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Costa Rica: Cien días de Laura Chinchilla 

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A cien días del inicio de su mandato, plazo cabalístico en el que la
tradición de los analistas considera posible perfilar los rasgos
generales de un nuevo gobierno, la presidenta de Costa Rica, Laura
Chinchilla (del Partido Liberación Nacional, PLN), exhibe un bajo índice
de aprobación de su gestión: los datos divulgados por una firma
encuestadora
(http://www.nacion.com/2010-08-12/ElPais/NotaPrincipal/ElPais2478331.aspx)
revelan que apenas el 38% de la población considera que su labor ha
sido buena o muy buena, frente a un 43% que la califican de regular y
12% mala(1).

Todavía bajo la sombra del expresidente Oscar Arias, cuyo lastre
voluntariamente aceptó llevar durante la campaña electoral para navegar
en las aguas del continuismo, la presidenta no se ha apartado un
milímetro, en lo esencial, de la ruta trazada por su predecesor.

En lo económico, es incuestionable su adhesión al modelo de desarrollo
neoliberal tardío, que se organiza en función del capital privado
nacional y extranjero, y los intereses de los grupos de poder económico,
en particular, de aquellos vinculados a los sectores inmobiliario,
financiero, turístico y mediático. No en vano, un 64% de los ciudadanos
consultados consideró que Chinchilla gobierna “para algunos sectores”.

Por supuesto, la insostenibilidad de ese modelo es inocultable: mientras
aumenta la participación de los grupos empresariales en la economía
nacional, y crece su injerencia sobre el sistema político, el Estado
vacila en el cumplimiento de sus obligaciones constitucionales y el
respeto a los derechos laborales de los costarricenses. Según datos
recientes del Ministerio de Trabajo, 309 mil trabajadores del sector
privado no reciben el salario mínimo legal. Se trata de campesinos,
obreros de la construcción, empleados del comercio, guardias de
seguridad y trabajadoras domésticas (estos dos últimos grupos
compuestos, mayoritariamente, por migrantes nicaragüenses contratados
bajo condiciones precarias).

En lo sociocultural, las contradicciones no son menores. La presidenta
fortalece su imagen apelando a la instrumentalización del fervor
religioso popular, en alianza con la Iglesia Católica (Chinchilla fue
declarada “hija predilecta” de la Virgen de los Ángeles, en una
ceremonia presidida por el Obispo José Francisco Ulloa, representante de
la Iglesia en la junta directiva del Grupo Financiero Samma: entidad en
la que comparte capital financiero con el expresidente Arias); pero, al
mismo tiempo, se registran incidentes de represión del descontento
social: ahí están los episodios de agresión policial contra
manifestantes en el acto de investidura de Chinchilla (que el Tribunal
Constitucional calificó como de uso de fuerza “desproporcionada”), o la
reciente expulsión con violencia de un grupo de indígenas que reclamaban
en el Congreso –la casa de todos y todas las costarricenses, según el
discurso oficial- una solución sobre el proyecto de Ley de Autonomía de
los Territorios Indígenas, que se “discute” en ese recinto desde hace 17
años.

A lo anterior, súmese la pretensión de los ministros de Planificación,
Hacienda, Educación y Ciencia y Tecnología, de disminuir el monto del
financiamiento estatal a las universidades públicas, en consonancia con
el dictum del Banco Mundial (que de paso ofrece créditos para financiar y
someter a los centros académicos), así como las ambigüedades en dos
temas altamente sensibles de política ambiental: la explotación minera a
cielo abierto y el reconocimiento del acceso al agua como un derecho
con rango constitucional.

Otro tanto cabe decir de la política exterior: el intenso “lobby” que
Chinchilla ha realizado para acelerar la reincorporación de Honduras a
la OEA; la aprobación del permiso de ingreso de buques de guerra y
marines estadounidenses a territorio costarricense para “combatir el
narcotráfico”; y la “colombianización” del discurso de la seguridad
nacional (el Ministro de Seguridad afirmó, en días pasados, que podrían
desarrollarse “narcoguerrillas” en los territorios indígenas de
Talamanca, en el Atlántico costarricense), no solo subordina al país a
las coordenadas geopolíticas que se tienden desde Washington, sino que
además profundiza la conformación del “eje conservador dependiente
mesoamericano”(2) (Carlos Fazio dixit), para el que tanto trabajaron los
dos últimos gobiernos de Costa Rica y Colombia.

La visión de conjunto muestra un gabinete a la deriva, que titubea
entre, por un lado, la defensa de los bienes públicos y los intereses de
las mayorías populares –reclamo que nace de las organizaciones
sociales-, y por el otro, la natural inclinación ideológica de sus
funcionarios por el mercado, las nuevas normativas que impone el TLC con
los Estados Unidos y las premisas de la contrarreforma neoliberal
conservadora.

No se trata de que el gobierno Chinchilla carezca de rumbo: su norte es
la derecha, más aún, la derecha del norte. Tampoco sufre de
inexperiencia: casi todos sus ministros y asesores son cuadros avezados
en el manejo clientelar del Estado costarricense. El asunto de fondo es
que la presidenta no controla el timón de la nave: los hilos de la trama
se manejan fuera de Casa Presidencial y del Congreso.

Consultado sobre el balance de estos cien días de gobierno de
Chinchilla, un expresidente de Costa Rica, fundador del PLN, dijo:
“Lamento que ella esté cercada por fuerzas anti-pueblo”(3). Una
sentencia que deja poco margen para esperar cambios voluntarios en la
dirección emprendida por la Presidenta, lo que podría acelerar la
eclosión de distintas formas de protesta y movilización social en el
futuro cercano.
16/08/2010

– Andrés Mora Ramírez / AUNA-Costa Rica

*Fuente: Agencia Latinoamericana de Información


Notas:


(1) “Chinchilla capta tibio apoyo en sus primeros 100 días”, en La
Nación, 11 de agosto de 2010. Disponible en:
http://www.nacion.com/2010-08-12/ElPais/NotaPrincipal/ElPais2478331.aspx

(2) Fazio, Carlos. “Dominación de espectro completo”, en La Jornada, 12
de julio de 2010. Disponible en:
http://www.jornada.unam.mx/2010/07/12/index.php?section=opinion&article=017a1pol

(3) “A Laura la tienen entre dos fuegos”. Entrevista de Esteban Gil al
expresidente Luis Alberto Monge, en Página Abierta, 10 de agosto de
2010. Disponible en:
http://www.diarioextra.com/2010/agosto/10/opinion09.php

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