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Los viejos partidos políticos chilenos y ley de Michels 

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Si bien Michels formuló la ley de la necesaria burocratización de toda organización: “donde hay organización, hay oligarquía o burocracia, basándose en el desarrollo de los partidos de masas socialdemócratas, a comienzos del siglo XX, su ley de hierro ha adquirido con el tiempo, y en base al estudio teórico y empírico de la historia de los partidos, un carácter tan irrefutable como, por ejemplo, la ley de la gravedad. Todos los partidos, necesariamente, producen burocracia y directivas oligárquicas que terminan por reemplazar a los militantes y superponerse sobre la sociedad civil. El objeto del partido clásico es convertirse en una iglesia, una masonería, un grupo preclaro de iluminados y, en algunos casos, como en los partidos comunistas, en conspiradores de tiempo completo.

Michels estudió más bien la organización que la ideología: poco importaban los ideales socialdemócratas ante la misión del partido, cuyos objetivos orgánicos son:

1-      Copar las instancias funcionales, comunales y regionales, es decir, el predominio de militantes en los sindicatos, oficinas, lugares de trabajo y comunas y regiones.

2-      Aspirar al poder y copar los puestos del Estado.

3-      En un primer momento, se da una relación entre sociedad civil y partido y, posteriormente, la estructura burocrática de la dirección se aleja completamente de la sociedad civil.

4-      Aquello de que el comité central reemplaza al partido y la directiva al comité central, y por último, el dictador a ambos, propio de los partidos estalinistas, adquiere otra forma en los partidos llamados democráticos.

5-      En la historia hay algunos partidos que responden a otros elementos básicos como el carisma del líder – fascismo, nazismo, peronismo… en cierto grado el aprismo, el agrario-laborismo-.

6-      También podemos considerar partidos, que nacidos de una revolución, terminan siendo estructuras burocráticas que se apropian del Estado produciendo una perfecta simbiosis entre estos y el poder – el caso clásico es el PRI mexicano-.

No podemos conformarnos con una visión tan general sino que debiéramos recurrir, para mirar las cosas más claramente, al estudio empírico del desarrollo de los partidos y de los sistemas de partidos.

Personalmente, conozco y he estudiado el caso de Fundaciones de algunos partidos que pretendieron, al comienzo, ser movimientos de estructura organizacional bastante abierta y democrática, y que terminaron siendo partidos burocráticos, bastante lejanos de sus ideales fundacionales. Al fin y al cabo, lo programático termino siendo absorbido por la lógica del poder.

El primer caso es la Falange Nacional, cuyos 24 puntos programáticos eran mucho más importantes que su movilidad en el cuadro político de la época; el profetismo superaba al pragmatismo y la adhesión y el compromiso se fundaba más en aspectos de vanguardia y de contenido, que la pura pragmática política organizacional. El segundo caso el Mapu, que al comienzo funcionó con una lógica de fuerte rechazo al reformismo freista, incluso a lo que los fundadores llamaban la izquierda tradicional; la gente olvida que el Mapu, en sus inicios, fue casi MIR, pero a poco andar se corrompió por una lógica de poder, que viene a confirmar la ley de Michels. El tercer caso es de la Izquierda Cristiana, que también quiso ser movimiento, y cuyos líderes trataron de evitar ser cómplices de las desviaciones burocráticas de socialistas y comunistas, pero también han terminado siendo absorbidos por el Partido Socialista, que también se desvió de su historia.

Si analizamos el problema desde el punto de vista de la burocratización de los sistemas de partidos podremos basarnos en diferentes cortes históricos:

1-          Desde el Frente Popular hasta Ibáñez (1952), con un universo electoral muy estrecho, con un sistema político poco representativo, los radicales se mantuvieron en el poder en base a sucesivas marginaciones –de los campesinos, de las mujeres y de los comunistas -.

2-          A partir de 1964, debido al crecimiento del universo electoral, hay una identificación entre partidos y sociedad civil, razón por la cual nunca hubo partido de jubilados, mujeres, mapuches, jóvenes, y otros.

3-          Los partidos de identidad caudillesca o bonapartista tuvieron muy poco éxito: Alianza Popular Libertadora (1938), o Agrario-laborista (1952).

