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Pequeña historia de un señor pequeño 

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En los lejanos años de la dictadura militar sucedieron muchas cosas que las caras sonrientes de los políticos actuales han echado al olvido. ¿Para qué ha de servirnos la historia sino es para saber de donde venimos y vislumbrar hacia donde vamos?

Entre los muchos documentos clandestinos que debí leer para el buen desarrollo de mis tareas anti dictadura figuran dos que ahora quiero traer a la memoria. Uno era el recuento detallado de como se preparó el golpe, con la activa injerencia del imperio por intermedio de tres militares que trabajaron con un tal Carvajal, en el tiempo de mi lectura, ministro de la junta. Resultó que el último en subirse al caballo del golpe se llevó el cetro, pues los miopes sin catalejos lo habían nombrado Comandante en jefe del ejército. Bueno sería que ese documento viera la luz ahora. Es en momentos de olvido cuando uno debe recurrir a la palanca de la memoria. Las nuevas generaciones deben saber quienes prepararon el golpe y como algunos civiles “democráticos” trabajaron para que el golpe fuera posible.

Recuerdo que se sabía que el anterior presidente (a Allende, se supone) creía, pobrecito él no sabe como murió, que se daba el golpe y los militares lo llamarían luego para que formara gobierno. En ese entonces de sobresalto permanente, de nuevas y terribles sorpresas, de descubrir que en el alma de Chile habitaban tamaños monstruos, capaces de los peores crímenes que hasta hoy nos horrorizan. En ese entonces de vida y de muerte, me entregaron un documento, tentado estoy de escribir: una fotocopia, pero en ese tiempo no había fotocopiadoras. El documento era una copia a mimeógrafo y en la comodidad de su pequeño triunfo había sido escrito por un gran señor pequeño que se apresta a servir y servirse como ministro del interior de un país que hace muchos años fue conocido como República de Chile y ahora es algo parecido a una colonia.

Recuerdo que en el documento descubrí la palabra avatares (plural de avatar). Ahora me doy el lujo de ir al diccionario y transcribirles su significado: avatar. (Del fr. avatar, y este del sánscr. avatâra, descenso o encarnación de un dios). 1. m. Fase, cambio, vicisitud. U. m. en pl. 2. m. En la religión hindú, encarnación terrestre de alguna deidad, en especial Visnú. 3. m. Reencarnación, transformación.

Dudo mucho que el señor de marras haya escrito “avatares”, delimitando su fría posición hacia la izquierda de aquel entonces, con el significado de fase o cambio. Mirados los hechos a que nos veíamos enfrentados en esos primeros tiempos de la dictadura todos quienes fuimos partípes del gobierno de Allende, la única conclusión es que para el futuro ministro del interior, avatares fue utilizado con el significando de vicisitudes. El defendía una posición de cálculo, una posición de golpista en la inhumana fórmula de no meterse con los avatares de la izquierda. Es decir no meterse con las vicisitudes de la izquierda.

En su segunda acepción el diccionario nos dice de vicisitud: Inconstancia o alternativa de sucesos prósperos y adversos. Para el pequeño señor Zaldivar, mientras la dictadura cortaba la historia de Chile a sangre y fuego en un antes y un después, mientras los dirigentes, militantes y partidarios del Gobierno Popular se jugaban la vida, mientras todas las libertades eran avasalladas, mientras todos los crímenes inimaginables eran cometidos por los hasta ayer considerados hermanos, el drama de la vida política, económica y moral de todo el país era visto como un simple avatar de algunos hacia los cuales no había que expresar solidaridad ni meterse con sus avatares.

Este demócrata que no respeta los derechos de los otros, será ministro del interior. Es como para esperar nada bueno del futuro gobierno. En verdad por sus actos los conoceréis y los actos de esta gente son bastante elocuentes. Ellos gobiernan para ellos mismos. Salvo que los problemas o se acumulan o se agravan. La pregunta es hasta cuando podemos soportar.

Si vemos que en otros países latinoamericanos los pueblos avanzan por senda propia, en abierto desafió a los designios del imperio, en cambio en Chile la coja democracia se apresta a continuar en la senda de entregar todo el país a la insaciable avaricia del norte. Saco fuerza de mi porfía, para imaginar el otro Chile que podemos ser y digo a todo pulmón Viva el otro Chile mierda!

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