Más mentiroso que las encuestas

Disraeli, el famoso ministro de la reina virgen – la reina Victoria – cuyo sobrenombre no se corresponde con la realidad, pues tenía amantes por cantidades, calificó las mentiras en tres categorías: la simple, las malditas y las estadísticas. Estas últimas están de moda en Chile: no hay día que no aparezca una de ellas en La Tercera; somos el país más probo de América Latina, como nos califica un organismo internacional; Chile Deportes es sólo un accidente; al día siguiente, amanecemos con una democracia tuerta y coja y, al subsiguiente, bajamos varios puntos en probidad. Por suerte, nadie es tan ocioso como para seguir, día a día, estas encuestas. Lo mismo ocurre con la calificación del gobierno: en un mes aparece la Presidenta como débil y, en otro, como muy hábil para resolver los conflictos; a cuál encuesta creerle? Es evidente que estos barómetros son tan imprecisos como los pronósticos del tiempo de Iván Torres.

En un régimen de monarquía presidencial es casi imposible  que el rey o la reina sean desairados por sus súbditos; para pagar los platos rotos están, siempre, los ministros, los parlamentarios, los dirigentes de partidos políticos, los altos funcionarios de las distintas reparticiones y hoy, los vilipendiados operadores políticos. Respecto a la calificación de los personajes, que es presentada a los incautos encuestados en una lista  cerrada, siempre los de los primeros lugares son ocupados quienes hacen más payasadas en programas estelares,    como 1810,  Conversando con Vivi, los lateros de Tolerancia Cero, Morande con Che Copete, Álvaro Salas , Coco, Bombo Fica., Solo un  redomado imbecil  puede despeciar el espectáculo que se llama farándulas .En Grecia  la comedia  era  la farándula en   las nubes de Aristofanes sócrates  se columpia y dice  las cosas  mas imbeciles y risibles. No falta el tonto que crea que  las nubes enviaron al filósofo a la muerte. Bebió cicuta por oponer a que los oliveros tuvieran el mismo voto que los filósofos. Nada de democracia, todo para  la aristocracia del saber. Los Caballeros a mandar, los rotos ha trabajar. 

Como las encuestas tienen poco de verdad, es mejor no darles bola, sin embargo, desgraciadamente, son el único método inventado hasta ahora para manipular a la opinión pública, y hacerles pensar lo que La Tercera espera de sus lectores, para “probar” que en Chile hay libertad de prensa. Lo único cierto es que la derecha política es tan ineficiente que no ha sabido aprovechar ninguno de los regalos de la Concertación, pues su oficio se ha convertido sólo en criticar, pero sin aportar nada, y sus líderes son tan mediocres que les  queda grande la presidencia de un Club de tercera división, subvencionado por Chile deportes. Es tanta la falta de credibilidad en las encuestas de opinión, que muchos chilenos no avalan la realidad ni siquiera cuando se trata de los créditos en tiendas que, honestamente, Sernac ha difundido probando que algunas de ellas cobran más de un 5.000% a lo prestado, y siguen endeudándose sin siquiera consultar por miles de ítems que algunas agregan por el gasto de la tarjeta. Como ven, queridos lectores, la peor de las mentiras es la estadística.

Los  políticos chilenos son los reyes del timo: con ellos siempre hay que pedir por abajo. Todos dicen  no considerar y menos creer en las encuestas que aparecen más que el pan de cada día. Las encuestas dan siempre los resultados deseados por la empresa que  la hace o el candidato o partido que la solicita.

En esta campaña presidencial La Tercera, El Mercurio, La Segunda, el CERC, la Universidad del Desarrollo,  no recuerdo cuáles otras instituciones más, alimentan a los ciudadanos con encuestas, en algunos casos cada dos días, en otros, cada mes, y solamente el CERC nos ha entregado una sola. En esta aldea que es Chile, los lectores advertidos saben, muy bien, la tendencia política de cada una de ellas: El Mercurio, La Segunda y La Tercera, adhieren a Piñera, y el CERC a la Democracia Cristiana; sería muy extraño que el resultado de las encuestas, practicadas por estas instituciones, publicaran resultados desfavorables a la candidatura a la cual apoyan. En todas las de derecha Piñera gana fácilmente a Frei, tanto en la primera, como en la segunda vuelta; sólo en el CERC Frei se acerca a Piñera – claro que no tuvieron la audacia de declararlo ganador, es decir, buena la mentira, pero no para tanto-.

Donde las encuestas de las universidades y Diarios de derecha discrepan con el CERC -demócratacristiano- es en el mal llamado “fenómeno” Marco Enríquez-Ominami, las primeras han ido dando una proyección positiva para este candidato, de 5% a 10%, a 15% y a 18%, en la primera vuelta; un crecimiento en proyección geométrica y no matemática. Por el contrario, Marta Lagos – de Mori y Barómetro Latino- afirma, con grandes titulares en diversos medios, que el fenómeno Enríquez-Ominami no existe; me parece evidente que, para comprobarlo, va a tener que implementar una encuesta en que Marco Enríquez-Ominami aparezca con un magro 1%. Huneus, que preside el CERC,  en su última encuesta da a Enríquez-Ominami la cifra de 1%.

Hay sociólogos que se molestan en leer la explicación técnica de la encuesta, tarea muy laudable para un científico social pero, lamentablemente, esta indagación le aportará muy poca certeza. Es cierto que las encuestas telefónicas tienen poca validez, pues sólo se pueden hacer muestras aleatorias a quienes tienen teléfono fijo. Las encuestas persona a persona son un poco más válidas, dependiendo del tamaño de la muestra. En esta escala ascendente, la encuesta más certera es aquella en que el entrevistado introduce, secretamente, el voto en una urna.

Como en el azar,  hay veces – muy pocas- en que las encuestas han dado aproximadamente el resultado de la votación y, muchas de ellas sólo han servido para engañar al candidato que las ha contratado. Recuerdo un caso histórico: la elección de 1970, en que las encuestas dieron como triunfador a Jorge Alessandri sobre Salvador Allende, siendo el resultado completamente a la inversa. Al parecer, algo similar le ocurrió a Augusto Pinochet en el plebiscito de 1988, pero no tuvo la oportunidad de exiliar a los encuestadores.

Dejemos a las encuestas que jueguen su rol, bastante útil por cierto para ocupar las primeras páginas de los Diarios y vender un mayor número de ejemplares. En el fondo, la única encuesta válida es el resultado de las elecciones en primera y segunda vuelta. Los candidatos, entretanto, en vez de envenenarse con este juego de cábalas y cifras, harían bien en entregar a la ciudadanía sus propuestas, programas y primeras medidas a aplicar, para que los ciudadanos puedan debatir y proponer iniciativas, que debieran ser acogidas por los candidatos; si esta condición se diera, podríamos decir que sufragaron libre e informadamente, y no fueron comprados o engañados como bestias enviadas al matadero.

En definitiva, la mentira no es tan mala, sobretodo si es piadosa e inocua. La perfecta transparencia nos enceguecería como a los personajes de la “caverna”, de Platón.
19/05/09

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