En la transición a la democracia (1988 hasta hoy), el sistema político actúa en forma radicalmente diversa al período republicano:

–          los partidos son entes que no tiene nada que ver con la sociedad civil

–          la pragmática reemplaza a la programática

–          los partidos sólo sirven para proveer funcionarios y parlamentarios – que se reparten los cargos como si fuera su propiedad personal y cuantas veces quieran-

–          un aparataje institucional ilegítimo y en plena crisis de representación tiene, suicidamente, a radicalizar su derrumbe

–          la democracia es una burla cuando 6 millones de electores rechazan las propuestas del sistema político institucional

El tema de la crisis de representación no es sólo chileno sino que abarca los principales países de Europa y de América Latina.

La sola intervención del poder judicial prácticamente destruyó, orgánica e ideológicamente, a tres partidos históricos de la Italia de posguerra: democratacristiano, comunista y socialista, que formaron el Partido Olivo, que devino en Partido Democrático.

En Francia, después de Leonel Jospin, los socialistas no levantan cabeza – menos los comunistas que ahora representan nada; incluso, los gaullistas están siendo destruidos por la audacia de Sarkozi.

En América Latina, mejor ni hablar: en Colombia, liberales y conservadores están en extinción, siendo absorbidos por el populismo de Álvaro Uribe; en Ecuador sólo existe Rafael Correa y, en Bolivia Evo Morales representa mas bien un carisma integrador y étnico, haciendo desaparecer los partidos tradicionales; en Venezuela, Socialdemócrata y Democratacristiano son verdaderos cadáveres vivientes; en México, la transición del PAN, con apenas dos sexenios, ha fracasado completamente – ha vuelvo el PRI-.

Leí con atención los estatutos de los distintos partidos políticos chilenos y, la verdad, todos ellos responden a la misma lógica organizacional que, mecánicamente, lleva a la aplicación de la ley de Michels. Crear un partido con base en esa estructura sería repetir el absurdo sistema de partidos políticos chilenos, que más temprano que tarde explotará en una crisis de representación a la cual, con regocijo, colaboró a apresurarla.

De Renovación Nacional a la Democracia Cristiana, el esquema estatutario está, prácticamente, copiado entre sí: primero, los militantes que, en el caso de los democratacristianos agregan los catecúmenos, después las estructuras partidarias –congresos, juntas nacionales, consejos, directivas – en base a lo funcional –lugar de trabajo- y lo comunal, regional –lugar de habitación. En la estructura piramidal siempre la directiva termina representando al partido y detentando el poder, que tiene muy pocos organismos de control y mucho menos de participación.

Entiendo que la absurda y dictatorial ley de partidos políticos exija una estructura como la actual; ello es evidente porque Jaime Guzmán Errázuriz despreció siempre la soberanía popular, y los partidos de la Concertación nada han hecho para terminar con esta ley de hierro que, al fin y al cabo, les acomoda. Veinte años de “síndrome de Estocolmo” es demasiado

Conclusión:

Para pensar un nuevo partido político tiene que nacer de la crítica más radical y despiadada de los sistemas clásicos de partidos; su estructura necesariamente debe ser la contraria a los estatutos exigidos por el Servicio Electoral. Nada más ridículo que haya una directiva y un tribunal supremo, una especie de separación de poderes que no es tal; a la larga, el tribunal supremo actúa como el poder judicial en Chile, perro faldero del Ejecutivo.

Para no caer en negativismo puro, creo que se podría pensar en algunas pistas de partido de nuevo tipo, es decir, una organización donde se privilegie la democracia directa al interior de ella, que permita la revocación de mandatos y el permanente cuestionamiento de las autoridades, cuya duración en el cargo-función no logre exceder un año, tal cual lo planteaban los romanos, y por acá nuestro Manuel Rodríguez.

Creo que una de las buenas experiencias de la política europea de la posguerra han sido las Fundaciones y, sobretodo, los grupos de reflexión. Se me viene a la mente algunos recuerdos, como la Revista Esprit, de Emmanuel Mounier y Tiempos Modernos, de Jean Paul Sartre. Un partido manifiesto que sea apoyado por el debate libre de intelectuales que visualicen el proyecto país, combinado con el trabajo de base del partido nuevo, en una continua investigación participativa de la realidad nacional, puede constituirse en un elemento muy creativo y de grandes alcances populares, en la repugnante Beocia de los fenicios del sur de América.
26.05.2014

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2 Comentarios

  1. JuanUno

    Un par de luces amarillentas iluminan partes de los argumentos, gordos y desordenados, pero no alumbran lo suficiente. Esta cronica no sera incluida en la antologia.

