¿Qué hacemos con el “modelito” político?. La emergencia constituyente
por Alex Ibarra (Chile)
11 años atrás 6 min lectura
En esta columna no pretendemos dar la solución desde el lugar del sabio, sabemos que esta imagen en el contexto chileno representa a alguien que suele estar bastante desvinculado de la realidad y que al igual que el pobre Tales de Mileto se queda expuesto al escarnio público. Cuestión a la que el “sabio” le teme, otorguemos a éste sólo la virtud del pudor en el espacio público, otra característica bastante propia y local. En el sabio por lo menos, vemos más prudencia que en el político. Lo que hemos visto durante este largo año de exposición mediática, en espera de la justicia que castigará a las distintas “alternativas” políticas que han podido alcanzar “representación” en la cámara y en el parlamento, dada la mantención del regímen binominal de elecciones. El compromiso con la escritura tiene sentido en cuanto hay una comunidad de pensamiento crítico que lee, comenta y propone, desde esta perspectiva la escritura militante se expone al debate de ideas con el fin de contribuir a la vida política que comienza a ser recuperada después de la barbarie de la represión brutal y a pesar de la herencia de las estrategias de control que perviven activas a favor del poder y en contra de nosotros.
La imagen del estratega político en cuanto a su capacidad técnica y de visionario en torno a la planificación de nuestra vida democrática no tiene sustento al interior de las figuras políticas a las cuales estábamos resignados y que como veíamos en La granja de los animales de Orwell, en donde los cerdos con un discurso del temor auto defendían su corrupción bajo el supuesto ilusorio de que su gobierno realizaba mejores prácticas que las del tirano granjero derrocado. Téngase como ejemplo el desprestigio no sólo de la presidenta a partir del caso Caval (en el cual aparece vinculada parte de su familia) y la mantención del administrador del Palacio Presidencial en su puesto (un funcionario de su máxima confianza). Podemos seguir enumerando casos de corrupción, a la vista de la ciudadanía, como la relación del icono de la dirigencia política de la derecha dura aún militante de la UDI, Pablo Longueira, con parte del empresariado no inmaculado. Sólo por ser majaderos podemos sumar a casi todo el partido de centro derecha que es el PRI desde el ya fallecido Adolfo Zaldívar hacia abajo. La clase política desde distintas coaliciones ideológicas, instaladas en el poder, se han hecho parte del enriquecimiento ilícito.
El error más grave es que estos hechos de mala práctica, fundamentados en esa distorsionada idea de que lo único válido es enriquecerse sin importar cómo (¡el que no mama es un gil!), -promovida por el ideal del emprendedor e impuesta por la ideología neoliberal- nos lleven a una desvinculación de nuestra responsabilidad en la política. Hoy es cuando resulta pertinente ser ciudadanos, como decía una figura de nuestra historia republicana “Aún tenemos patria ciudadanos”. Habría que agregar que aún no se vende entera, por ilusos que parezcamos. Seguramente el sentido de estas palabras de Manuel Rodríguez, inspirador de uno de nuestros movimientos revolucionarios que no le temieron a la dictadura, tienen el sentido de una arenga, es decir son un llamado a la resistencia. El pueblo está acostumbrado a aguantar no está acostumbrado a otra cosa, pero esa actitud es más valiosa cuando es signo de la resistencia opositora a aquello que no le beneficia. Nuestra crisis es una posibilidad histórica para elevar nuevas prácticas en lo político, es necesario imponer nuevos bríos constituyentes de formas más dignas de vivir. Necesitamos instalar modelos de democracia alternativos a partir de las visiones críticas emergentes, apoyados en esas organizaciones ciudadanas que persisten en sus militancias, e incluyendo y aquellas visiones de país provenientes de la juventud.
Poco más podemos decir ante la traición de la clase política al pueblo, no sólo a aquella parte del pueblo que los vota, ya que para algunos de éstos es mejor hacer la vista gorda, de hecho seguramente hay varios dispuestos a colocar a disposición sus boletas. Es una tentación la obtención de dinero, sobre todo si se puede conseguir de manera fácil. También es una traición a aquellos que no los eligieron por que el ejercicio de la política debe ser hecho siempre pensando en el bienestar de los más y no de los pocos como se acostumbra, una simple inversión en el beneficio hacia los más elevaría la calidad política hacia democracias no sólo de palabrería vacía y engañosa.
¿Qué hacer con el “modelito” político? Nuestra dignidad está en no aceptarlo, rechazarlo, ese es el nuevo consenso imperativo que necesitamos madurar. Bolivia viene dando lecciones de una forma efectiva de cómo llevar a cabo una revolución, en un país actualmente más moderado políticamente como el nuestro la idea de revolución no goza de valoración, pero eso no debe ser un argumento para el quietismo. Por otra parte, no hay que olvidar que la revolución siempre es una vía legítima y efectiva para la transformación. Digo que actualmente somos un país moderado en lo político, ya que en otros momentos históricos hemos sido vanguardia política, ejemplar es la creatividad popular de los sesenta brutalmente opacada y vencida, pero que sigue siendo un referente en cuanto a modelo de corrección de la injusticia. Sin embargo, el tema de la Asamblea Constituyente está en la palestra, a pesar de que este gobierno y sus participantes, borrando promesas de campaña -total el descrédito no les interesa son “caras duras” es la cara del “modelito” político vigente- ya postergaron este hecho refundacional para otro gobierno. Aún no aprendemos de la famosa letra chica que avala engaños y estafas, ya sabemos a favor de quiénes.
Hay que organizarse para tener una alternativa no sólo bien fundada sino que conocida y aceptada por la ciudadanía, así podemos hacer resistencia a esta estrategia política que convierte el tema de la Asamblea Constituyente en un nuevo eslogan publicitario, que el gobierno ya inició para frenar la participación política de los movimientos sociales. Nuevamente se nos quiere confundir y pretenden que dejemos la “reforma constitucional” en manos de ellos. ¿Podemos dejar nuestra refundación política en sus manos? Lamentablemente estamos acostumbrado a eso, ya que el pueblo aguanta y es lo que siempre hace. Nuestro proyecto político tiene que ver con un llamado a que el pueblo resista, milite y se comprometa en la generación de su entorno más democrático y humano, distinto al que la clase política ofrece en su retórica y distinto también al “modelito” que defiende con interés lucrativo. En Argentina, la oposición a Macri –el nuevo paladín de la derecha latinoamericana- se ha unificado bajo el eslogan “resistiendo con aguante”, aunque tal vez no sea más que un gesto publicitario y con poca maduración política, dada la debilidad de las organizaciones de izquierda a partir de las reformas sociales del kichnerismo que favorecían al pueblo argentino. En nuestro contexto vemos pertinente la inversión del eslogan, de la actual oposición argentina, por “aguantar con resistencia”, esto dado ya que en que nuestra posdictadura el pueblo ha seguido aguantando, todavía no ha llegado su turno. Seguimos aguantando, aunque ahora menos, pero se hace necesaria la resistencia organizada de un pueblo que no está representado y que es traicionado por la clase política.
Alex Ibarra Peña. Colectivo de Pensamiento Crítico palabra encapuchada. Docente Universidad Católica Silva Henríquez.
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