Kosovo ‘engordó’ a presos serbios para luego matarlos y traficar con sus riñones
por Antonio Jiménez Barca (París, Francia)
15 años atrás 4 min lectura
16/12/2010
A algunos prisioneros serbios, los soldados kosovares de la UCK (Ejército de liberación de
Kosovo), los retenían en granjas, en fábricas vacías de Kosovo o de Albania, en
casas apartadas; les trataban mediadamente bien: les dejaban dormir, les daban
de comer y les permitían descansar. Después, cuando los médicos de las clínicas
estaban preparados y la venta apalabraba, los soldados trasladaban a los
prisioneros al centro de Albania y les pegaban un tiro en la cabeza. Luego, sus
cadáveres eran despojados de los riñones y vendidos al extranjero.
Esta es una parte del espeluznante informe realizado por el
ex magistrado suizo y actual parlamentario del Consejo de Europa Dick Marty,
hecho público este jueves en París, que relata el horror vivido en esta tierra
balcánica en 1999 y 2000, en medio de la guerra entre serbios y
albano-kosovares, el caos y las bandas mafiosas reorganizadas como grupos
militares unidos por clanes. El informe implica a uno de los cabecillas del
UCK, Hashim Thaci, elegido el domingo primer ministro de Kosovo. A juicio de
Marty, Thaci era uno de los dirigentes del denominado grupo de Drenica,
bautizado así por el valle en el que se asentaba, que participó en este tráfico
de órganos. "Thaci era considerado por los informes de los servicios
secretos de varios países como el más peligroso de los padrinos del
hampa", relata el escrito.
El ex magistrado suizo no especifica cuántos asesinatos se
produjeron para comerciar con riñones (la justicia serbia los eleva a 500). En
una rueda de prensa, Marty se disculpó asegurando que él, junto a dos
ayudantes, ha elaborado un informe a petición del Consejo de Europa, no una
investigación judicial, que él no señala culpables ni inocentes pero que muestra
el camino por el que, a su juicio, deben investigar otras instancias
judiciales.
"Es una de las cosas que saben muchos, pero nadie
cuenta"
Durante su estancia en Kosovo, Marty se entrevistó con
docenas de testigos directamente implicados: soldados, víctimas de actos
violentos, familiares de desaparecidos o de muertos, representantes de
instituciones judiciales internacionales, fiscales kosovares, policías,
miembros de la Cruz
Roja… "En muchos de ellos vi miedo en los ojos",
explicó. En el informe, el ex fiscal suizo asegura que todos los testimonios
son anónimos porque no se garantiza la seguridad de ninguno.
"En el fondo esto es una de las cosas que mucha gente
sabe allí, pero que nadie cuenta", asegura Marty. También la propia
estructura de Kosovo y de Albania, imbricada en torno a clanes, dificultaba la
investigación: "Muchos mafiosos prefieren pasar decenas de años en la
cárcel por obstaculizar a la justicia que denunciar a un miembro de su
clan", explica el informe.
El escrito cuenta cómo trasladaban a los prisioneros de un
sitio a otro en coches sin matrícula, en medio de un país sumido en el caos,
con la policía serbia en retirada y las fuerzas internacionales sin aparecer
todavía, librado a la suerte de estos clanes mafiosos reconvertidos en unidades
del ejército de liberación. También reseña una siniestra "casa
amarilla", en la localidad kosovar de Rripe, propiedad de una tal familia
K., objeto ya de varias investigaciones, escenario de asesinatos, destino final
de muchos de los prisioneros. También consigna, sin citar el lugar, la
existencia de una clínica "de último grito", organizada para el
tráfico de órganos, donde a los cadáveres se les extirpaban los riñones.
Según varios testimonios, muchos de los prisioneros sabían
que iban a morir asesinados y que sus órganos iban a ser vendidos
posteriormente. Mientras les trasladaban de su cárcel improvisada,
"habrían implorado a sus carceleros que evitaran quedar cortados en
pedazos". Tal vez lo supieran el día en que un médico les hacía un
análisis de sangre a fin de llevar a cabo un obligatorio "test de
compatibilidad inmunológica".
Marty denunció la impunidad de la que han gozado los autores
de todas estas prácticas, producto de la ley del silencio que impera en Kosovo
y de la poca voluntad política internacional para que se juzgue a los
culpables, ya que, a su juicio, las grandes potencias conocían la existencia de
estas atrocidades. Kosovo, independiente desde 2008, asegura que las
acusaciones son completamente infundadas. Estados Unidos, por su parte, reclama
pruebas. Marty dijo: "Las pruebas están ahí: sólo hay que ir a buscarlas.
Pero por nuestra parte, hemos cumplido, sacando a la luz unos hechos". El
informe fue aprobado en comisión parlamentaria por el Consejo de Europa.
*Fuente: El País
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