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Contra la explotación sexual

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23-Septiembre-2010
Hoy es el Día Internacional Contra la Explotación Sexual y la Trata de
Personas. Es el momento indicado para leer y comentar este artículo de
González Faus que publicó hace unos días en La Vanguardia. Acaba con una
cita del Evangelio ante la que él mismo se queda sin palabra.

Llevo diez años colaborando en este diario. Pensé varias veces en un
artículo como el de hoy; pero temía que no lo publicaran o me
agradecieran los servicios prestados. Y he aquí que ahora comienza el
tema a romper el cascarón de silencio en el que estaba encerrado…

El próximo 23 de septiembre se celebra el día contra la trata de seres
humanos. Con este motivo me dirijo hoy a toda la prensa escrita que, a
la hora de escribir sus editoriales, nunca deja de proclamar altos
criterios éticos (aunque suele tolerar las críticas aún menos que la
santa madre iglesia). Quisiera hacer una petición casi desesperada, para
que todos los diarios dejen de publicar anuncios de prostitución,
camuflados bajo eufemismos de encuentros, contactos y demás.

La trata de mujeres constituye una de las esclavitudes más ominosas de
nuestro tiempo. La prostituta de hoy ya no es la Manon Lescaut del s.
XVIII; ni siquiera la Sonia de Dostoyevski del XIX. Según testimonio de
Iñaki Gabilondo, en un telediario de la 4, más del 90% de las mujeres
que ejercen la prostitución en nuestro país, lo hacen a la fuerza. La
mitad son auténticas esclavas, traídas desde fuera con engaños,
secuestradas, sin documentación y obligadas, además, a pagar una
supuesta deuda contraída por el pasaje a España. Otras acabaron así por
culpa del paro, o por la necesidad de enviar dinero a la familia en
Nigeria o Colombia. Su jornada “laboral” es extenuante, expuesta a mil
humillaciones de clientes que, en el fondo, se odian a sí mismos, y a
contraer el SIDA por puro capricho o comodidad del que paga. Debajo del
dibujo que insinúa unos pechos o una sonrisa laten verdaderos torrentes
de lágrimas; y más al fondo se mueven unas mafias tan crueles y
poderosas como las del narcotráfico. Podemos defender la libertad
sexual, pero contribuir a una esclavitud sexual en nombre de la libertad
sexual es pura hipocresía. Y publicar anuncios que dicen: “quince
jóvenes deliciosas, precios anticrisis” degrada la dignidad de la mujer y
de quien publique ese anuncio.

Sin embargo, tanto el mundo de la progresía como el de la moralidad
antigua tienden un pudoroso velo sobre este drama. Hacemos campañas
extemporáneas contra un burka absurdo pero muy minoritario, y no movemos
un dedo para evitar que tengan que quitarse la ropa infinidad de pobres
criaturas que no son propiedad de un marido machista y celoso sino de
una mafia tiránica y avarienta. Damos horrorizados cifras de violencia
de género, pero callamos sobre esta otra violencia igualmente sexista.
Dedicamos páginas y páginas al mundial de fútbol: si le duele tal o cual
músculo a alguno de nuestros ídolos a punto para el próximo partido;
pero ni una palabra sobre el transporte obligado de mujeres a Sudáfrica
para relajar a jugadores millonarios e hinchas locos, extenuados por el
esfuerzo. Por suerte, la ministra de igualdad parece que está ¡por fin!
ocupándose del tema; con mucho retraso pero más vale tarde que nunca. Y
hablo de retraso porque éste es un problema mucho más urgente que el
aborto (que a ella le parecía “ya superado”); y más urgente que dedicar,
en plena crisis económica, varios miles de euros a un estudio sobre la
estimulación sexual femenina (¿o es que lo hizo pensando entretener a
las mujeres que habrán de gastar menos durante la crisis?)…

Quede claro que no estoy hablando en general de legalizar o no la
prostitución. Ese es otro tema más amplio. Ahora se trata sólo de una
parte de él que es un auténtico terrorismo interesadamente oculto. No
sé  calcular cuántas pérdidas supondría para los diarios renunciar a
estos anuncios: me dicen que más de las que sospecho. Pues estoy
dispuesto a renunciar a la modesta contribución que percibo por mis
artículos, si ello puede aliviarles algo… También sé que suprimir esos
anuncios no solucionaría el problema de la trata de mujeres, pero creo
que aumentaría nuestra dignidad. Y si no, me atrevo a preguntar a
cualquier director o accionista de un periódico qué haría si uno de esos
anuncios fuese de su propia hija.

Hace poco me vi con una muchacha admirable de un instituto secular que
se dedica, entre otras cosas, a ayudar a estas mujeres. Me contó que
había venido hasta muy cerca del lugar donde estábamos citados,
acompañada por una chica de su barrio que iba a hacer la calle. “Tú vas a
ver a un amigo y yo voy a hacer de puta”, le dijo al separarse. Y al
contármelo se le asomaba una lágrima a los ojos, a pesar de tanto y
tanto como lleva visto. Al despedirnos comentamos que hubo un “líder
religioso” al que ambos intentamos seguir, que merecería el mayor
aplauso y la mayor admiración aunque fuera sólo por haber dicho
simplemente: “las prostitutas irán al Reino de los cielos delante de
todos vosotros” (Mt 21,31).

Y termino con esa frase: porque añadir algo sería estropearla.

*Fuente: Atrio

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