Isabel Díaz, olvidada luchadora política femenina

1 de marzo 2020
Isabel Díaz Albornoz fue una olvidada luchadora de la clase trabajadora femenina de comienzos del siglo 20. Siendo esencialmente costurera, su trabajo de agitación y organización del género la condujo a ejercer lo que hoy llaman periodismo de opinión o de trinchera. Fue la única mujer entre 55 líderes políticos confinados en Aysén por Carlos Ibáñez en 1927-1931. Algunos de estos confinados fueron personalidades conocidas, como Carlos Contreras Labarca, Justiniano Sotomayor, Ramón Sepúlveda Leal, Humilde Figueroa, Quintana Burgos, Neut Latour, el ingeniero agrónomo Humberto Mendoza (Jorge Levín) y otros.
      El 22 de febrero de 1927, siendo Ibáñez Comandante en Jefe del Cuerpo de Carabineros y, simultáneamente, Ministro del Interior del débil gobierno de Emiliano Figueroa Larraín, utilizó su poder «detrás del trono», por encima del jefe del Estado, para desatar una implacable persecución de anarquistas, comunistas, grupos socialistas (aunque el PS propiamente se fundaría en 1933), dirigentes obreros, izquierdistas de toda clase y prominentes figuras derechistas de los partidos conservadores, comenzando por el ex presidente Arturo Alessandri Palma, quien llevó a cabo un accidentado primer gobierno reformista en 1920-1925.
      El poder personal de Ibáñez se sustentaba en su cargo de jefe supremo de los recientemente inventados «pacos», vigilantes de la sociedad y guardia pretoriana personal. Un nuevo ministro de interior, Juan Esteban Montero, dispuso una amnistía en julio de 1931, muy cerca de la caída del desgastado dictador. Al retornar a sus ciudades confinados y relegados en diferentes localidades del sur se encontraron con sus pares en los vagones del ferrocarril. «Cuando llegamos a Temuco se estaba celebrando una gran manifestación de repudio a Ibáñez», recordó Elías Lafertte (1).
      Y allí reaparece la luchadora. Al ser puesta en libertad, en 1931, era una figura relevante del PC. Aunque no gozaba de sus simpatías, Lafertte relató: «Nos pidieron que designáramos un orador nuestro y entonces subimos al Club, Isabel Díaz, Contreras Labarca y yo. Cambiamos ideas y acordamos que había que atacar reciamente al gobierno de Ibáñez y al imperialismo».  (1)

