Uso el título de una de las películas de Cantinflas, Su Excelencia, que pretende ser una sátira de estas Asambleas anuales de Naciones Unidas, en que se pretenden lucirse los distintos Presidentes y Jefes de Estado. Es cierto que la ironía del actor mexicano – un tanto siútica y moralista – no llega al nivel de El gran dictador, de Charles Chaplin, en la ácida burla del sinsentido de los poderosos.
En la película Su Excelencia, Cantinflas es el representante de la “República de los Cocos”, que llega al cargo de embajador gracias a los buenos oficios de su padrino. En esa Asamblea participan los representantes de los países de la guerra fría – Dolaronia, Salchichonia, Zambonia, entre otros -. En fin de la película, donde todos los representantes de varios países intervienen defendiendo sendas posiciones, tratando de minusvalorar a los demás, interviene el embajador de esa minúscula república de Los Cocos, citando a Jesucristo e invocando a Dios por la paz universal y la concordia entre los pueblos y los hombres.
En todas las Asambleas de esta índole, desde la Liga de las Naciones hasta nuestros días, los Presidentes de Bolivia claman por la salida al mar y, siempre, los egoístas representantes de Chile hacen oídos sordos – y ceguera – ante tan justa reivindicación. ¿Por qué será que Chile ha sido uno de los países más pesados de América Latina?
En la Asamblea de la ONU, convocada para esta semana, nuestro Presidente, el rey de los lugares comunes que emplea adjetivos a raudales, lanzó las frases más desprovistas de lógicas de todas las que se han escuchado en esta reunión de naciones, entre ellas “después de La Haya, la vida no se acaba”. En esta seguidilla de frases huecas lo siguió el Presidente peruano, Ollanta Humala que, cada día, decepciona más a sus conciudadanos. Me huele que el fallo que el fallo no va a ser del todo favorable a Chile. Seguramente, “los señores de babero fallarán, salomónicamente, como en el caso del diferendo entre Colombia y Nicaragua – los colombianos, para llegar al archipiélago de San Andrés, tiene que sortear un Océano lleno de tiburones y otras alimañas -.
El mejor discurso de la Asamblea fue pronunciado por José Mujica, Presidente de Uruguay, el más pobre de los primeros mandatarios del mundo – está para servir a su pueblo y no para aprovecharse, como la mayoría de sus colegas- y el más querido y valorado del mundo. El ex Tupamaro se luce por sus geniales metáforas y sencillez de vida – vive en una chacra de su propiedad y una “cucaracha” de los años 60 – además del sentido progresista de su gobierno – entre otras medidas, despenalizó el uso de la marihuana, donó computadores para todos los niños del país y logró la aprobación del matrimonio igualitario -.
En su último discurso en la ONU, Mujica comenzó con una alusión a su país en la cual señaló que cuenta con tres millones de habitantes y trece millones de vacas – podría alimentar con leche y carne a medio mundo -. Según él, “nuestro mundo necesita menos foros mundiales. El capitalismo productivo está encerrado en las bóvedas de los grandes bancos”. “El hombrecillo promedio de nuestras ciudades deambula entre las financieras y la rutina de las oficinas”. Posteriormente, sostiene que el movimiento sindical ha logrado, producto de la lucha, reducir a seis horas de trabajo diario, sin embargo, el hombre endeudado por la sociedad de consumo a la cual está sometido, debe trabar doble jornada para satisfacer las necesidades creadas por una sociedad dominada por el mercado.
En otro de sus acápites señala: “nos estamos quedando sin ojos y sin inteligencia colectiva. No podemos manejar la globalización porque nuestro pensamiento no es global. Los hombres de ciencia deben ser los consejeros de la humanidad – y no “los comerciantes”, como diría Platón, en La república –.
Es una alerta para sentarnos a pensar que debemos dominar al mercado y no a la inversa y comenzar a generar proyectos de país – al menos en nuestro caso – que visualicen la patria grande, América Latina, y no el miserable y mal entendido nacionalismo que profesa entre otros, Iván Moreira y Jorge Tarud.
26/09/2013
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