La Unión Europea usa a milicias árabes acusadas de genocidio para bloquear migrantes a Europa

A finales de mayo 15 personas murieron a balazos cuando intentaban huir de sus captores en Libia. Médicos sin Fronteras dijo que eran de Eritrea, Etiopía y Somalia. Estos migrantes por alguna razón quedaron atrapados en manos de traficantes y no tuvieron otra opción que escapar de sus captores. Los traficantes los asesinaron. Nunca conoceremos la verdadera historia, pero seguro que temían ser vendidos como esclavos para pagar sus deudas, no era la primera vez que ocurría.Estos desafortunados alcanzaron su fatal destino a través de Sudán. Tres mil kilómetros separan al Mediterráneo de la frontera de Eritrea. Desde allí solo hay que atravesar Sudán para llegar a Libia. Un territorio donde el Estado apenas existe desde que el régimen de Gadafi fue destruido. Es una de las razones de por qué este corredor se ha convertido en uno de los más transitados en el camino a Europa por jóvenes del cuerno de África. Ahora las autoridades de la Unión Europea están cerrando el corredor aliándose con el diablo. ¿Quién es sino la milicia árabe conocida como Yanyauid?

Esta milicia fue organizada por el gobierno sudanés para destrozar comunidades que no eran árabes cuando la crisis de Darfur. Los propios europeos les acusaron entonces de cometer crímenes de guerra, una de las razones de que Omar al-Bashir, el presidente sudanés, esté en busca y captura internacional. Pues bien, estas milicias genocidas, vaya por dios, están ahora trabajando para sus antiguos acusadores europeos. Su misión: bloquear el paso a Europa a estos jóvenes que huyen de la pobreza, la sequía o la violencia.

Fue el propio gobierno sudanés quien empezó a blanquear a estos criminales de la Yanyauid. Cuando su trabajo estuvo hecho en Darfur, Musa Hilal, el más famoso de sus comandantes durante la campañas genocidas de 2003 y 2004, fue nombrado comandante de la Brigada de Inteligencia Fronteriza. Alex de Waal escribe en su libro The Real Politics of the horn of Africa que el grupo fue creado para controlar a Hilal y poner discretamente a sus hombres a sueldo del gobierno. Pero ha sido Europa quien ha acabado el trabajo de convertir a estos criminales en policías decentes y respetables.

Por causas del destino, con el boom de refugiados, esta policía secreta se ha convertido en nuestro socio en política migratoria. Están trabajando mano a mano con la policía europea para parar la ola de refugiados. The New York Times ha reportado que la Unión Europea ha pagado 106 millones de euros desde 2016 para que Sudán controle el paso de migrantes “irregulares” con destino a Europa. Los policías europeos no están acostumbrados a hacer el trabajo sucio, les debe resultar desagradable, y pagan a otros para que se lo hagan. Esto ocurre lejos de sus fronteras naturales, donde apenas hay observadores independientes que velen por el cumplimiento de las leyes humanitarias. Bruselas quiere que el Presidente Omar al-Bashir acepte convertir a Sudán en uno de los centros de contención del tráfico humano en el cuerno de África. Organismos internacionales han recibido acusaciones de tortura y abusos cometidos a migrantes en Sudán. La situación es tan perversa que Europa parece estar pagando para que otros violen los derechos humanos en su provecho.

Según The New York Times los europeos hacen llegar los 106 millones comprometidos por el trabajo sucio en las fronteras sudanesas a través de pagos a organizaciones humanitarias y de caridad. Pero los policías locales que hacen ese trabajo cruel han reclamado reciente y públicamente su parte. Son ellos los que mueren en enfrentamientos con los traficantes, los que financian las operaciones, los que castigan, torturan y entregan para su regreso a los migrantes. ¿Por qué se van a llevar otros el dinero? Según informó Bloomberg el 13 de abril, Mohamed Hamdan, uno de los comandantes de las Fuerzas de Apoyo Rápido a cargo del control fronterizo lo dijo bien claro en una ceremonia de graduación de sus soldados: “deberían reconocer que nosotros hacemos el trabajo en lugar de la Unión Europea. Deberían reconocer nuestro esfuerzo y apoyarnos económicamente”.

Muchos de estos jóvenes a quienes los yanyauid cierran el camino en nombre de la policía migratoria europea deberían estar protegidos, porque huyen de situaciones de abuso físico, mental y sexual, pero en cambio son devueltos a los perpetradores.

Eritrea es uno de los mayores productores de refugiados, el mayor de África en términos relativos. Se calcula su número en algo más de medio millón, de una población que se estima entre 3,5 y 6,5 millones.

Los jóvenes huyen en masa ante la amenaza de cumplir un servicio militar obligatorio e “indefinido”. En Eritrea sabes cuándo empiezas el servicio militar, pero no cuando lo acabas, porque por ley los hombres pueden estar hasta los 50 años y las mujeres hasta los 40. Ha sido documentado que durante el servicio militar los reclutados son obligados a trabajar en obras públicas (se les paga 33 dólares al mes) o en condiciones de semi-esclavitud para oficiales de alto rango en proyectos privados. Mujeres han denunciado la explotación sexual llevada a cabo por oficiales del ejército. También castigos corporales y torturas. Es por detener a estos jóvenes que huyen de esta pesadilla por lo que los europeos pagan a los yanyauid. Con el agravante de que serán castigados, quizá torturados, cuando los entreguen de vuelta a las autoridades militares eritreas.

Hace unos días el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en lo que se considera una resolución histórica, impuso por primera vez sanciones a traficantes. Dos de ellos eran eritreos, el resto libios, todos ellos operando en el corredor sudanés con destino a Europa. Era una respuesta a crímenes de lesa humanidad, incluidos los 15 asesinados en las costas de Libia cuando huían.

La resolución del Consejo de Seguridad denuncia que se están cometiendo crímenes de guerra en Eritrea. Y acusa a Medhanie Yehdego Mered y Angoson Teame Akolom de manejar sus redes de tráfico con el conocimiento del régimen eritreo. Estos traficantes han convertido en un negocio oscuro y criminal el derecho a migrar. Han convertido a las personas sin derechos en mercancías con las cuales enriquecerse.

Es verdad que las últimas estadísticas muestran que los yanyauid reciclados están teniendo éxito en su nuevo empleo de guardianes europeos de las fronteras, como lo tuvieron en Darfur con sus atrocidades. La llegada de refugiados a Europa desde Libia ha decrecido en los dos últimos años, a pesar de que el número de refugiados en África sigue aumentando. A Europa llegaron 171.635 inmigrantes en el 2017, un 53 % menos que en 2016. Italia, a donde los refugiados suelen llegar desde Libia, ha conocido la cifra más baja de llegada en cuatro años. Los refugiados empiezan a sustituir la ruta de Libia por la de Egipto. El éxito del uso de los yanyauid como policía migratoria revela el naufragio del proyecto político europeo. ¿No eran los derechos humanos y el respeto a la ley humanitaria nuestras señas de identidad?

Fuente: TopoExpress

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