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Desigualdad social y reparto injusto. Chile entre los países con mayor desigualdad 

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ALAI AMLATINA, 21/02/2011.- Entre los 15 países más
desiguales del mundo, 10 se encuentran en América Latina y el Caribe. Atención:
no confundir desigualdad con pobreza. La desigualdad procede de la distribución
desproporcionada de la riqueza entre la población. El más desigual es Bolivia,
seguido de Islas Comoras, Madagascar, Sudáfrica, Haití, Tailandia, Brasil (7°
lugar), Ecuador, Uganda, Colombia, Paraguay, Honduras, Panamá, Chile y
Guatemala. La ONU
reconoce que en los últimos años ha habido una reducción de la desigualdad en
el Brasil. En nuestro continente los países con menor desigualdad social son
Costa Rica, Argentina, Venezuela y Uruguay.

En América Latina la riqueza está demasiado concentrada en
manos de una minoría de la población, los más ricos. Se citan como causas
principales la falta de acceso de la población a los servicios básicos, como
transporte y salud; los bajos salarios; la estructura fiscal injusta (los más
pobres pagan, proporcionalmente, más impuestos que los más ricos); y la
precariedad del sistema educativo.

En el Brasil el nivel de escolaridad de los padres influye
en un 55% sobre el nivel educativo que alcanzarán los hijos. En una casa sin
libros, por ejemplo, el hábito de lectura de los hijos tiende a ser inferior al
de la familia que tiene biblioteca.

En América Latina la desigualdad se ve agravada por las
discriminaciones racial y sexual. Las mujeres negras e indígenas son, por lo
general, más pobres. El número de personas obligadas a sobrevivir con menos de
un dólar por día es dos veces mayor entre la población indígena y negra,
comparada con la blanca. Y las mujeres reciben menor salario que los hombres
desempeñando el mismo tipo de trabajo, además de que trabajan más horas y se
dedican más a la economía informal.

Gracias a la llegada de gobiernos democráticos populares, en
los últimos años el gasto público con políticas sociales alcanzó, en general,
un 5% del PIB de los 18 países del continente. Del 2001 al 2007 el gasto social
por habitante aumentó un 30%.

Hoy en el Brasil un 20% de las entradas de las familias
proviene de programas de transferencia de dinero del poder público, como
jubilaciones, Bolsa Familia y asistencia social. Según el IPEA, en 1988 esas
transferencias representaban el 8.1% de la entrada familiar per capita. De ahí
para acá, gracias a los programas sociales del gobierno, 21.8 millones de
personas salieron de la pobreza extrema.

Esa política de transferencia de dinero ha compensado las
pérdidas sufridas por la población en las décadas de 1980-1990, cuando los
salarios se vieron deteriorados por la inflación y el desempleo. En 1978 apenas
un 8.3% de las familias brasileñas recibían recursos gubernamentales; en el
2008 el índice subió hasta el 58.3%.

La transferencia de recursos del gobierno a la población no
se da sólo en los estados más pobres. El de Rio de Janeiro ocupa el cuarto
lugar entre los beneficiarios (25.5% de las familias), precedido por el Piauí
(31.2%), Paraíba (27.5%) y Pernambuco (25.7%). Lo cual se explica por el hecho
de que el estado fluminense alberga un gran número de ancianos, superior a la
media nacional, que dependen de jubilaciones pagadas por el erario público.

Hoy día en todo el Brasil 82 millones de personas reciben
pensiones del poder público. Aparentemente, el Brasil es una auténtica madre
para los jubilados. Sólo en apariencia. La Encuesta de Presupuestos Familiares del IBGE
demuestra que, para los servidores públicos más ricos (con una entrada mensual
superior a los US$ 5,000), las pensiones representa un 9% de sus entradas
mensuales. Mientras que para las familias más pobres (con entradas de hasta US$
450), el porcentaje de jubilaciones y pensiones de la seguridad pública sólo
alcanza el 0.9%.

En el caso del INSS las jubilaciones y las pensiones
representan el 15.5% del total de familias que reciben cada mes hasta US$ 450;
tres veces más que el grupo de los más ricos (ganancias por arriba de US$
5,000), cuya participación es del 5%.

El problema del sistema previsional brasileño se encuentra
en el pago a los servidores públicos, especialmente de las áreas judicial,
legislativa y de las fuerzas armadas, cuyos militares de alta graduación
todavía siguen gozando del privilegio absurdo de poder transferir, como
herencia, el beneficio a las hijas solteras.

Para Marcelo Neri, del Centro de Políticas Sociales de la Fundación Getulio
Vargas, en el Brasil "el Estado esparce dinero a manos llenas. A la hora de
abrir la mano a los pobres, sólo reparte monedas; pero a la hora de tocarles a
los ricos, echa mano de billetes de cien. Es así una especie de beca para las
clases A y B, que tienen el 18.9% de sus entradas procedentes de sus
jubilaciones. El pobre necesitado debiera de ser quien más recibiera del
gobierno. Mediante el actual sistema previsional promocionamos la desigualdad".

La esperanza es que la presidenta Dilma promueva reformas
estructurales, incluida la de la previsión, exonerando al 80% de la población
(los más pobres) y gravando al 20% más rico, que concentra en sus manos cerca
del 65% de la riqueza nacional. (Traducción de J.L.Burguet)

– Frei Betto es
escritor, autor de "Sobre la esperanza", junto con Mario Sergio Cortella, entre
otros libros. http://www.freibetto.org/> twitter:@freibetto.

*Fuente: Agencia Latinoamericana de Información

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