La deuda pendiente con los de afuera
por Hernán Narbona V. (Chile)
21 años atrás 7 min lectura
En un párrafo de ese ensayo, evaluando nuestra responsabilidad en las actitudes que hoy tienen las nuevas generaciones, preguntaba: “¿Qué vamos a ser capaces de explicar a los hijos en términos de valores, de consecuencia con el respeto a los derechos humanos, si hemos sido precisamente un desmoronado castillo de naipes, arremolinado por la historia, disperso, enclenque, que claudicamos en muchos valores sustanciales a nivel personal?”
Ese artículo causó en su momento una gran polémica pues puso el dedo en una herida abierta. Hoy retomo el tema para hacer algunas precisiones y porque ha pasado mucha agua bajo el puente y hay aspectos omitidos que deben ser puestos en el tapete, provocando tal vez un debate más intenso que el anterior.
Cuando sostuve que en el exilio hubo personas que se aprovecharon de la hospitalidad y solidaridad inicial de los países europeos, no buscaba generalizar livianamente, sino reflejar muchos de los casos que conocí. Es justo hoy destacar que hubo una gran mayoría de compatriotas esforzados que supieron del rigor de la dictadura, sufrieron la imposibilidad de regresar a su tierra, se abrieron camino con esfuerzo y generaron nuevas raíces en los países que les acogieron, con hijos y nietos que ya sienten a Chile como una historia lejana.
He tenido oportunidad de recibir comentarios de muchos compatriotas sobre el tema del exilio, del retorno, del choque emocional que les ha significado a muchos tener que retornar a los países de exilio por no haber podido encontrar un espacio de reinserción en este país enfermo ahora de individualismo, de competencia salvaje, de desprotección, todo lo cual lo hemos asimilado sin darnos cuenta los de adentro, pero ha sido un gran choque para los chilenos que durante su exilio conocieron sociedades de protección y bienestar social.
He conocido de chilenos que perdieron todo, ellos y sus familiares que los avalaron, cuando fracasaron sus proyectos de retorno. He recibido testimonios de amigos que tuvieron que regresar a Europa con el amargo sabor de un plan de retorno impersonal y sin ningún criterio de reparación, con la pura y simple aplicación de las reglas del mercado.
Ese trato recibido del entonces Banco del Estado no fue el mismo que esa entidad ha otorgado a prominentes empresas y grupos económicos, lo que ha intensificado el sentimiento de frustración de nuestros compatriotas retornados con las autoridades de la recuperada democracia. Además, pesa sobre ese período una nebulosa sobre los destinos que habrían tenido los dineros procedentes del aporte que hizo el gobierno alemán para ayudar a la reinserción de los compatriotas de esa procedencia.
En ocasión de un nuevo período electoral, es preciso preguntarle a los integrantes de la clase política qué piensan o postulan para saldar la deuda moral que existe con el Chile de Afuera, la Región XIV de nuestro país, donde hay buenos chilenos que vivieron en el exilio y que siguen poniendo la cara y colaborando en bien del país en redes de ayuda y solidaridad que a veces ni los propios representantes de las Embajadas y Consulados pueden construir.
Cuando han pasado 16 años y aún se mantiene en el sistema electoral chileno el binominalismo excluyente, quizás sea el momento de provocar el debate sobre un tema de fondo que caracterizó a la transición chilena. Después que las fuerzas sociales, los dirigentes de base, los colegios profesionales, los poetas, artistas e intelectuales, pobladores y cesantes, generaran las protestas que abrieron paso a la recuperación democrática, aterrizaron en Chile las máquinas políticas como una verdadera fuerza afiatada de ocupación. Con recursos provenientes de la solidaridad internacional, con una agudeza enorme para articular partidos instrumentales, esos políticos renovaron los estilos de hacer política y se volvieron mediáticos, pragmáticos, excelentes administradores del sistema económico heredado, sin amenazar ni con la intención los pilares del modelo.
