Así no, Excelentísimo Presidente
por Francisco Javier Díaz (Chile)
16 años atrás 5 min lectura
Al Presidente o Presidenta de la República se le respeta en La Moneda.
Sobre eso no puede haber discusión, porque los países que lo discuten,
terminan celebrando el Bicentenario con dos Te Deum distintos y con dos
desfiles paralelos, uno para el gobierno y otro para la oposición. Y a
mi no me gustaría que eso pasara en Chile. Hay que ser cuidadosos con la
autoridad presidencial. Entre todos debemos cuidarla. Uno puede
discutir a fondo y con fuerza las políticas del Jefe de Gobierno. Pero
al Jefe de Estado democráticamente electo, en su casa, se le debe tratar
con etiqueta republicana.
Dicho ello, uno debe preguntarse qué puede haber ocurrido para que un
individuo de la talla profesional y la rectitud personal de Marcelo
Bielsa haya llegado a soslayar este deber ser. Parece que hay otra cosa
cierta en esta máxima: Al Presidente de la República se le respeta, pero
el Presidente debe hacerse respetar también.
Que no se malentienda: El Presidente en una sociedad democrática debe
estar expuesto al más alto estándar de escrutinio. Nadie puede, so
pretexto de cuidar la imagen o autoridad presidencial, pretender acallar
a las voces críticas. Los políticos, los medios, los analistas y la
sociedad toda, deben gozar de la más irrestricta libertad para
cuestionar a la autoridad en cuanto les plazca. La crítica puede ser
feroz; puede incluso ser injusta muchas veces, pero el sólo hecho de que
ésta pueda expresarse en plena libertad hace más fuerte a la
democracia.
Tampoco se puede pretender homenajear al fútbol chileno cuando sólo se
piensa en el patrimonio del club propio. Eso quedó claro en el episodio
de la repartición de los recursos que entrega la venta de derechos
televisivos, donde los clubes grandes obtienen la tajada del león.
¿Dónde está la línea divisoria entre la plena libertad y el sano respeto
a la imagen de Jefe de Estado en un régimen presidencial? Es difícil
saberlo. Probablemente muy cerca de su ámbito más íntimo y familiar.
Pero donde no cabe duda que sí debe guardarse cierta forma, es, al
menos, en el trato personal, más aún si éste ocurre en el palacio
presidencial.
Lamentablemente lo ocurrido ayer en La Moneda no son sólo “cosas del
fútbol”. Es más que eso. Hay un cúmulo de razones de estilo que están
acabando por explotar. No se trata de un pueblo que aún no se acostumbra
a un determinado tipo de liderazgo; se trata de que, sencillamente,
algo se está haciendo mal.
El episodio Mundial concentró en pocos días toda el hambre de
popularidad de la actual administración, logrando nublar el juicio
político y comunicacional de La Moneda. La visita a Juan Pinto Durán
ocupará un lugar destacado en la antología de chascarros del fútbol y la
política. Ver las escenas del saco de dormir presidencial en una
mediagua en Dichato producía una sensación similar a ver a un humorista
siendo pifiado en la Quinta Vergara. La invitación a La Moneda sin
previo aviso sonó como a ultimátum sonriente. Y el recibimiento en el
Palacio, el discurso del cielo y cordillera, la alfombra roja y las
medallas, no pudieron verse más forzados.
La Moneda debe hacerse respetar, y en este caso no lo hizo. Muchas
veces, la sola majestuosidad del palacio y el peso de la historia hacen
su tarea, y el morador de turno puede transitar con cierta confianza por
el riesgoso camino de la calidez y la cercanía. Pero eso no se aplica
cuando se viene de cuatro chambonadas seguidas. Y no se aplica, tampoco,
cuando hay paño que cortar entre los asistentes. Y eso es algo que penó
también, ayer y toda la semana. El Presidente Piñera y su Subsecretario
de Deportes tienen un claro y evidente conflicto de interés. Ambos
ganan plata con los negocios de uno de los equipos regulados por esa
repartición. El Subsecretario que ayer de pura vergüenza no le estiró la
mano a Marcelo Bielsa, es el mismo dirigente que hace un tiempo atrás, y
con soberbia, no quería prestar los jugadores a esa misma selección.
Tampoco se puede pretender homenajear al fútbol chileno cuando sólo se
piensa en el patrimonio del club propio. Eso quedó claro en el episodio
de la repartición de los recursos que entrega la venta de derechos
televisivos, donde los clubes grandes obtienen la tajada del león. Colo
Colo y sus mandamases obraron con total desprecio por el bien del fútbol
en general, recluyéndose en el bien del club particular. Si Chile
quiere dar el salto a las grandes ligas del fútbol mundial tiene que
tener una base de jugadores seleccionables más amplia que la que tiene
hoy. Eso sólo se logra teniendo muchos clubes, en todo Chile, trabajando
sus canteras en óptimas condiciones. Teniendo muchos clubes en un
mínimo nivel de calidad, para que el torneo sea más competitivo. Y para
eso se necesitan recursos. Se necesita una repartición algo más
equitativa de los derechos de venta de una imagen de un torneo donde
juegan todos, grandes y chicos.
Ayer fue un mal día para La Moneda. No es bueno que pasen estas cosas.
Puede no ser tan grave, dirán algunos. Ciertamente hay problemas más
importantes en Chile que la mano mal extendida de un entrenador de
fútbol y la autoridad mendigando saludo. Pero hay algo de la
majestuosidad republicana que se sintió horadada. Pero bueno, qué se le
va a hacer. Para Piñera, waka waka, esto fue África.
* Fuente: El Mostrador
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