Las catástrofes y los cambios profundos. El nuevo orden mundial. Parte II

Las catástrofes y los cambios profundos. El nuevo orden mundial. Parte I

Ahora bien, el nuevo orden mundial corporocrático-totalitario, en medio de la terrible pobreza, miseria y hambre que azota a centenares de millones en el orbe entero, y que empeorará, generará inevitablemente oposición y reacciones populares violentas, si bien de igual manera será aceptado por numerosos ciudadanos. De manera que el Statu Quo tiene que justificar y proteger a como dé lugar la imposición definitiva del orden en ciernes. Lo justifica, en términos generales, por la necesidad de alianzas-uniones globales estratégicas ante el supuesto gran peligro que para la humanidad representan  las catástrofes “naturales”, y las consecuencias ocasionadas por éstas aparentemente desbordan la capacidad de los Estados nacionales y su institucionalidad para hacer frente a la complicada situación. Aquí las empresas de “comunicación” juegan un papel fundamental, haciendo creer a la población que ante crisis como la de la COVID-19, por ejemplo, se deben acatar las medidas gubernamentales, debido a que aparentemente éstas van en beneficio del bienestar general, y su cumplimiento es fundamental para salir con éxito de la crisis. Se llega al extremo de generar terror, zozobra y paranoia en millones y millones de personas, y evidentemente un buen número aceptará casi cualquier plan o medida autoritaria, creyendo que así se cuidará efectivamente. Y como las actuales administraciones nacionales irán sucumbiendo al poder supranacional, también lo harán muchos individuos, que irán aceptando el nuevo orden mundial, convencidos de que es necesario para afrontar los “peligros” globales. A problemas mundiales, soluciones mundiales.

Y para proteger el orden delincuencial que pretende consolidar, cuenta la élite económica mundial con elementos como los siguientes:

1.- Toda una institucionalidad de carácter básicamente supranacional que velará por los intereses de las corporaciones, asumiendo que nada está por encima del gran capital.

2.- La defensa a ultranza, aunque cueste creerlo, que numerosos individuos del común harán de dicho orden progresivamente,  enfrentándose de forma verbal en el proceso a otros individuos. Por ejemplo, en el caso de la  pandemia por COVID-19 notamos como muchas personas han criticado y condenado a otras por no acatar diversas medidas sanitarias, económicas y sociales. Y lo más peligroso es que se pudiera llegar a la confrontación violenta de unos con otros, motivados por el instinto de supervivencia, que está siendo manejado perversamente por las élites y los Gobiernos.

3.- El apoyo incondicional de las fuerzas armadas, preparadas para intentar garantizar la estabilidad del nuevo orden a sangre y fuego y sin límites legales ni morales, a sabiendas que la brutal pobreza y hambre en crecimiento, desembocará a pesar de la justificación por parte del Statu Quo, en reacciones antisistema violentas y masivas.

4.- La transformación de la sociedad convencional en una de tipo virtual-cibernética, donde evidentemente habrá un mayor  control y vigilancia de la población por medio de cualquier herramienta de internet. Nadie que navegue en la red estará a salvo del alcance de la tiranía del Gran Hermano electrónico, aunque en realidad esto viene pasando desde hace décadas. Dicho sea de paso será una sociedad más excluyente y desigual, considerando por un lado el crecimiento notable del desempleo por una nueva especialización del trabajo y por el uso creciente de tecnología robótica en empresas públicas y privadas, y por otra parte la incapacidad de buena parte de la población para acceder, por ejemplo, a la educación, sanidad, comercio y banca electrónicos,  debido al aún alto grado de analfabetismo tecnológico y al progresivo elevado costo de equipos, dispositivos y un buen servicio de internet. En este orden de ideas cabe mencionar el uso progresivo-masivo de cámaras y otros dispositivos en lugares abiertos (calles, plazas y otros) y cerrados (instituciones, conjuntos residenciales, centros comerciales y otros) en todo el mundo, como estrategia bien útil para vigilar a la población y sus movimientos. Igualmente contarán las élites y Gobiernos con bases de datos  contentivas de todo tipo de información sobre cada ser humano, disponibles las 24 horas de todos los días para las agencias de seguridad e inteligencia, y para los cuerpos armados oficiales y mercenarios.

Ahora bien, ¿permitirá la humanidad oprimida que se consolide finalmente ese orden mundial, que generará mucha más miseria y hambre?, ¿no habrá un final feliz para la mayoría?, ¿triunfará de nuevo la maldad de los poderosos?

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