Articulos recientes

Al navegar en nuestro sitio, aceptas el uso de cookies para fines estadísticos.

Noticias

Opinión

Tres heridas que Chile no ha cicatrizado en un siglo 

Compartir:

La relación con el pueblo mapuche, las precarias condiciones de los
trabajadores y la pobreza, temas de 2010 que hace cien años ya eran
tristes sombras en los festejos del Centenario. Baldomero Lillo y Luis
Emilio Recabarren fueron algunas de las voces de la época que acusaron
las razones de muchos chilenos para no tener nada que celebrar. Aquí, un
repaso a las incómodas coincidencias del Bicentenario.

Mapuches: 100 años agonizando de hambre

El mapuche Quilapán, despojado de su tierra en una reducción indígena,
vagó hasta que apareció boca abajo y de brazos abiertos, como abrazando
la tierra. “Seguro, señor, que se ha dejado morir de hambre. ¡Son tan
soberbios estos perros infieles!”, dijo el mayordomo a Don Cosme, feliz
de haber “extirpado de la tierra la raza maldecida”. “Cava un hoyo y
tira esa carroña adentro. ¡Servirá para abonar la tierra!”, finaliza uno
de los cuentos reunidos por Baldomero Lillo en “Subsole”, de 1907.

Es la historia de un mapuche muerto en ayuno publicada en la víspera del
Centenario de la República. Un siglo después, la huelga de hambre de 34
comuneros mapuche presos en cárceles del sur del país ensombrece la
celebración del Bicentenario. La movilización apunta hoy a la Ley
Antiterrorista y la Justicia Militar, pero en 1910 la relación con los
mapuche ya era conflictiva.

El mismo año 1910, según relata el historiador José Bengoa en “Historia
del pueblo mapuche (siglo XIX y XX)”, hubo graves enfrentamientos en
fundos cercanos a Loncoche. Los hechos violentos en la Araucanía son
añosos: “Llegan las tropas de carabineros a defender la propiedad del
sr. Henríquez supuestamente amagada y en la refriega mueren nueve
colonos (mapuches), hay más de treinta heridos graves y veintidós
personas son enviadas a la cárcel de Valdivia”, relata.

En los años siguientes, luego de la “Pacificación de la Araucanía”, hubo
hechos de violencia “hacia los mapuches tanto por parte de particulares
no mapuches que detentaban las tierras indígenas, como por autoridades
chilenas”, según el informe de la Comisión de Verdad Histórica y Nuevo
Trato con los Pueblos Indígenas, encargado por el gobierno de Ricardo a
Lagos a un grupo liderado por el ex Presidente Patricio Aylwin. El
documento -publicado después por la administración de Michelle Bachelet-
cita casi una veintena de sucesos en los años siguientes, que incluyen
apropiación de tierras, asesinatos, apaleos, incendios y hasta muertes
de niños mapuche.

En la literatura hubo voces críticas además de Lillo. Gabriela Mistral
recorrió Traiguén en 1910 y del contacto con los mapuche en ese viaje se
nutrió “Araucanos”, incluido después en “Poema de Chile”. Algunos
versos, hoy, parecen proféticos: “Son un largo coro antiguo/que no más
ríe ni canta/Nómbrala tú, di conmigo:/brava-gente-araucana/Sigue
diciendo: cayeron/Di más: volverán mañana”. Dicho y hecho: volvieron.

Minería: del salitre de Santa María al cobre y oro de San José

En la misma semana que el Congreso celebró el Bicentenario con una
sesión plenaria, la Cámara de Diputados recibió a los dirigentes
sindicales de la minera San Esteban en el marco de la investigación por
el derrumbe que mantiene atrapados a 33 mineros en las cercanías de
Copiapó. Los parlamentarios consideraron que “no había garantías
adecuadas y se ha estado trabajando con condiciones de seguridad
precarias”, como dijo entonces la senadora Isabel Allende (PS) en el
exterior de la mina San José.

