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Embolinar la perdiz 

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A raíz de los “dimes y diretes” desatados por el informe de Transparencia Internacional respecto de corrupción detectada en Chile, que afecta directamente a la credibilidad del candidato de la derecha dura, Sebastian Piñera Echeñique y la necesidad de que el postulante aclare si hizo o no utilización de información privilegiada para su propia conveniencia, única manera de saber si el pretendiente tiene o carece de los atributos éticos que la ciudadanía exige como requisito mínimo para cualquier candidato que postule al cargo de Presidente de la República, se han desatado especulaciones y controversias de diferente índole. Piñera y su comando electoral no han dado ninguna explicación que satisfaga a la opinión pública y especialmente a los electores que deberán emitir su voto el próximo mes de diciembre.

Una cortina de humo se extiende en el país, mediante la argucia de “embolinar la perdiz”; es decir, como suele expresarse nuestro sabio pueblo, enredar las cosas de tal manera que lo injustificable pueda ser presentado de manera que sea posible transformar un delito (o falta), en una situación distinta, honesta, simple y transparente; Se nos pretende justificar como un desliz o “falta administrativa”, una abierta infracción a la Ley, que en buen castellano constituye un acto doloso.

En un artículo anterior, sostuve que no importa  si el Sr. Piñera tiene cien, mil o diez mil millones de dólares de fortuna personal. Lo que interesa es saber la forma como los ganó y si los medios para obtenerlos estuvieron o no ceñidos a las expresas normas morales a que debe ceñirse todo individuo que aspira a dirigir los destinos del país. Es un requisito mínimo para tener certeza de que los miles de millones de dólares que generan las actividades del país sean derivados hacia lo que la nación y sus gentes necesitamos y no al usufructo personal del mandatario de turno, tal y como se sorprendió esquilmando las arcas fiscales al fallecido dictador Augusto Pinochet, en una casual investigación del Senado norteamericano y la comisión presidida por el senador Frank Church.

La trayectoria empresarial de Piñera es poco clara; más bien bastante oscura y plena de incógnitas con respecto a la manera como llegó a conformar el patrimonio que lo sitúa entre los hombres más ricos de Chile y del planeta.

Su paso por la gerencia del Banco de Talca, la colusión con empresas aéreas de carga en los EE.UU. que le significó  pagar una multa por 88 millones de dólares, el caso conocido como chispitas, la creación de Bancard, Ifinco, Inversiones Río Claro y tantos otros que han generado polémicas públicas, dejan en entredicho la ética del candidato, y por cierto nos plantean legítimas dudas respecto de sus reales intenciones y futuro accionar, en la poco probable –pero posible a fin de cuentas- de ser electo al cargo que pretende.

En verdad estricta, poco interesa que la redacción del informe de Transparencia Internacional se haya ceñido o no a reglas gramaticales de escritura al denunciar actos de corrupción cometidos en el sector privado de nuestro país. Lo que si es claro e irrebatible, es que el Sr. Piñera, siendo director (y uno de los controladores de la empresa), adquirió para sí la no despreciable cantidad de tres millones de acciones de LAN Chile, las mismas que le reportaron una pingüe utilidad por US$ 700.000 y que motivaron a la Superintendencia de Valores y Seguros (SVS) a representarle tal hecho punible, en comunicación emitida  el 10 de enero de 2007. En dicha comunicación, la Superintendencia señala que Piñera cometió tres infracciones: 1) Deber de reserva de información privilegiada; 2) Prohibición de uso de la información privilegiada y 3) Deber de abstención de compra de acciones [de LAN Chile] por su conocimiento anticipado del estado financiero de esa compañía, atendida su calidad de director y cuasi controlador de la misma.

Ante tal recriminación escrita de la SVS, Piñera argumentó ante esa entidad que “Las compras realizadas con fecha 24 de julio de 2006 obedecieron a la aplicación de un modelo utilizado para las operaciones con la acción LAN y que la aplicación de dicho modelo habría sido consistente con las políticas históricas de compra y venta de acciones LAN realizadas por él”. De ser efectivo el descargo hecho por el propio Piñera –a quien la SVS dio plazo de 10 días para responder las recriminaciones- todos correríamos a comprar un programa computacional que nos permitiera especular en la Bolsa, comprar acciones y no poder ejercer la voluntad de paralizar una transacción hecha por un computador y no por quien se supone lo dirige y maneja el programa. Poco digna de crédito la explicación de Piñera, atendidos los plazos en que conocieron las utilidades de LAN y la compra de esas acciones, episodio que le deja desnudo en cuanto a su “capacidad empresarial”. El verdadero genio no sería él, sino el programador que habría diseñado el programa, absurdo que nadie en sus cabales está en condiciones de tragarse como una gran verdad.

Sigamos… El 5 de julio de 2007, la SVS determinó sancionar con multas a los directores de LAN Airlines S.A., José Cueto Plaza y Sebastián Piñera Echeñique por infringir la “prohibición de comprar acciones que la ley del Mercado de Valores impone a las personas que cuentan con información privilegiada”. Estas dos personas compraron acciones de la sociedad que integran, conociendo detalles de los estados financieros de la compañía, “sin que esta información fuera aún de dominio público”. Si bien es cierto que la SVS precisa que “en las resoluciones que afectaron a los señores Cueto y Piñera se descarta el uso de información privilegiada”, cabe preguntarse, entonces, la razón por las que les aplicó una multa a cada uno. En el caso de Piñera, nada menos que UF 19.470, elevadísima suma que Piñera pagó sin chistar, en tanto que su socio Sr. Cueto apeló a tal castigo monetario. Aquí está el meollo del asunto y por mucho que el candidato Piñera nos “emboline la perdiz”, está clarísimo que la infracción a las normas no es una mera invención de sus supuestos detractores.

