El espejismo de la reconciliación política
por Rafael Luis Gumucio Rivas (Chile)
13 años atrás 4 min lectura
Tomo el título del excelente libro de Brian Loveman y Elizabeth Lira, El espejismo de la reconciliación política, Chile 1990-2012. Ojalá este período de recuerdo de los 40 años del golpe de Estado, al menos, haya servido para disipar la densa niebla de hipocresía que caracteriza el período de la “monarquía” de los empates. Reconciliación es un concepto cristiano que ha sido manoseado por los personajes del duopolio, a fin de provocar una de artificiales pedidos de perdón, de los cuales, el más ridículo de todos es el del señor Camilo Escalona, un típico personaje de las malas prácticas políticas – afortunadamente, el ex Presidente Ricardo Lagos que, aunque no es santo de mi devoción, en este tema estoy plenamente de acuerdo con él -. En esta procesión de personas “arrepentidas” le sigue, la sin sentido de Hernán Larraín que, a los pocos días de su pomposa declaración, el rector de la Universidad Católica, institución de la cual fue secretario general, entrega una serie de títulos póstumos a estudiantes asesinados por los esbirros de la dictadura.
En “Hipocritilandia” no ha habido reconciliación – si tomamos el sentido cristiano de la palabra – que supone, en primer lugar, establecer la verdad, de la cual, apenas, hemos recorrido un mínimo camino; en segundo lugar, arrepentimiento sincero – la mayoría de los militares y de la derecha fascista no han mostrado la menor voluntad de hacerlo, salvo algunos hipócritas golpes de pecho -; en tercer lugar reparación que, al estilo de los neoliberales del duopolio, ha sido miserable y puramente monetaria – para estos enanos que dictan cátedra de moralidad y de ética, es “la justicia en la medida de lo posible”, es decir, la sempiterna injusticia de los ricos y poderosos pisoteando a los pobres; en cuarto lugar, el castigo para los culpables – en leguaje cristiano, la penitencia – que hasta ahora, se ha aplicado a contados personajes genocidas. La reconciliación es un concepto tan manoseado que ha perdido su valor liberador y verdadero sentido.
Si la reconciliación la reemplazáramos por término laico de reencuentro entre los chilenos, con una mínima base moral de sustento, tendríamos que reconocer que es tan falaz como el primero: 1) el partido principal de la derecha y más grande en número de parlamentarios, la UDI, sigue avalando los crímenes de la dictadura – en Alemania actual, un partido político de este corte estaría ipso facto fuera de la legalidad; en Francia, los seguidores de Le Pen no se atreven a defender la ocupación alemana, y jamás se les ocurriría decir que Petain fue injustamente condenado -; 2) mientras en Chile exista el pacto de silencio, que impida conocer el paradero de los detenidos desaparecidos, es ridículo hablar de reencuentro entre los chilenos; 3) mientras en Chile haya “hoteles de lujo” para acoger a los genocidas condenados, y además, subvencionados con dinero de todos los chilenos, es impropio hablar del reencuentro entre los chilenos.
Es mentira que la Concertación fue “raptada” por los fascistas y que, además, sufrió el “síndrome de Estocolmo”, pues la verdad es que terminó pensando igual que sus captores – al menos en lo relacionado con el poder y con el neoliberalismo -, en consecuencia, los avances en materia de derechos humanos han sido mínimos y bastante mezquinos – no podemos olvidar que gracias a un Presidente y su ministro de Relaciones Exteriores, Pinochet murió en su cama, y no en la cárcel, como le correspondía; tampoco podemos olvidar que ante las amenazas del propio Augusto Pinochet y con la anuencia del Presidente Frei Ruiz-Tagle, se solicito al Consejo de Defensa del Estado que retirara la querella, aplicando un subterfugio legal, denominado “razón de Estado”.
Quizás, la parte positiva del recordatorio de los 40 años del golpe militar haya sido una especie de catarsis de memoria histórica que, al menos, ha permitido a la ciudadanía identificar, con mayor nitidez, la sevicia con que actuaron algunos miembros del ejército de ocupación, definición correspondiente a instituciones que el Estado les entregó el monopolio de la fuerza para defender el país entre incursiones extranjeras y no para aniquilar física y psicológicamente a sus conciudadanos por el solo hecho de pensar distinto.
El reencuentre entre los chilenos sólo será posible cuando los ciudadanos puedan redactar su propia Constitución, así sea la primera en nuestra historia, donde se consagre en su capítulo primero la promoción y respeto a los derechos humanos, no sólo los de primera generación, sino también los derechos económico-sociales: educación y salud gratuita y de calidad y viviendas dignas para todos los ciudadanos.
12/09/2013
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