Las personas asesinadas por el Ejército de Israel en Gaza llegan a más de mil trescientas y los heridos a más de cinco mil (a lo que debe sumarse la destrucción de hogares e infraestructura). Un número menor de esas víctimas serían combatientes. La gran mayoría son hombres no combatientes, mujeres, ancianos y niños palestinos. Asimismo, debe aclararse que todos esos seres humanos han sido asesinados y heridos por el ejército de Israel exclusivamente en las últimas semanas y sólo en Gaza… Me imagino que alguien ha de llevar la cifra total de las víctimas de décadas de ocupación y agresiones.
Frente a ese escenario, no dejan de ser “llamativas” las declaraciones que hiciera al comienzo de la presente ofensiva la ministra israelita de Relaciones Exteriores. Señalaba semanas atrás que la culpa del ataque y de las víctimas es de… Hamas. Sí, así como se lee, de Hamas. Las bombas y las balas son disparadas por israelíes, pero la culpa es del grupo palestino. ¡Vaya paradoja!
En primer lugar y en general, esas declaraciones dejan en claro que para ser ministro en Israel no hace falta ser genio. Ni mucho, mucho menos. En segundo lugar y en particular, si la iluminada ministra cree realmente en sus palabras, queda en evidencia que genio no es. Pero, más allá de si las cree o no, de todas maneras sus declaraciones manifiestan una miserable condición moral. Uno no puede dejar de recordar los pseudo argumentos de quienes legitimaban la desaparición forzada de personas, la tortura y los secuestros de la dictadura de Pinochet, con la sinrazón de que esas personas “algo habrán hecho”. Del mismo modo es imposible no acordarse de quienes afirman que las mujeres violadas son las reales culpables de ser agredidas sexualmente, pues ellas provocan a los hombres con sensuales vestimentas o caminando por lugares apartados y oscuros… Sin comentarios.
En mi humilde opinión, cuando se compara a los aturdidos con los miserables de corazón, lejos son más excusables los primeros. Ser necio es genético, ser ruin es una opción.
Ante los hechos de los que una vez más hemos sido testigos, cabe traer a colación un paralelo histórico… también una vez más. Desde mi perspectiva, la citada ministra y el Estado de Israel, no tienen nada que envidiar a… los nazis. Sí a esos mismos que nos hacen devanarnos los sesos para intentar explicarnos cómo puede llevarse a cabo tanta maldad de forma planificada contra seres humanos. Entre otros, contra los judíos. A propósito de las cruentas medidas de Israel, no son pocos los casos en que el ejército nazi “castigó” en distintos países ocupados a la población civil por los ataques de los partisanos que les hacían frente. Por cada soldado alemán muerto por la resistencia en alguna emboscada, los poblados cercanos al ataque “pagaban” con cierto número de fusilados u otras crueles represalias.
Ayer la culpa era, indudablemente, de quienes atacaban al ocupante alemán. Hoy la culpa es, indudablemente, de quienes atacan al ocupante israelita. Lástima por los nazis que a su Ministerio de Propaganda no se le ocurriera la cantinela de los “terroristas”; no hubiera faltado el desinformado o el intelectualmente manso que objetara a los partisanos de los diferentes países ocupados por ser cobardes e irracionales criminales. Lástima por los nazis que el Tercer Reich no haya sido el matón consentido de Estados Unidos.
En contar con un poderoso abogado —que además es un generoso proveedor de armamento de punta y de millones de dólares— radica la diferencia entre la barbaridad nazi y la israelita. He ahí gran parte de la diferencia entre perder una guerra y que sean juzgados quienes cometieron crímenes contra la humanidad, y mantener hace décadas una ocupación violando resoluciones de la ONU y los derechos humanos de toda una nación.
Esta historia —que nunca es poco remarcar que no se limita a estos últimos crímenes en Gaza— se ha vivido todos estos años bajo el silencio de la comunidad judía chilena. Tal vez me equivoque, ¡y no sabe Ud. cuánto deseo errar!, pero desde que tengo memoria uno puede escuchar a judíos a título personal lamentando o rechazando las acciones criminales del Estado de Israel contra el pueblo palestino. Con ocasión de estos acontecimientos en Gaza, sólo recuerdo haber oído declarar al presidente de las organizaciones judías en Chile su preocupación porque nuestro gobierno fuera imparcial con Israel… ¿Es que alguien pudiera ser parcial si se opone al asesinato masivo de civiles y a la destrucción de sus hogares? Parece que hay que apoyar a la patria, haga lo que haga, a riesgo de ser considerado traidor. ¿O es que aún es peor y se comparten sus acciones?… Insisto, ¡no sabe Ud. cuánto deseo errar!
El silencio (¿u apoyo por omisión?) ante los diversos crímenes del Estado de Israel contra los palestinos y por la ocupación, pueden llevar a los desprevenidos a creer que todos los judíos y los israelitas son sionistas. Por ende, todos fascistas. Parece altamente improbable tal conjunción y creo con firmeza que no es así. De hecho, durante muchos años en el propio Israel han sido encarcelados quienes se niegan a hacer su servicio militar en los territorios ocupados. ¡Vaya valentía y dignidad! ¡He ahí el verdadero heroísmo!
Se sabe que estas líneas pueden dar pie a la acusación de antisemitismo. Hace muchos años que los simplones y los astutos transforman el rechazo a las acciones criminales de un Estado, en racismo contra una etnia o en intolerancia religiosa. En tal sentido, obviamente debo hacerme cargo de que mi rechazo a los nazis es por mi antigermanismo y mi odio a la religión luterana. Lo mismo que mi crítica al estalinismo es por mi antieslavismo y mi odio al cristianismo ortodoxo ruso…
Huelga decir que tales acusaciones son absurdas. Mera propaganda para dejar tranquilos a los fanáticos y convencidos a los ignorantes. Propaganda tan insensata como lo son las afirmaciones que culpan a Hamas por los civiles masacrados por las balas y bombas disparadas por el ejército de Israel.
¿Dónde estarán los profetas judíos que fustigaban las injusticias de los israelitas?… Aunque, pensándolo bien, imagino que ellos hoy también serían acusados de antisemitas.
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