Luchadora anónima

Isabel Díaz Albornoz, la única mujer confinada en Aysén, fue objeto del siguiente comentario de Lafertte en sus memorias: “Nos trasladaron a la Tercera Comisaría [1927], donde se nos unió Castor Vilarín, un dirigente del Partido que durante un tiempo había estado en bastante malas relaciones con nosotros. Esto se debía a que, dentro del Partido, había formado, con otros compañeros entre los que se hallaban Isabel Díaz, Pablo López y Roberto Pinto, un grupo fraccional minúsculo, pero muy prepotente. Funcionaban en un local de calle Maipú, se hacían llamar “maximalistas” y se creían depositarios de toda la sabiduría política del mundo” (1).
      El mismo Lafertte relata que fue compañero de confinamiento de Vilarín en la isla Más Afuera (Alejandro Selkirk), donde hizo esfuerzos para disuadirlo de un plan de fuga en un bote abandonado que reparó en secreto con otros confinados. La fuga se efectuó sin instrumentos ni equipos elementales de navegación, causó conmoción entre los sicarios que vigilaban a los confinados y le costó el puesto al jefe de los vigilantes. Los fugitivos desparecieron en el mar.
      Isabel Díaz Albornoz, según el Centro de Estudios Sociales Lombardozzi (2), fue una de las activistas más destacadas del socialismo y feminismo obrero en Chile desde comienzos del siglo 20. No escribió sus memorias, su vida no ha sido investigada y cayó en el olvido de su propio partido. Una de las pocas referencias documentales apareció en 1917 en el periódico antofagastino El Socialista cuando la menciona entre las figuras destacadas de una gran huelga en la pampa salitrera. Isabel estuvo entre las mujeres que se tendieron sobre los rieles para impedir el avance del tren con krumiros y militares.
      Por aquella época en que el machismo era muy fuerte en el liderazgo de la clase obrera chilena, Isabel promovía activos centros feministas-socialistas en el norte. Fue una mujer muy adelantada para la época que le tocó vivir. En 1920 integró en Santiago el Consejo Femenino, convirtiéndose en activa propagandista y promotora de la organización obrera femenina de la capital.
Hacia 1922, desde las páginas de la FOCH (Federación Obrera de Chile), Isabel llamaba a “todas las femeninas que sufren hoy la puñalada de los abusos y ven ceñirse sobre sus hogares la silueta del hambre y la miseria, contemplan sus hijos descalzos e ignorantes, deben acudir al llamado que le hacen sus compañeras de dolor, para que todas unidas, conquisten mejores días para sus hogares… Acudid, pues, compañeras del barrio a organizarse en la sección femenina que tiene su local en Andes 2146.”
      En una campaña pro-sindical entre las mujeres tejedoras de Santiago, hizo un llamado “A mis compañeras” a organizarse: “¿Has pensado alguna vez en tu emancipación y en los derechos que te corresponden? Jamás: sois siempre la eterna esclava, desde que naces hasta que mueres, y no haces nada por emanciparte y buscar tu mejoramiento.
      “Si tienes deseos de mejorar tu vida, ¿por qué no recurres a la organización? Anda, apresúrate a ingresar a la Federación Obrera de Chile, en donde se defiende a la mujer proletaria, a la mujer que sufre las explotaciones y vejámenes de la clase capitalista.
      “Compañeras de sacrificio: ven a la organización, te espera el Consejo Femenino para que estudies y te des cuenta de que debes ser más considerada que el hombre por cuanto eres la que crea la humanidad. Nuestra secretaría está en calle Andes 2146 en donde se encuentra el libro de registro para que firmes tu ingreso. Las reuniones del Consejo se efectúan los domingos a las 3 de la tarde en el local del Consejo de Tabacaleros, Maipú, 830.”
      En septiembre de 1923 en la asamblea general de la Junta Provincial de Santiago de la FOCH, Isabel Díaz hizo escuchar su voz representando al Consejo Femenino. Era la primera vez que una mujer cuestionaba a los directores de la organización obrera. En marzo de 1925 Isabel Días organizó la Semana Femenina, junto a Micaela Troncoso y Virginia Carvajal, futuros pilares de la Comisión Femenina del partido Comunista.
      La dictadura de Ibáñez detuvo a Isabel Díaz Albornoz por comunista y la confinó a la región de Aysén el 6 de junio de 1931 en un grupo de 55 relegados por orden de Ibáñez. A la caída de la dictadura, en una escala en Temuco durante el viaje de retorno a Santiago, el grupo comunista fue recibido con grandes muestras de cariño. Isabel Díaz ocupó la tribuna ante la insistencia de los obreros locales.
      De regreso en Santiago, como integrante de la Comisión Femenina del partido Comunista, formó con sus compañeras una Federación de Mujeres que buscaba aunar la lucha de clases con la de género. Representando a esta organización, Isabel asistió a una conferencia regional de la FOCH reseñada por su publicación:
      “La delegada de la Federación de Mujeres, Isabel Díaz, se quejó de la indiferencia que se tenía para con la mujer, no comprendiéndolas para nada en sus luchas, siendo que la mujer es un elemento precioso en la obra revolucionaria y ya se vio en Rusia que hubo regimientos de mujeres también que fueron a poner su pecho al frente al campo de batalla por el triunfo de la causa. La mujer, agregó, cuando se le enseña el cariño a la lucha, es mucho más valiente que el hombre hasta en la pelea callejera y cuando el marido está en huelga por ejemplo, no lo va a urgir, como lo hace una mujer indiferente, sino que se contenta con lo que hay y ayuda a sobrellevar las estrecheces y por ende al triunfo de los movimientos”.
      Con otras mujeres como Isabel Díaz, el PC participó en la formación del Movimiento Pro-Emancipación de las Mujeres de Chile, MEMCH (1935-1953), organización donde convivían diversas posturas, según Edda Gaviola, “expresadas en dos tendencias principales. Una proponía la transformación de la organización en el principal referente de las mujeres obreras y la otra sugería mantener la amplitud social, política y religiosa que había caracterizado al MEMCH desde su fundación”.
      Los conflictos intra partidarios de Isabel respondían al machismo. A los varones no siempre les gustaba su comportamiento. Era muy directa y frontal, actitud que solía molestar a sus camaradas masculinos quienes la etiquetaban como ahombrada o lesbiana. Aludiendo a estos conflictos, la dirigenta femenina PC Elena Pedraza, fallecida en 2008, la recordó así: “Isabel Díaz era una obrera, pantalonera, vestonera… Esta mujer era una vieja, de pelo blanco, muy grande. Le faltaban los dientes parece, pero para hablar era una feminista tremenda. Y por ser feminista, cómo les peleaba a los hombres, de igual a igual, esto es algo que yo pienso, podría hasta haberle pegado un puñete a un hombre, maciza. Me acuerdo que le corrieron, que era maricona… Estaba en el Partido y ella los enrostraba, la impresión que tengo, sobre todas las cosas de los hombres, la política del partido, de considerar a la mujer, de mirarla en un segundo plano”.
      Se ignora cuándo y en qué circunstancias murió Isabel. Ningún investigador se ha interesado en el personaje. Tampoco la recuerda su partido. No existe ninguna biografía, ni reseña de sus experiencias de lucha, de su legado a la causa feminista. Fue otra mujer invisibilizada. (Tomado de Islas-cárcel, castigo a la transgresión, CRÓNICA DE DOS SIGLOS DE VIOLENCIA POLÍTICA).
*Fuente: MapochoPress

Notas:
1) Elías Lafertte, Vida de un comunista.
2) Isabel Díaz Albornoz, Centro de Estudios Sociales Lombardozzi,
https://www.facebook.com/ignotusserantoni/posts/2414832945193488/

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