Idéntica reacción tuvo el Poder Legislativo a principios del siglo XX
para examinar las condiciones laborales en la minería del salitre. Más
ambiciosos, enviaron no una, sino tres comisiones en 1904, 1913 y 1919,
que incluso se preocuparon de la degradación moral de los obreros. “Las
condiciones de vida y salud eran muy precarias, y las laborales muy
riesgosas. Todo contribuía a que los trabajadores continuaran viviendo
en un estado deplorable, con una completa falta de garantías”, dice la
historiadora Soledad Reyes del Villar. “Se trabajaba entre 12 a 14 horas
diarias, con accidentes laborales y riesgos a la orden del día”,
escribe en “Chile en 1910. Una mirada cultural en su centenario” (2004).

Las miserables condiciones en las salitreras tuvieron una triste
consecuencia en 1907, cuando miles de trabajadores en huelga acabaron
acribillados en la matanza de la Escuela Santa María de Iquique.
Asimismo, la precaria forma de trabajo en la millonaria industria minera
de 2010 quedó en evidencia con el derrumbe, que llevó al ministro
Laurence Golborne a amenazar a los dueños de la mina: “No habrá
impunidad”, dijo. Algo del triste episodio de San José, sin embargo, ya
se adivinaba en la Cantata de Santa María de Iquique de Luis Advis:

“No sigan allí sentados
pensando que ya pasó.
No basta sólo el lamento,
miremos la realidad.
Quizás mañana o pasado
o bien, en un tiempo más,
la historia que han escuchado
de nuevo sucederá”.

Pobreza e inequidad: “Es una diferencia tan grande como antes”

Según la última encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional
(Casen), por primera vez desde 1990 hubo un retroceso en los índices de
pobreza. Desde la última medición, más de 350 mil chilenos cayeron bajo
la línea de pobreza, sumando un total de 2.564.000 personas. Un 15,1% de
población pobre que tres años atrás representaba el 13,7%. El mismo
estudio mostró que el 10% de los chilenos con mayores recursos tiene
ingresos casi 26 veces superiores a los del 10% más carenciado. Tras el
sondeo, el Presidente Sebastián Piñera criticó el uso de recursos para
programas sociales en los gobiernos de la Concertación y los medios de
comunicación albergaron declaraciones cruzadas entre el Gobierno y la ex
Presidenta Michelle Bachelet.

Pobreza e inequidad, sin embargo, son vocablos comunes en Chile hace
decenios. En vísperas de las celebraciones por el Centenario, en 1910,
Luis Emilio Recabarren aseguraba que los pobres no tenían nada que
celebrar. “Esta parte del pueblo -la más numerosa desgraciadamente- nada
tiene de qué regocijarse”, recoge el texto “Ricos y pobres”. “¿Podremos
regocijarnos  de que a los 100 años de vida republicana nos encontremos
en condiciones tan indignas?”, pregunta.

Para el sociólogo Tomás Moulian, un siglo más tarde la situación es
similar: “Los ricos tienen más que celebrar que los pobres. Tenemos una
sociedad más igualitaria, pero en las sociedades capitalistas hay
desigualdades de ingreso, hay pobres y ricos”, dijo en el programa
Radioanálisis de Radio Universidad de Chile. “Es una diferencia tan
grande como existía entonces, no es más grande. Hoy tenemos más bienes y
los pobres acceden a ellos. Tenemos una pobreza distinta. Esta es la
sociedad de las tarjetas de crédito, y eso permite a las clases medias y
pobres tener acceso a bienes, pero con ese tipo de inequidades”,
explicó.

Moulian destaca, no obstante, que hace un siglo no se hablaba de la
precariedad que dominaba la agricultura, oculta bajo la prosperidad de
una sociedad que se regocijaba con el auge salitrero. Hoy, al menos
“tenemos más palabras, se habla sobre la pobreza”, dice.

“Las sociedades neoliberales han demostrado que pueden crecer, pero con
grandes desigualdades -dice Moulian. Recabarren dice cosas muy hermosas
de la inequidad de 1910, que podrían repetirse hoy. Aunque es otra forma
de pobreza, soslayable mediante mecanismos destinados a incentivar el
consumo, la persona queda cazada por un largo tiempo en una deuda que
tiene que ir pagando. Es otra forma de lo que Recabarren llamaba la
degradación de la pobreza. La pobreza actual sigue degradando. Aunque
parece mucho menos dura, solo es una apariencia”.

*Fuente: Radio U de Chile

Compartir:

Artículos Relacionados

Deja una respuesta

Los campos marcados son requeridos *

WordPress Theme built by Shufflehound. piensaChile © Copyright 2021. All rights reserved.