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Entre la odisea del socialismo y el diseño estratégico para la región 

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El movimiento de tropas que afecta la estabilidad política en Ecuador no
es sorpresivo. Por el contrario, refleja un estado de situación que
venía proyectándose desde que el Presidente Rafael Correa comenzó a
revertir las prerrogativas de los enclaves tradicionales de poder. Uno
de esos enclaves ha sido el ejército ecuatoriano, que ha mantenido un
interés marcado por el ejercicio de la política y en el asumir la
jefatura del Estado.

Es difícil anticipar qué podría ser, si es un golpe movimiento para
saldar cuentas pendientes internas o es el diseño estratégico para la
región. En ambos casos es grave, aunque sería gravísimo que fuera más de
lo último. Honduras con Zelaya vienen inmediatamente a la mente.

No parecía creíble que Estados Unidos aún con la bonhomía de Barack
Obama pudiera aceptar un modelo de socialismo de siglo XXI como lo
profesa el presidente Correa. HiIlary Clinton estuvo en abril en Ecuador
y pronunció elogios a la situación ecuatoriana, sin embargo la
coyuntura actual es complemente diferente.

La crisis económica mundial no cede, una guerra ad portas en Irán, un
golpe estado incubándose en Pakistán, leyes draconianas en Estados
Unidos y Europa para detener la inmigración, y un proceso acelerado de
recuperación de la hegemonía de Estados Unidos en la región.

En un momento reciente, en medio de la crisis económica y el
desprestigio de EEUU por tener a George W. Bush en la presidencia, con
Venezuela, Ecuador, Bolivia, y hasta cierto punto Argentina, Brasil,
Chile, Paraguay y Uruguay convertidos en agentes antagónicos a la
supremacía estadounidense, parecía inconcebible que la potencia mayor
que es Estados Unidos perdiera la supremacía en la región que es la
columna vertebral de su dominio en el hemisferio occidental

Correa llegó al poder con mucha popularidad anunciando cambios, y con el
tiempo surgió el proceso de la constituyente de reformar a la
Constitución con un 80% de apoyo popular.

En la situación ecuatoriana de transformación constitucional, los
poderes tradicionales representados por los partidos políticos han sido
mermados pero no han sido derrotados. Es posible que este movimiento de
tropas no sea más que esta parte de la civilidad acudiendo a las Fuerzas
Armadas para hacer salir del poder a este “usurpador” encarnado en la
figura del presidente Rafael Correa.

El presidente Rafael Correa fustigó agresivamente a la clase política
tradicional. Un periodista ecuatoriano entrevistado afirma: “Correa ha
insultado a los miembros de los paridos tradicionales que han manejado
el poder por lo que han hecho con el país y le ha sido difícil dialogar
con ellos porque las premisas son diferentes”.

Parece que estos grupos políticos le “estarían pasando la cuenta” a
Correa, y que el tema de la rebaja salarial en el ejército sería el
pretexto para una decisión ya tomada en varios niveles. No se descarta
el intenso proceso de lobby por parte de Estados Unidos para sacarle una
mascada mayor al populismo de izquierda instalado en la región según la
lectura del análisis acoplado a los alineamientos tradicionales. La
continuidad de la tesis de autonomía del Gobierno de Lula, con la más
que probable elección de Dilma Roussef en Brasil, inquieta demasiado al
poderoso “establishment” de la política exterior estadounidense, que
Barack Obama, lamentablemente no ha podido contener con su aire fresco
de una nueva política internacional; lejos de la supremacía tipo guerra
fría.

Una fuente periodística contactada en un viaje que hice a Quito en marzo
de este año, me informó entonces de la personalidad del Presidente
Rafael Correa con un dejo de insatisfacción, producto de un antagonismo
generado entre Correa y algunos medios; como siempre aquellos de mayor
circulación e impacto en la opinión pública.

Nos dice: “El presidente Correa tiene carácter mesiánico, y arrastra el
problema de no haber arribado al poder con un partido político. Se apoya
en un grupo heterogéneo y cuando habla del socialismo del siglo 21 es
un grupo amplio que lo apoya, pero no es un partido político con
inserción en las masas. Sin embargo también es apoyado por grupos que no
profesan estos ideales”.

El Ministro de Defensa Javier Ponce ha sido un brazo derecho en la
administración de Rafael Correa y en la contención de los apetitos
políticos de los militares ecuatorianos y al parecer en esta coyuntura
su rol no ha tenido el peso esperado.

“Javier Ponce es un periodista y escritor, pero en el fondo es un
excelente analista político” dice nuestra fuente. “Proviene de una
familia de izquierda de clase alta y el presidente Correa lo llamó para
que manejara su oficina como su jefe de gabinete y después lo nombra en
la cartera de Defensa”, agrega.

El ministro Ponce es un punto muy oscuro en el mapa del Pentágono
respecto a las figuras que no podían existir en la discusión del futuro
diseño estratégico en la región. Para algunos sectores del militarismo
es como un infiltrado. Aún así, el 23 de septiembre último se reunía con
Robert Gate, el jefe del Pentágono. El izquierdismo de Javier Ponce le
está significando un costo a la estrategia de Rafael Correa de
introducir su modelo de socialismo de Siglo XXI.

Rafael Correa no ha podido armonizar las obvias necesidades de
participación popular con las demandas de los grupos tradicionales del
poder, léase: banca, industria y agencias de servicios asociadas al
capital transnacional en las áreas como energía, petróleo y
telecomunicaciones. En este desencuentro, este movimiento de tropas ha
encontrado el contexto propicio para su pronunciamiento decisivo.

“Correa ha querido que lo aplaudan los medios y cuando comenzamos a
decir ciertas cosas ya no le gustó”, nos dice nuestro interlocutor en
marzo con visión profética.

Escuchaba y pensaba en el gobierno de Rafael Correa con una oposición
encubierta en apariencia, pero intensa y apasionada para recuperar el
poder que no habían perdido, pero que se les estaba escapando de las
manos.

Los cambios que ha efectuado Rafael Correa en este corto tiempo, igual
dejan la impronta que Ecuador no será nunca el mismo, y que las elites
tradicionales deberían encontrar una forma de organización social más
representativa y participativa, si es que desean seguir gobernando.

Lo que ocurre en Ecuador, es la vieja polarización de la Guerra Fría
entre socialismo o capitalismo fascista, pero con el ropaje nuevo
adocenado de las transnacionales que vulgarizan todo hasta el punto que
trafican con el poder en repúblicas y estados hechos a medias, con
partidos políticos colocados en sus libretas de salarios e imposiciones.

Ecuador ofrecía esa posibilidad bastante similar a la que planteaba
Salvador Allende 43 años atrás; una apertura al poder del pueblo y al
poder popular. Pero no. El cavernario capitalismo no puede. Es una
estructura que en lo político es completamente irracional a la hora de
contabilizar rentabilidad y sus leales soldados que golpean hasta
masacrar.

Todo se hace bajo la pantomima de la libertad, mientras los medios de
información masiva son financiados por las mismas transnacionales que
han cometido esos genocidios y se apoderan de la única instancia donde
los pobres pueden negociar: El Estado.

Fue Honduras, ahora es Ecuador, mañana será Bolivia, esperemos que no
sea, o Venezuela, y cualquier manifestación de disidencia a este
capitalismo tan tramposo, malo y caro como lo ilustraba el analista
David Borizón. Cada vez más no hay que ser tímido respecto a la
dicotomía: o socialismo o barbarie.

Se acabó el tiempo de los análisis para contemplar o morigerar el comentario, es el tiempo de las opciones.

*Fuente: Argenpress

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