¿Qué vale más: el conocimiento o la vida humana?
por Hermes H. Benítez. (Canadá)
21 años atrás 5 min lectura
Cuatro preguntas acerca del valor de la ciencia actual.
Las recientes informaciones, profusamente difundidas por los distintos medios de comunicación del imperio, en torno a los desperfectos y reparaciones en vuelo de la nave espacial Discovery; y particularmente los datos revelados, al pasar, acerca de los millonarios costos de la "Estación Espacial" a medio construir, me han impulsado a acometer esta breve reflexión "por escrito" acerca del valor y significado de la ciencia y de la investigación científica en el mundo actual.
La cuestión que nos interesa dilucidar puede visualizarse por medio de una primera pregunta: ¿si acaso es moralmente justificable que las naciones más ricas y poderosas del mundo gasten miles de millones de dólares en la construcción de una Estación Espacial, de dudoso valor científico, mientras día a día miles de seres humanos que sobreviven en la periferia se encuentran condenados a morir prematuramente, a consecuencia del hambre y las enfermedades?
Por cierto, vivimos en un mundo atravesado de lado a lado por las desigualdades incubadas por la sociedad y la economía capitalistas, por el imperialismo, por las secuelas del colonialismo, por el insuficiente desarrollo económico y tecnológico de la mayoría de las naciones del planeta, etc.. Son estas desiguales condiciones las que hacer posible que las naciones así llamadas "ricas" puedan invertir cuantiosos recursos en proyectos científicos de todo tipo, entre los que se destacan aquellos que en inglés son colectivamente denominados como "big science", es decir, investigaciones que requieren del uso de gigantescos telescopios ópticos y radiotelescopios, telescopios espaciales como el Hubble, aceleradores de partículas, generadores de plasma, cohetes, naves y estaciones espaciales, etc., etc.
Ante esta situación tiene pleno sentido hacerse dos nuevas preguntas: ¿Cuántas personas hambrientas podrían haberse alimentado en el mundo con el dinero que las superpotencias han gastado por décadas en la así denominada "investigación espacial? ¿Cuántos hospitales podrían haberse construido en el Tercer Mundo con los "astronómicos" recursos invertidos en la construcción de cohetes, en viajes al espacio o a nuestro satélite natural? Pareciera ser una afirmación dificilmente refutable que el "conocimiento", con ser sumamente importante, no pude serlo más que la propia vida humana. Además, debe tomarse en consideración que en su mayor parte este "conocimiento" es generado en los laboratorios y universidades del Primer Mundo, al tiempo que sus aplicaciones tecnológicas benefician de modo enteramente desigual a las distintas naciones del planeta.
No creemos que el valor del conocimiento tenga que medirse simplemente por sus efectos utilitarios, puesto que el saber tiene un valor independientemente de que llegue o no a traducirse en aplicaciones prácticas. El deseo de conocimiento es un impulso esencial de la naturaleza humana, casi un instinto. Esto es algo innegable, pero de todos modos es válido hacerse una cuarta pregunta , por ejemplo, a propósito de los fantásticos descubrimientos astronómicos hechos posibles por el telescopio Orbital Hubble :¿qué importancia immediata puede tener el conocimiento de los orígenes del Universo o de la vida, comparado con la muerte cotidiana de miles de seres humanos?
Por cierto, no estamos hablando "en general" de la investigación científica, sino de la así llamada "investigación espacial" (que por algo es uno de los subproductos tecnológicos de la Guerra Fría); porque es manifiesto que la investigación médica y farmacológica, así como muchas otras (el proyecto Genoma, por ejemplo), se encuentran en una categoría diferente, en la medida en que contribuyen, directa o indirectamente, a disminuir el dolor y los padecimientos humanos, al orientarse hacia la búsqueda de conocimientos que permitan al hombre la curación de enfermedades como el cáncer, el SIDA, el Alzheimer, etc. Por desgracia es precisamente aquí donde es más abrumador el poder de las transnacionales para financiarm orientar y controlar a su antojo la investigación médica y farmacológica .
Los apologistas de la "investigación espacial" nos dirán, como es habitual, que nunca puede saberse de antemano cuáles serán los efectos de amplio beneficio humano que se generarán a partir de aquellos enormes gastos. Efectivamente, no podemos saber de qué forma los conocimientos obtenidos en tales investigaciones pudieran beneficiar a la humanidad toda en el futuro, al ser aplicados, por ejemplo, en forma de tecnologías médicas. Sin embargo sabemos, con certeza casi absoluta, que de no mejorar masivamente las actuales condiciones sanitarias y de nutrición de la mayoría de los países del mundo niños, hombres, mujeres y ancianos, seguirán muriendo por millones, especialmente en Africa, India y Latinoamérica. De modo que parece manifiesto que la investigación espacial representa una especie de "lujo" que pueden darse las naciones más ricas y poderosas, mientras los habitantes de casi dos tercios del mundo sobreviven, no sabe uno cómo, con poco más de 2 dólares diarios.
Es innegable que las más altas prioridades del capitalismo no son el conocimiento y el bienestar general humanos, sino la ganancia y el control sobre la naturaleza; tanto como lo es el hecho de que este sistema socio-económico pone los enormes poderes productivos de la ciencia y la tecnología fundamentalmente al servicio de los intereses y bienestar de las elites dominates en los grandes países industriales. De allí que las prioridades de la "big science" de estas naciones, con la excepción quizás del Proyecto Genoma, reflejen tan claramente la indiferencia de la sociedad capitalista hacia la salud, el bienestar y la vida de aquellos que, a pesar de constituir la inmensa mayoría de la población del planeta, se encuentran marginados de casi la totalidad de los beneficios generados por la moderna ciencia y tecnologías. No cabe duda que en un mundo verdaderamente humano se requerirá de una radical reorientación del uso de los recursos destinados a la investigación científica, especialmente de aquellos invertidos en la "big science", cuyas prioridades se encuentran hoy establecidas a partir de la óptica de competencia, egoísmo y exclusión, distintiva del capitalismo avanzado.
Esto empalma directamente con algo que dijera el viejo Marx en un bello discurso que pronunciara en inglés en 1856, que como muchas otras de sus observaciones se revelan cada día más aplicables a nuestros tiempos de neoliberalismo, globalización y capitalismo salvaje:
"En nuestros días todo parece preñado de su contrario. La maquinaria, dotada del maravilloso poder de acortar y de hacer más fructífero el trabajo humano, mata de hambre y exceso de trabajo al obrero. Las nuevas fuentes de riquezas, por obra de un extraño hechizo, son transformadas en fuentes de necesidad. Las victorias del arte parecen compradas a costa de la perdida del caráct
er. Al mismo paso que la humanidad domina la naturaleza, el hombre parece esclavizado por otros hombres o por su propia infamia. Incluso la pura luz de la ciencia parece incapaz de brillar sino lo hace en el oscuro trasfondo de la ignorancia. Todas nuestras invenciones y progresos parecen resultar en la dotación de las fuerzas materiales con vida intelectual, y en la estultificación de la vida humana en una fuerza material."(1)
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