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Sergio Villalobos: «Siempre nos hemos sentido chilenos, a pesar de rachas alienantes» 

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Sergio Villalobos, Premio Nacional, es uno de los historiadores más activos y solicitados en los medios de comunicación. Sus opiniones sobre temas de intenso debate público, tuvieron esta semana un último episodio en las banderas mapuches autorizadas por la Contraloría General de la República para flamear junto a la bandera chilena en determinados actos municipales. Su juicio fue lacónico, pero categórico en contra de dicha medida, que llegó a calificar de “barbaridad histórica e indignante”. Su defensa de la unidad del pueblo chileno más allá de razas y grupos sociales y culturales, ha sido uno de sus desvelos, tanto en el debate público como en sus libros.

En su “Historia de los chilenos”, que acaba de concluir con la publicación del cuarto y último tomo, esa es precisamente una idea central que busca definir todo su relato. Villalobos ha incursionado, en otras oportunidades, en resúmenes generales de la historia de Chile, y ha mantenido en ellos un método común, de presentar las grandes tendencias, los procesos históricos, sin acentuar mucho los detalles. “Hoy día no es fácil la elaboración de una historia, porque atrae menos la atención de la gente y existe la competencia desleal de la televisión y de internet”, afirma. “Por esa razón, los libros de historia deber ser de fácil acceso al público. La primera condición es que sean renovadores y no repetitivos y que ofrezcan interés por la interpretación de los hechos y de los grandes procesos, de manera que la gente comprenda el sentido esencial de las épocas. El dato por el dato carece de significado”.
Artes y Letras conversó con el historiador sobre su última publicación.

—¿En qué método ha buscado usted poner énfasis en esta obra?
“En la “Historia de los chilenos” he procurado hacer la historia de todos los que han vivido en este país durante casi quinientos años. No solamente los grandes políticos, próceres e intelectuales, sino toda la gente: elites, clase media, bajo pueblo, campesinos, obreros, profesionales y mujeres. También comprender las grandes etapas de la economía y todo lo que conforma la vida de una nación. La intención es comprender, no tanto recordar, de modo que podamos interpretar el pasado.”

“La historia ha dejado de ser un relato cronológico de acontecimientos de toda índole, que ocurrían en una sucesión de gobiernos que no dejaban ver la perspectiva general. Hoy día se pone el énfasis en períodos mayores y con un sentido de totalidad, de suerte que el gran protagonista sea la nación entera”.

“Si uno piensa, a manera de ejemplo, en el triunfo político de Arturo Alessandri en 1920, ese hecho debe ser explicado como “la crisis de la sociedad liberal”, en que se sitúan graves problemas económicos, la miseria y la rebelión del proletariado, la prédica de ideologías revolucionarias, la ineficacia del parlamentarismo, la inconciencia de la aristocracia y la aparición política de la clase media”

—¿Cuáles son los atributos de larga duración del pueblo chileno que usted quizo destacar en esta historia general?
“Un vistazo general a todo el trayecto histórico del país deja ver ciertos elementos permanentes. Ha existido una gran unidad racial y cultural, sin regionalismos perturbadores, un espíritu de convivencia y el hecho de sentirnos todos en una tarea común, que viene del pasado y apunta al futuro. Antes que nada, siempre nos hemos sentido chilenos, a pesar de rachas alienantes, que el tiempo ha disipado.”

—Usted pone énfasis en que ha prevalecido a lo largo de la historia chilena un sentimiento de unidad nacional, por lo menos hasta el año en que llega su “Historia…”, 1932. ¿Puede decirse lo mismo de los últimos 70 años?
“El sentimiento de unidad nacional ha tenido variaciones de acuerdo con el tiempo. Muy fuerte hasta comienzos del siglo XX, después aparecieron tendencias políticas y sociales que resquebrajaron esa unidad y llevaron a diatribas y enfrentamientos que parecieron crear crisis amenazantes y que, incluso, interrumpieron la continuidad constitucional. Pienso en la época de Alessandri e Ibáñez hasta 1932 y luego en los acontecimientos desatados por la Unidad Popular que llevaron al repudio nacional y a la intervención militar”.

“Es evidente que el espíritu unitario se restableció posteriormente y que hoy muestra bastante solidez.”

—Otros atributos que usted destaca en nuestro carácter nacional son la solidaridad con el desvalido y la hospitalidad con el peregrino o extranjero. ¿Permanecen, a su juicio, esos atributos en las grandes urbes modernas, o son del pasado rural?
“El espíritu de convivencia y solidaridad, largamente manifestado en nuestra historia en la vida corriente y el panorama colectivo, se ha deteriorado porque la vida moderna nos ha afectado. Ha desaparecido el viejo tono rural, reemplazado por la prisa y la desconsideración de la existencia urbana, la competencia en las cosas grandes y chicas, la vorágine del consumismo y el goce de los bienes materiales. Se diría que grupos e individuos se miran como objetos en una lucha arrebatadora”.

“Las modas, el cine y la televisión han creado un mundo ficticio, que alcanza hasta el desenfreno de la criminalidad. Se ha perdido la ética tradicional”.

—“Respeto supersticioso a la institucionalidad y espíritu de convivencia han sido categorías superiores de nuestra nacionalidad”, escribe usted. ¿Por qué “supersticioso”? ¿Cómo se explican los no pocos quiebres a la institucionalidad de nuestro pasado?
“En cuanto al respeto por la institucionalidad, hay que estar de acuerdo en que ella ha sido una constante, que a pesar de quiebres momentáneos, ha persistido en todo el trayecto histórico. Me refiero a una tendencia general y relativa, porque no se puede ignorar que circunstancialmente ha habido interrupciones. Lo que cuenta es que pese a los tropiezos, siempre se ha impuesto el espíritu legalista y constitucional, lo que hace una gran diferencia con otros países latinoamericanos”.

—¿A su juicio, nuestro espíritu de convivencia y compromiso republicano es hoy mayor que hace cien años?
“Después de las vicisitudes políticas que nos ha tocado vivir en las últimas décadas, parece que el país ha recobrado su línea histórica. Ha vuelto a la tarea común y ha dejado atrás el tremendismo en las posiciones antagónicas. El discurso altisonante sobre choques inevitables ha caído al vacío”.
Domingo 09 de Mayo de 2010

* Fuente: El Mercurio

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