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El homenaje a Miguel Krassnoff Martchenko: Una ofensa a la dignidad de los chilenos 

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Este hecho condenable nos recuerda la triste realidad de que en chile aun y a pesar de todo lo que hemos vivido, no hay un consenso básico para tratar  a los autores  de  crímenes de “lesa humanidad”. Contribuye a esto la actitud desafiante y permanente de los románticos de Pinochet y de quienes, estando al otro lado de la vereda, han insistido en que ya no es necesario mirar al pasado.

La historia se ha encargado de demostrar una y otra vez que simplemente no se puede forzar al olvido, a partir de 1990 luego que el país volviera a retomar su cauce democrático, los dirigentes políticos de la época ( de la actual Concertación ) optaron por aplicar en una democracia denominada de los acuerdos “la justicia de lo posible”, es decir construir  la democracia sin “ juzgar a todos los criminales” civiles y militares, quienes lideraron los años de terrorismo de estado en el país, actuando según dijeron, para facilitar la reconciliación de la sociedad.

Un error que después de casi cuarenta años sigue acosándonos como un fantasma, porque a pesar de esas buenas intenciones esos crímenes siguen presentes en la memoria histórica. La “ceremonia” organizada por el ex Coronel CNI del ejercito Cristian Labbe como desagravio y como un homenaje a un condenado por crímenes de lesa humanidad, demuestra que la justicia de lo posible era y es insuficiente, porque permite que el club de torturadores juzgados y la mayoría aun encubiertos, se manifiesten en este tipo de acciones sintiéndose totalmente impunes. Por eso es hoy mas necesario que nunca repetir lo que hemos dicho una y mil veces, “nunca más”, ejercitando de manera permanente el recuerdo de nuestra historia

Pienso que en nuestro país no se ha asumido con la responsabilidad que amerita, que la memoria como objeto y sujeto de estudio de la historia no solo es un área  de estudio importante, sino que es determinante para comprender y enseñar la historia social de Chile. Por el contrario, desde nuestro inicio como nación y desde antes, se ha ocultado que esta temática está estrechamente vinculada a la violencia política y a situaciones traumáticas de carácter social sucedidas en chile, así como ha sucedido con Europa y en América Latina con las dictaduras del cono sur.

A los chilenos nos cuesta la revisión del pasado y realizar la confrontación de memorias en torno a estos hechos, por eso es que muchas veces han debido pasar años para instalar en el espacio público el debate sobre lo vivido, y la mayoría de las veces el silencio y el olvido han conspirado en contra de ese propósito. Por ello son varias las generaciones de chilenos y chilenas que han crecido en medio de una historia tergiversada y de un silencio cómplice, a pesar de los esfuerzos realizados, porque aún vivimos en un país de verdades proscritas, transmitidas entre susurros y entre quienes añoran un pasado horrible que muchos de nuestros jóvenes solo conocen de oídas.

Por eso es que el rompimiento del silencio representa un desafío necesario  para hablar de las víctimas y de los silenciados, pero no olvidados, de aquellos que en su permanente presencia-ausencia marcaron nuestras vidas y nos hacen falta.

Para nosotros, militares que nos opusimos al golpe  de estado, que fuimos torturados y vivimos años de cárcel  y para quienes luchamos en contra de la dictadura desde la clandestinidad, rescatar del silencio aquello que fue persistentemente negado hasta ahora, es un deber ético de justicia y reparación para con las víctimas, pero es también una responsabilidad con la sociedad chilena que se enfrenta hoy a la posibilidad de mirarse y reconocerse en su historia.

La triste ceremonia  de desagravio dedicada a Miguel Krassnoff Martchenko es una provocación y a la vez, representa la continuidad del silencio, cuya consecuencia lógica es el olvido, alimentado por el clima de impunidad y desmemoria que ha pretendido imponerse en los procesos de transición a la democracia que, en la mayoría de los casos han visto en la amnesia colectiva una condición para la gobernabilidad.

Es tiempo también de levantar la voz y de decir en voz alta que en Chile no hubo guerra y que las FFAA instigadas por mandos interesados en quebrar el estado democrático y que actuaron hasta el año 1989, lo hicieron amparados y respaldados por una política de estado. Por lo tanto las violaciones a los derechos humanos no fueron hechos aislados sino que fueron cometidos por oficiales y suboficiales destinados a la DINA primero y luego a la CNI.

Estas eran unidades combativas constituidas por militares en servicio activo y bajo esta institucionalidad, cometieron violaciones al derecho a la vida de  muchas personas: secuestros, torturas, asesinatos y desapariciones, contra los que el régimen señalaba como adversarios políticos en el marco de una desigual guerra sucia.

En este contexto Oficiales como Miguel Krassnoff Martchenko actuaron en contra de enemigos quienes no fueron abatidos en campos de batalla, sino que fueron capturados, maniatados, cobardemente torturados y muchos de ellos hasta morir en los cuarteles militares  y comisarias de carabineros utilizados como centros de torturas. Por lo tanto los aparatos represivos como la DINA y la CNI no actuaban en combate, sino que lo hacían amparados en la oscuridad ejerciendo el terror a través de la acción encubierta, que fue el principal instrumento del estado para ejercer el control político.

Que la verdad acuda a nuestras vidas acordándonos de que los hombres de otros tiempos tenían un futuro abierto y que nos dejaron sueños incumplidos, esa es la lección que la memoria le debe enseñar a la historia.

Y por el contrario, que los chilenos juzguen entonces si estos asesinos como Krassnoff pueden ser considerados héroes, o si como ellos dicen, que actuaron en beneficio de la libertad y de la democracia.

-El autor, Dr. Enrique Villanueva M., es académico y Vicepresidente del Centro  de Estudios Exonerados Fuerza Aérea 1973, CEEFA_73

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