Una vez se disipe el olor a lacrimógena
por Enrique Fernández Moreno (Chile)
14 años atrás 4 min lectura
Verbalizar la violencia y el odio incita a devolver cada insulto a piedrazos. La discriminación social, económica, de género o cualquier otra, busca sus propios caminos de autodefensa y, tal como dice una antigua canción “una gota y otra gota hacen tormenta y el vendaval no tiene vuelta, no hay quien lo detenga…”.
Eso es lo que sucede en Valparaíso a la hora en que escribo estas líneas. Centenares de jóvenes se enfrentan violentamente a carabineros de fuerzas especiales en diferentes puntos de la ciudad. El aire irrespirable a causa de la generosidad de la fuerza policíaca, que no escatima gastos. “No se fije en gastos, compadre”, habría dicho nuestro chilenísimo “Cumpa”, el de Condorito. Tal parece haber sido la instrucción de Hinzpeter: échenle humo y gas nomás, total pulmones jóvenes tienen aguante.
A primeras horas de hoy, y desde la protección de su oficina en la Intendencia Regional del principal puerto de Chile, Celis, ex abogado de El Mercurio, ironiza con la cantidad de personas marchando por un país más justo. Intencionalmente, frente a la prensa, reduce a un puñado las miles de almas que pasan bajo su ventanal con vista al fracaso político del gobierno que representa. Lo anterior provoca ira, frustración y bronca que se expresa por miles de gargantas en cánticos y gritos.
La juventud, otrora “el futuro de Chile”, hoy atrapada en las redes de la banca, endeudada y sentenciada a una incertidumbre laboral, profesional, humana, social y cultural, no encuentra respuestas en una casta política entronizada en el poder. Se niega, también, a creer en líderes mesiánicos respaldados por programas de “copiar y pegar”, herederos de apellido histórico, corajudo y consecuente, pero sólo de apellido. Los hijos no tienen culpa de haber nacido, ni los padres haber parido a determinados hijos. Tampoco compra más el cuento de familias que han hecho de la política, los negociados y los acuerdos entre cuatro murallas, a espaldas del pueblo, una forma de vida, pues la Concertación, o lo que resta de esa especie de muerto caminando, solamente causa rechazo. Y la derecha, asco, aversión.
Los medios de comunicación, en general en manos de intereses políticos, económicos y fácticos, invisibilizaron durante tanto tiempo la realidad del país, tergiversan u omiten, que pocos les creen. ¡Cuánta diferencia con la actitud de quienes se manifestaban contra la dictadura cuando reporteros buscaban refugio!
En la misma medida que la televisión, diarios y radioemisoras –con rarísimas excepciones- faranduliza y degrada el noble oficio del periodismo, aumentan las radios comunitarias, los medios alternativos, y los muros reflejan el descontento social.
Presidente de retail
Estudiantes permanecen hace 3 meses movilizados, con universidades, escuelas y colegios en toma. Sus demandas rebotan en la coraza político-ideológica del gobierno de turno, así como los inquilinos anteriores de Palacio alzaron su voz por un par de gotas de agua arrojada contra la ministra de Educación de Bachelet: nunca entendió ese ni los gobiernos anteriores desde 1990, que los llamados “pingüinos” botarían la pelusa y crecerían; sólo les interesaba se inscribieran en los registros electorales para avalar una “democracia representativa” que a nadie más que a ellos, los políticos, conviene. Pues bien. No se inscribieron, no votaron. La Concertación perdió y asumió, cual gerente de tienda de retail, uno de aquellos personajes tan comunes en nuestra historia, cuyos apellidos nos observan desde la señalética vial y sus estatuas y bustos sirven para orinar de noche o como cagadero de pájaros citadinos.
Las autoridades de gobierno, policías y quienes solamente se “informan” a través de los medios ya citados, hablan de “vandalismo”, de “turbas”, de “anarquistas”, que asolan las ciudades, se toman las calles y desvalijan comercio, pero callan cuando se les aclara que locales atacados pertenecen, por ejemplo, a las mismas 5 o 6 familias dueñas del país; a las empresas que estafan, por miles y miles, a trabajadores, estudiantes, empleados; a la banca que estrangula y te convierte en su esclavo, a las farmacias.
Los eternos matinales de televisión y editoriales del duopolio Mercurio-Copesa, intentarán desvirtuar, buscar culpables, incitar a la represión, silenciar, pero una vez se disipe el humo y sabor a lacrimógena, resurgirán las ansias por un país mejor; las ganas de seguir, de liberarnos de males que nacieron con la República, y mucho antes, cuando el pueblo Mapuche fue exterminado por la espada y la segregación.
Hay algo que sí está claro: ya nunca más tendremos miedo.
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