Al principio, la relación de los que estábamos adentro, en la brega democrática, con esos políticos que volvían era de reencuentro, de esperanza, pero, a poco andar se vio que su visión no era la que habían forjado durante esos años los que habían sufrido el régimen militar. Volvieron al poder los mismos apellidos de antaño, entrelazándose en una cofradía centralista y aristocrática. Metódicamente, han echado debajo de la alfombra jarrones rotos y promesas electorales.
Los compatriotas del Chile de afuera, informados de esta realidad a través de la escasa prensa independiente que resiste en la red, saben que Chile nunca volvió a ser el mismo y por ello se mantienen alejados, así sus descendientes vayan alejándose de esas nostalgias que ellos siguen atesorando en sus hogares lejanos.
COMENTARIOS DE LECTORES
* Lo que los sociólogos debieran investigar es que "somos de aquí viniendo de allá" y sólo pensamos regresarnos en la última etapa de la vejez, es decir, que como viejos elefantes buscaremos ese "allá" únicamente para morirnos. Los chilenos tenemos hoy una multicultura inimaginable; la pregunta: ¿cómo hacerla útil a nosotros mismos y a nuestro país natal?
* Extranjeros en nuestra propia tierra
Conde Valencia
Respetado señor Narbona: Soy un chileno que vive 23 años en Europa. Soy uno de tantos que emigraron durante los famosos años del plan laboral de la dictadura. En resumidas cuentas, soy uno de los tantos que se vieron afectados por la famosa Ley 18.032 de 1981 que abrió el acceso al mercado laboral portuario a toda la fuerza de trabajo del país, en unos momentos en que la cesantía llegaba a unos límites inaguantables.
Aquí en Europa he formado una familia y me he desarrollado aprendiendo a vivir, a pensar y ver el mundo con ojos diferentes. Mis cuatro hijos ya están grandes, el más pequeño ya tiene 18 años, dos de ellos ya me han hecho abuelo y aquí estoy, con la idea patente de algún día retornar a ese Chile que me vio nacer. Pero las cosas no son así de fáciles. Ya llegaron por aquí los sátrapas oliendo el dinero de nuestras pensiones de vejez para poder llevárselo y engrosar las cuentas de sus fallidas AFP y así tapar los hoyos de todo lo que han robado. El Gobierno suizo firmó un convenio con el Gobierno chileno para los asuntos relacionados con los aportes de dinero hacia nuestras pensiones, aportes que hacemos nosotros mensualmente hacia la caja de pensiones del Gobierno federal helvético. Este convenio fue firmado sin consultarnos ni tomarnos parecer. Lógicamente los chilenos residentes en este país hemos reaccionado, nos hemos juntado y hemos discutido sobre esto, pero como siempre sucede, ya es demasiado tarde para hacer algo en contra.
La embajada chilena de Berna jamás nos ha comunicado una decisión. Además que en la embajada trabajan personas que no son de nacionalidad chilena, las cuales nunca tienen tiempo para atendernos. En resumidas cuentas, no hay ningún tipo de contacto con la colonia residente.
Esto sucede también con nuestros hijos, que han nacido aquí, no son suizos ni chilenos. La embajada les da un documento de viaje que es válido sólo hasta los 18 años, después
de eso no pueden atravesar fronteras, porque el documento no tiene validez. A ellos no les queda más remedio que tomar la nacionalidad suiza y dejan de ser chilenos. Con estas condiciones, ¿cree usted posible que podamos retornar? Seguro que no.
Nuestros hijos sienten un resentimiento hacia nuestro país, sin haber, nosotros como padres, hecho algo para que sientan este resentimiento. Además que no tenemos ninguna garantía de que en Chile podamos rehacer nuestras vidas y volver a vivir como se vive allá. En resumidas cuentas, cuando viajamos a Chile somos extranjeros en nuestra propia tierra.
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