Las personas que integran los directorios de cualquier compañía son quienes diseñan, dictan las normas y velan para que la empresa marche de acuerdo a lo proyectado. Conocen a cabalidad la marcha  de los negocios y saben, antes y mejor que nadie ajeno a ellas, si las operaciones están rentando utilidades o arrojando pérdidas. Eso hasta un niño de educación básica lo sabe. A nadie, y menos a mí, me pueden contar el cuento de que un director, un empresario o un financista interesado en su sociedad no sabe el pie en que ésta se encuentra. No me trago el cuento que Piñera y sus asesores quieren hacernos creer. No cabe duda alguna de que Piñera sabía que LAN Airlines tenía utilidades en el período, que éstas se repartirían a los accionistas por la vía de dividendos o de dar crías por las acciones ya emitidas con anterioridad a la reunión  de directorio que tomaría la decisión final. Eso, aquí y en la quebrada del ají, se llama Información Privilegiada, por muchos nombres que se le quiera inventar. Piñera participó en la reunión de directorio a que se sometieron los estados financieros. Tal junta se materializó el día 24 de julio, la misma fecha en que Piñera adquiere casi el 1% del total de LAN, invirtiendo en la compra 9.840 millones de pesos, cifra que equivale nada menos a unos 6533 sueldos mínimos ganados por la misma cantidad de trabajadores.

Este oscuro y nada ético procedimiento, ¿nos garantiza que Piñera no utilizaría procedimientos similares en caso de ser ciegamente electo en diciembre? Todo indica que no. Es por ello que, embolinándole la perdiz a la opinión pública, trata de lavar su imagen de insaciable acumulador de riquezas personales. Nadie puede garantizar –menos el candidato- que es lo haría con la información que diariamente le llegaría en su calidad de Presidente de la República y en cuanto favorecería a sus negocios, por mucho que ellos se oculten manejados por “terceros anónimos”, según dio a conocer con tanto rimbombo al comunicar que había decidido conformar un fideicomiso voluntario, que de ciego nada tendría, según los antecedentes que se manejan a nivel público.

Asimismo y en torno a este hecho que ha desatado una gran polémica, cabe reflexionar acerca de la discusión que se planteó en el programa Tolerancia Cero del día domingo 4 de octubre, que se emite en el canal Chilevisión, propiedad del candidato Sebastian Piñera. Los panelistas señores Del Río, Villegas y Eichholz, intentaron justificar al “jefe”. Villegas, por ejemplo, cometió el raro desatino de comparar la compra de las acciones que hizo Piñera con la adquisición de un boleto de lotería, sorteo en el que nadie conoce como saldrán las bolitas y menos el resultado, además de señalar que Transparencia Internacional se ha transformado en un agente político que manipula la realidad y que él no ve nada de irregular en lo obrado por Piñera, dado que el delito [o falta, como se le llame] se cometió el año 2006…, (sic). Para quienes no vieron tal programa, le invito a verlo, haciendo clic aquí:< Chilevisión >

Allí no solo verán la parte pertinente al tema en comento. También apreciarán que el único periodista que tuvo la valentía de poner los puntos sobre las íes, fue Fernando Paulsen, con clara conciencia de las consecuencias que su postura objetiva le puede acarrear. Sabiendo como opera el candidato, no sería nada de extraño que pronto viéramos un cambio de panelista en dicho programa. De un hombre que es capaz de hacer despedir a una azafata de LAN por el involuntario hecho de “haberle pisado un pie”, se puede esperar cualquier cosa.

Señor candidato, por favor modérese y no siga el camino de embolinarnos la perdiz. Los sufridos ciudadanos chilenos hemos perdido muchísimos valores, al margen de nuestra voluntad. Sin embargo, no hemos perdido nuestra capacidad de pensar y analizar las actitudes de quienes pretender ser nuestros representantes, vistiendo ropajes que no tienen.

Normalmente, quien emite conceptos y palabras falsas, está  lanzando un boomerang que tarde o temprano se volverá  hacia él. Repito lo que usted lanzó  en contra del candidato Sr. Frei, al día siguiente de realizada esa parodia de debate presidencial. En defensa suya, usted dijo, refiriéndose a su contendor: “cuando alguien comete bajezas, falta a la verdad y lo hace a sabiendas, es él quien se empequeñece y no el que recibe ataques que son infundados…. En la vida hay gente que le gusta ese tipo de conductas y a mí me gusta la política más constructiva, más limpia”. Su jefe de comando electoral agregó que: “…es grave que el informe lo haya hecho un funcionario del Ministerio de Hacienda, dirigido por Andrés Velasco, intimo amigo de Pablo Halpern y que Transparencia en Chile lo presida su también íntima amiga, Karen Poniachik … Algo huele mal y tienen que explicarlo a la ciudadanía”.

Eso es precisamente lo que todos esperamos de usted: una clara explicación o el reconocimiento de sus actitudes reñidas con lo que deseamos en un aspirante a la presidencia.
Santiago, octubre 5 de 2009.-

– El autor es Ingeniero Comercial y Escritor

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