Orwell "1984": el misticismo de la crueldad
por Isaac Deutscher (1954)
20 años atrás 30 min lectura
Un agradecimiento especial al Dr. Hermes Benítez por el excelente trabajo de traducir este artículo desde su versión original en inglés.
Pocas novelas escritas en esta generación han conseguido una popularidad tan grande como “1984”, de Orwell. Quizás ninguna otra haya ejercido un impacto similar en la política. El título de la obra de Orwell es un término de oprobio político, palabras acuñadas por él –“neodecir”, “viejodecir”, “mutabilidad del pasado”, “ministerio de la Verdad”, “policía del pensamiento”, “criminopensar”, “doblepensar”, “semana-de-odio”, etc.- han entrado en el vocabulario político; aparecen en la mayoría de los artículos periodísticos y en los discursos antirusos y anticomunistas. La televisión y el cine han familiarizado a un público de muchos millones de personas, a ambos lados del Atlántico, con el rostro amenazante del “Gran Hermano”, y la pesadilla de una “Oceanía” supuestamente comunista. La novela ha servido como una especie de superarma ideológica de la guerra fría. Como en ningún otro libro o documento, el miedo convulsivo al comunismo, que ha barrido a Occidente desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, ha tenido su reflejo y su foco en “1984”.
n editor inglés haya sido lo suficientemente emprendedor como para haberlo reeditado.” (El ensayo concluía con estas palabras: “Es un libro que habrá que buscar cuando aparezca una edición inglesa.”)
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La lista de los puntos en que Orwell copia a Zamiatin está lejos de ser completa; pero dejemos ahora la trama de las dos novelas y ocupémonos de su idea de fondo. Al comparar a Zamiatin con Huxley, dice Orwell: “Es su captación intuitiva del lado irracional del totalitarismo (el sacrificio humano, la crueldad como un fin en sí, el culto a un jefe al que se le confieren atributos divinos), lo que hace el libro de Zamiatin superior al de Huxley”. Y es eso mismo, podemos agregar nosotros, lo que lo hace el modelo del de Orwell.
an Hermano. En el pasado, dice Orwell, la dictadura salvaguardaba la desigualdad; ahora la desigualdad salvaguarda la dictadura. Pero, ¿a qué propósito sirve, a su vez, la dictadura? “El partido quiere el poder simplemente por el poder … el poder no es un medio, es un fin. No se establece una dictadura para salvaguardar una revolución; se hace la revolución para establecer la dictadura. El propósito de la persecución es la persecución … el propósito del poder es el poder”.
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Como la mayoría de los socialistas ingléses, Orwell no había sido nunca un marxista. La filosofía del materialismo dialéctico le había parecido siempre demasiado abstrusa. De un modo más intuitivo que consciente, había sido un firme racionalista. La distinción entre marxista y racionalista es de cierta importancia. Contrariamente a una opinión muy difundida en los países anglos
ajones, la filosofía marxista no es racionalista: el marxismo no supone que los seres humanos sean guiados, por regla general, por motivos racionales, ni que se les pueda persuadir por medio de la razón a que se hagan socialistas. El mismo Marx inicia “El Capital” con su elaborada investigación filosófica e histórica de los modos de conducta y pensamiento “fetichistas” arraigados en la ‘producción de mercancías”, es decir, en el trabajo del hombre para el mercado y en dependencia de éste. La lucha de clases, según la describe Marx, es cualquier cosa menos un proceso racional. Eso no impide que los racionalistas del socialismo, a veces, se definan a sí mismos, como marxistas.
e interés de clase. Pero en esas generalizaciones marxistas, el interés de una clase social tiene al menos alguna relación específica con los intereses individuales y la posición social de sus miembros, aunque el interés de clase no represente una simple suma de los intereses individuales; mientras que en el Partido de Orwell no hay relación entre el todo y las partes. El Partido [para él] no es un cuerpo social movido por un interés o propósito, sino una emanación fantasmal de todo lo que hay de pérfido en la naturaleza humana. Es el fantasma del mal metafísico, loco y triunfante.
(*) Escrito en diciembre de 1954, y publicado al año siguiente como parte de la colección de ensayos titulada: Heretics and Renegades. Traducido del inglés por Dr. Hermes H. Benítez.
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