Fin al Binominal: El día que Chile “rompió el candado” de institucionalidad pinochetista
por Claudio Vila Bustillos (Iquique, Chile)
11 años atrás 4 min lectura
17 enero 2015
Tras una maratónica jornada de más de 21 horas, el Congreso bajó el telón a 25 años de vigencia del sistema electoral binominal, un sistema inventado por Jaime Guzmán e impuesto por la dictadura, con el fin de perpetuar el legado pinochetista. Este 14 de enero pasará a la historia como un día en el que triunfó la democracia.
Más allá de las diferencias que legítimamente puedan tenerse sobre aspectos puntuales de lo aprobado en el Senado, no cabe duda que avanzar hacia un sistema proporcional, que efectivamente exprese la voluntad soberana de nuestro pueblo, es una gran victoria para Chile. ¿Por qué?, porque cada norma que rige los principales elementos de la vida en sociedad y que nos afectan a todos, se resuelven en el Congreso, como cuántos impuestos pagamos, que tipo de salud o educación recibiremos, o en qué medida se considerarán a las regiones a la hora de diseñar una política pública.
Los engranajes de un sistema espurio:
¿Qué es el sistema electoral binominal?, en una explicación gruesa, se trataba de un modelo en el que se imponía distritos electorales en el que se elegían 2 parlamentarios, las primeras mayorías individuales de las dos listas más votadas. Para que la lista mayoritaria obtuviese los dos cupos, esta debía doblar en votación a la segunda lista más votada, un hecho ciertamente poco frecuente. Esto por un lado obligaba a la formación de dos grandes bloques electorales, porque fuera de ellos era casi imposible elegir; así como imponía empates artificiales.
En otras palabras, la tendencia era que saliera un parlamentario de la Concertación y otro de la Derecha, a pesar que uno representase la mitad de la votación total y el otro sólo un tercio. No pocos casos dieron cuenta de parlamentarios electos con menor votación que otros que quedaron fuera.
Como ejemplo elocuente es la propia elección de Jaime Guzmán en las parlamentarias de 1989. En la oportunidad, Andrés Zaldívar obtuvo 408 mil votos, mientras que su compañero de lista, Ricardo Lagos Escobar, alcanzó casi los 400 mil votos. El ideólogo de la Derecha en tanto, alcanzó sólo 224 mil votos, poco más de la mitad de lo obtenido por Lagos.
Estos “empates forzados” se unían a otro amarre de la dictadura: las leyes que exigían quórums especiales para ser reformados, en otras palabras, requerían “supermayorías” que eran casi imposibles de obtener en un Congreso artificialmente empatado entre dos bloques. Tal es el caso, por ejemplo, de las Leyes de Quórum Calificado, que requieren de mayoría absoluta (50%+1 de los votos) de los legisladores para ser reformadas, en materias como la aplicación de derechos sociales o la posibilidad de que el Estado realice actividades empresariales.
Más complejas aún son las leyes Orgánicas Constitucionales, que requieren de una mayoría de 4/7 de los legisladores para ser reformadas (57%). Entre estas últimas están las que regula la educación o “enseñanza”, Partidos Políticos, Banco Central, Fuerzas Armadas, y Sistema Electoral, entre otras importantes materias.
La oportunidad de la democracia:
En síntesis, todo un entramado diseñado para que la Derecha política, minoritaria social y electoralmente hablando, tuviera capacidad de veto en cualquier iniciativa que implicara alterar la herencia del pinochetismo. Un encadenamiento que tenía precisamente en el sistema binominal, su candado.
Y la Derecha ha sido coherente con dicho mandato, durante un cuarto de siglo han bloqueado las transformaciones que las grandes mayorías han demandado. Construir un parlamento que exprese efectivamente la voluntad de los chilenos, sin duda en condición sine qua non, para avanzar hacia un país desarrollado.
¿Cómo fue posible esta gesta? Gracias a una amplia y porfiada lucha, desplegada por miles y miles de chilenas y chilenos, que desde los más diversos ámbitos, han combatido la herencia de la dictadura, impuesta en una negociación donde sólo unos ostentaban el poder de las armas. Las grandes movilizaciones sociales del último lustro, en el que el movimiento estudiantil tuvo un rol capital, permitieron la derrota cultural del pinochetismo, lo que permitió marcar una agenda de mayorías que hoy está cosechando sus primeros triunfos políticos.
Pero se trata de una lucha que viene de mucho antes, interpelando al poder desde una dura pero consecuente marginalidad. Aquí destacar, tal como lo hizo el ministro Peñailillo, la lucha encarnada por una inclaudicable Gladys Marín, quizás uno de los rostros más visibles de la protesta social en el Chile contemporáneo.
Fin al Binominal, Reforma Educacional, Reformas Laborales, y Reforma Tributaria, son expresión de este indispensable proceso de transformación política. Muchos podrán afirmar que hay mucho por avanzar, pero, me gusta pensar que recién estamos abriendo éstas alamedas y que hasta las torres más altas empiezan desde el suelo.
Hoy se abre un nuevo futuro para estas tierras azotadas por la historia. Y la profundidad del proceso de cambios en curso, sin duda dependerá de la fuerza y la claridad de un movimiento social activo y movilizado, no contra el Gobierno, sino con el Gobierno, frente a aquellos que defienden sus privilegios de siempre. Parafraseando a nuestro Presidente Mártir, este triunfo demuestra que : “La historia es nuestra… y la hacen los pueblos”.
–El autor, Claudio Vila Bustillos, es Gobernador Provincia del Tamarugal
*Fuente: Edición Cero
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votos, mas bien será una escepción), es decir que la proporcionalidad
será respecto a los partidos politicos de la Concerta-Alianza y la lista
de candidatos que ellos propongan, ya que los independientes
definitivamente quedarán fuera, con lo cual la Concerta nueva y la
Alianza, con la tipica insensatez de los corruptos que se quieren
apernar en el poder, en vez de darle salida a la presión social le tapan
todas las salidas para que, cual olla a presión, esta estalle de mala
manera. Es decir se dá fin al fraude binominal para dar paso a la estafa
duopolica proporcional