asevera que “territorio es una cosa, tierra es distinto, yo no reconozco ninguna reivindicación de territorio, eso por ningún motivo. El pueblo mapuche es parte del pueblo chileno. El 95 % de los chilenos tenemos sangre originaria y, por tanto, son parte nuestra, parte de nuestra patria…” está consignando un ideario decimonónico que, en lo sustancial, poco ha variado en dos siglos de ocupación.
Su palabra constituye un manifiesto ideológico, la síntesis de un racismo neocolonial puro y duro. Lo único acertado en la afirmación del intendente es que existe diferencia entre tierra y territorio, pero no comprende la relación cultural y política entre ambos, algo que para el pueblo mapuche y el movimiento mapuche está meridianamente claro hace mucho tiempo. La Tierra Mapuche es un componente físico que sirve de sustento cotidiano al pueblo mapuche en las comunidades mas, simultáneamente, es un elemento integral de su identidad y cultura, eje articulador del ser humano y la naturaleza. Es la Ñuke Mapu o Tierra Madre o Madre Naturaleza, origen de todo. El Territorio Mapuche es un constructo social en el cual se otorga culturalmente sentido a dicho espacio; es un universo de dominación caracterizado por relaciones de poder, habitado por la memoria, la identidad, la historia, y la vida mapuche en su conjunto. Entonces no puede haber tierra sin territorio ni territorio sin tierra porque son un todo que nos remite a lo que los mismos mapuche denominan su Mundo y su País.
El Mundo Mapuche constituye la conjugación de elementos cosmovisionales, culturales, identitarios y de memoria que remiten a un relato fundante, historia, y prácticas culturales comunes, así como también a las estructuras normativas de regulación de la vida social mapuche y de ésta con la naturaleza. El País Mapuche, el Wallmapu, es la expresión territorial del Mundo Mapuche, el correlato material que refiere al pasado en la forma de una estructura político administrativa culturalmente mapuche que abarcaba todo el Gulumapu (Hoy Chile) y el Puelmapu (Hoy Argentina) y que se regía por el sistema regulatorio del Mundo Mapuche. Actualmente, también se entiende como un espacio territorial histórico situado entre las regiones octava, novena, décima y decimocuarta de lo que se llama Chile. Por consiguiente, ambos deben necesariamente co-existir: el Mundo Mapuche necesita al País Mapuche, a un territorio concreto donde poder manifestarse. Por otro lado, el País Mapuche, el territorio, necesita del Mundo Mapuche para poder desplegar sus normas de vida en común.
No obstante el movimiento mapuche autonomista actual es diverso y heterogéneo, por ende no todos entienden el Mundo y País Mapuche del mismo modo. Por lo mismo, es más acertado caracterizarlo como un movimiento autonomista que busca (re) construir el Mundo y País Mapuche, es decir, ejercer el derecho a la libre determinación. O sea, cada segmento hará su lectura de la realidad y estará más o menos cercana a la reconstrucción del Mundo y País Mapuche y/o a la construcción de ciertos elementos del Mundo y País Mapuche en un contexto de un Estado plurinacional, por ejemplo. Lo fundamental, en ambos casos, es el derecho inalienable a la autodeterminación como pueblo-nación.
Aquí radica, también, la mirada neocolonial del intendente Jouannet, porque al señalar que “el pueblo mapuche es parte del pueblo chileno… y, por tanto, son parte nuestra, parte de nuestra patria…”, está fagocitando o canibalizando a un pueblo-nación completo. El historiador racista distorsiona la historia, coloniza el discurso y la hace política de violencia asimilacionista.
Negar al pueblo mapuche es una postura etnocéntrica y arrogante donde “lo chileno” pasa a ser el centro del universo que define la jerarquía de todo lo que le circunda. La diferencia no existiría, pues son todos chilenos. Menos aún se reconoce la nación mapuche que es un concepto y construcción política que, como pueblo, conlleva también la materialidad de un territorio. Lo que omite Jouannet es que la propia nación chilena es una especie de ficción, un proyecto político de las clases dominantes post-independencia; de la misma manera que la identidad chilena fue un artefacto cultural arbitrariamente impuesto desde el Estado, en otras palabras no hay nada natural en ninguno de los dos procesos mencionados.
Por otro lado, uno podría argumentar que el Mundo Mapuche está fundado en una matriz cultural milenaria y el País Mapuche es una expresión político cultural de esa matriz. Por esa sola razón el pueblo mapuche tiene el derecho a ser. Pero, además, porque el Estado chileno usurpó violentamente su territorio y lo entregó a colonos chilenos y extranjeros, generando un conflicto que perdura hasta nuestros días. El conflicto chileno-mapuche lo inició el Estado de Chile al invadir militarmente el Pais Mapuche y lo continúa manteniendo mediante la violencia. Para eso protege a las empresas forestales, gastando 1.800 millones de pesos en 2015, utilizando a carabineros como guardias privados de la industria que produce millonarias utilidades, mientras la mayoría de las comunidades subsisten en la pobreza. Esto también es violencia y racismo.
Lo que no entiende la autoridad regional, o lo comprende muy bien y le da lo mismo, es que el endurecimiento de las posiciones políticas confrontacionales de parte del Estado a quien él representa, sólo engendran más violencia. Ni más dotación de fuerzas especiales, ni más drones, helicópteros, tanquetas o armas resolverán el problema. La solución no es policial, sino que política. La solución no es asimilación ni integración, sino que autonomía.
-El autor, Dr Tito Tricot, es sociólogo y Director del Centro de Estudios de América Latina y El Caribe-CEALC
NdR piensaChile. Hemos buscado en internet información acerca del Señor Andrés Jouannet y aquí transcribimos lo que encontramos en Wikipedia:
Nacido el 29 de julio de 1967 en Temuco. Tiene quince hermanos, entre ellos David, director de la Conaf de la Araucanía desde 2015.
Se recibió como Profesor de Estado en Historia y Geografía en la Universidad de la Frontera de Temuco. Gracias a una beca otorgada por la Fundación Konrad Adenauer, obtuvo un Doctorado en Filosofía con mención en Ciencia Política de la Universidad de Heidelberg en Alemania, y en esta misma Universidad recibió los grados de Magíster en Historia y Magíster en Ciencia Política. También obtuvo un Magíster en Ciencia Política de la Universidad de Chile.
Ha sido investigador del Max-Planck-Institut für Ausländisches Öffentliches Recht und Völkerrecht, donde fundó y dirigió el Coloquio de Estudios Iberoamericano, investigador invitado del Ibero-Amerikanisches-Institut Preußischer Kulturbesitz de Berlín.
Ha sido profesor del Magíster en Gobierno y Sociedad de la Universidad Jesuita Alberto Hurtado y Profesor de la Universidad de Ciencias de la Comunicación.
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