  2. Mauricio

    Creo que el Sr. Gumucio parte de esta pregunta, sin hacérsela : ¿cuál es la estructura de los partidos políticos actual?
    Y sostengo que el contexto del artículo es que la ley de gravedad de esta estructura de los partidos políticos actual es la referida ley de Michel.
    Cuando dice: «Todos los partidos, necesariamente, producen burocracia y directivas oligárquicas que terminan por reemplazar a los militantes y superponerse sobre la sociedad civil» configura un enunciado del tipo para todos que, en lenguaje matemático, es el universal para todos, es decir, si existe al menos uno de ellos que no produzca estos efectos, entonces no sería partido. Podría recordarse al respecto la imposibilidad lógica de Russell referente a la formación de un conjunto que se incluya a sí mismo. Esto es, el conjunto de todos los partidos no necesariamente produce burocracia y directivas oligárquicas…de hecho a este conjunto el Sr. Gumucio, hacia el final del artículo, le entrega la posibilidad de «Para no caer en negativismo puro, creo que se podría pensar en algunas pistas de partido de nuevo tipo, es decir, una organización donde se privilegie la democracia directa al interior de ella» con lo cual malinterpreta, reduciéndolo, el negativismo puro – al fin y al cabo usado como paralipsis. El título no es un eufemismo sino una característica del ojo del observador analítico de Sr. Gumucio. Por otro lado, su argumentación se funda en una metáfora, a saber: la ley de hierro. Cuando señala «Si analizamos el problema desde el punto de vista de la burocratización de los sistemas de partidos podremos basarnos en diferentes cortes históricos» podría referirse explícitamente al problema, formularlo bajo una pregunta, como suelen indicar los manuales con preguntas ¿cómo? ¿cuándo? ¿por qué? ¿qué? ¿cuáles? No hace uso de la interrogación como recurso intensificativo de una aseveración o un sentimiento ni de la exclamación. Se entiende en un artículo como este las generalizaciones, sin embargo, las del tipo y cito «La sola intervención del poder judicial prácticamente destruyó, orgánica e ideológicamente, a tres partidos históricos de la Italia de posguerra: democratacristiano, comunista y socialista, que formaron el Partido Olivo, que devino en Partido Democrático» hace que el texto se muestre deficiente en pruebas y hechos. Por ello sus ideas se ven inmersas en una antítesis del tipo «cadáveres vivientes» que señala para el caso Socialdemócrata y Democratacristiano en Venezuela donde toda la política pareciera -según su análisis- compartir esta antítesis. El circunloquio de la conclusión -de tres párrafos-: «en la repugnante Beocia de los fenicios del sur de América.» es rara apelando descontextualizadamente a romanos y fenicios. El paralelismo de los siguientes párrafos «En Francia, después de Leonel Jospin, los socialistas no levantan cabeza – menos los comunistas que ahora representan nada; incluso, los gaullistas están siendo destruidos por la audacia de Sarkozi. En América Latina, mejor ni hablar: en Colombia, liberales y conservadores están en extinción, siendo absorbidos por el populismo de Álvaro Uribe; en Ecuador sólo existe Rafael Correa y, en Bolivia Evo Morales representa mas bien un carisma integrador y étnico, haciendo desaparecer los partidos tradicionales; en Venezuela, Socialdemócrata y Democratacristiano son verdaderos cadáveres vivientes; en México, la transición del PAN, con apenas dos sexenios, ha fracasado completamente – ha vuelvo el PRI» como bien sabe el lector en la estructura gramatical EN un Sinécdoque que busca tímidamente explicar el todo por la parte. Insuficiente de todo punto de vista.
    La siguiente alegoría: «el tribunal supremo actúa como el poder judicial en Chile, perro faldero del Ejecutivo» tiene la fuerza de la imagen, sin embargo, poner tanto énfasis en esta-la imagen y su fuerza más propia de la literatura- va en desmedro de lo que pudiese haber definido mejor, más eficientemente y en el espacio virtual que se le entrega en «PiensaChile» para definir y profundizar temas lanzados por el mismo y que deja sin análisis -si las tuviese, sobre-: ¿qué entiende por «grandes alcances populares»? e, ¿ideas sobre el carisma del líder?
    Me abstengo a entrar en detalles, sin más, saludos

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