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Los nuevos indignados: Turquía y Brasil 

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En los años 20 la rebelión juvenil de Mustafa Kemal Atatürk, gran líder turco, inspiró  a los movimientos rebeldes liberales en nuestro país: los sectores más avanzados,  como Manuel Rivas Vicuña y Arturo Alessandri se les denominaba “los jóvenes turcos”, Uno de los más grandes admiradores de las hazañas juveniles de Atatürk fue el poeta Vicente Huidobro, quien escribió una oda, Balance patriótico, en el cual enviaba a todos los viejos políticos a la tumba realzando los valores de la juventud que caracterizaron a los héroes de la independencia., entre quienes se cuentan José Miguel Carrera, Bernardo O’ Higgins, Manuel Rodríguez, entre otros, todos menores de 30 años, cuando brillaron en la historia de la Independencia. En la prosa de Huidobro siempre hay una exaltación de la juventud y un deseo de enviar a la tumba a los viejos – la prosa de este poeta está inspirada en la rebelión de los jóvenes turcos.

A menos de un siglo del manifiesto de Huidobro, una nueva rebelión explota en Turquía, centrando sus acciones en Estambul y Ankara, ubicándose, principalmente, en la Plaza Taksim, donde durante los últimos días se han concentrado los ciudadanos para manifestar su ira y rechazo a las políticas gubernamentales del gobierno de Racep Tayyip. Simultáneamente con las manifestaciones del pueblo turco, el gobierno reprime a pocos días de comenzar el campeonato mundial de futbol sub 20. Turquía, a pesar de aún no pertenecer a la Comunidad Europea, está muy lejos de la situación crítica en el plano económico, que padecen países de Europa como Grecia, España y Portugal, sin embargo, como en los años 20, nuevamente aparece una rebelión social de poderosa fuerza ciudadana, que aspira a cambios sociales y políticos fundamentales – es difícil no tentarse en la comparación de estas revueltas con la de los “jóvenes turcos” chilenos de los años 20 -.

En Brasil, a escaso tiempo del próximo mundial de futbol, ha explotado la ira popular, cuyo combustible se originó en la alza de tarifas de la locomoción colectiva, especialmente concentrada en Sao Pablo y Río de Janeiro – Brasil es el país de América Latina donde existen mayores contrastes sociales, desde los más millonarios del mundo hasta los habitantes de las favelas, tanto en Río de Janeiro, como en Sao Pablo -.La rebelión popular explotó debido al alza del trasporte público, que sirvió para develar el drama de la desigualdad en el país, que se tenía la gran potencia de América Latina. Una simple alza en la locomoción colectiva  fue el detonante de la conciencia popular sobre las monstruosas desigualdades existentes en el país más poderoso de América del Sur.

La sublevación, que empezó en Sao Pablo, se extendió a Río de Janeiro y, hoy, hasta capital, Brasilia. Ayer, los manifestantes ocuparon el Congreso y también amenazan con tomarse la alcaldía. Uno de los detonantes inmediatos es el enorme gasto que implica la organización del Mundial y de los Juegos Olímpicos posteriores, que contrasta con la situación de pobreza – y hasta miseria – en la cual están sumidas las favelas y los demás sectores populares.

El descontento brasilero y turco, a pesar de sus diferencias geográficas, históricas, culturales y económicas, está demostrando el agotamiento de un modelo neoliberal que, aunque – como en el caso de Brasil – esté liderado por un partido popular, es insuficiente: la política del Partido de los Trabajadores, liderado por Lula y, ahora, por Dilma Russeff, que se enmarca dentro de un reformismo popular, incompleto para superar la inicua desigualdad del país más grande de América Latina.

Tanto en Turquía, como en Brasil, sociedades muy desiguales, aun cuando sus economías no padeces crisis terminales – como Grecia España y Portugal -, sin embargo, las rebeliones en ambos países prueban que estamos asistiendo al fin de sistemas político-democráticos formales que taponan la participación popular y la existencia de sociedades,  en extremo desiguales, que hacen imposible toda forma de convivencia social. Tanto el turco, como el brasilero, están anunciando la necesidad de una nueva política, que supere el presidencialismo y el parlamentarismo, como también la distancia entre la clase en el poder y la ciudadanía. En el fondo, en ambas sociedades, inaceptablemente desiguales, se hace necesaria una nueva rebelión de “los jóvenes turcos” – como la de los años 20 – y, Brasil, una refundación social, que no ha podido llevar  a cabo, completamente, el Partido de los Trabajadores, pero como se ver durante estos últimos días, empieza a gestarse una nueva nación mucho más justa e igualitaria.

19/06/2013

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