Los racistas son ignorantes

Las Constituciones son de papel y los fusiles de acero

La Constitución haitiana es una de las más avanzadas de América Latina: a pesar de ser firmada por un militar, el general Henri Namphi, y aprobada por el 68% de los ciudadanos, reconoce como lenguas oficiales el francés y el créole; crea una Comisión Electoral – el CEP- , independiente del Ejecutivo y del Legislativo; el régimen político es el semi presidencial, que consta de un presidente, un primer ministro y una asamblea legislativa; las elecciones son con ballotage; se garantiza el respeto a los derechos humanos, y se proscribe políticamente a quienes han atropellado los derechos humanos en la dictadura de Duvalier; por ejemplo, en 1990, el candidato Tonton Macoute Lafontaine fue recusado por el tribunal electoral, lo mismo ocurrió con Leslie Manigat, que no podía ser reelegido para un período inmediato y todos los poderes locales son elegidos popularmente. La verdad es que los militares se limpiaron  el  traste  con la Constitución, en la dictadura de Cedras.

Haití, hija de Francia y de África

Cuando el 6 de diciembre de 1492, Cristóbal Colón llegó a la Española creyó encontrar el paraíso de las utopías de Tomás Moro y Campanella: Santo Domingo – La Española – fue siempre disputada por españoles, franceses, ingleses, piratas y bucaneros; los nativos fueron aniquilados diezmados por las pestes y asesinatos y, en su reemplazo, llegaron los negros esclavos, traídos de Costa de Marfil, Guinea, Senegal y Mozambique, especialmente; cuando el esclavo no moría durante el trayecto, se suicidaba o trataba de huir, este es el origen del “maronage”; las mujeres buscaban el aborto para evitarle a sus hijos la vida miserable que les aguardaba.

Haití y el mito del buen salvaje

Montesquieu, en el Espíritu de las Leyes, critica la institución de la esclavitud; para Voltaire, Santo Domingo era mucho más valioso que Canadá, a la cual comparaba con “una bola de nieve”, por su inclemente invierno; Bernardine de Saint Pierre, en su obra Paul et Virginie, exalta el amor entre salvajes. En París se funda la sociedad de amigos de los negros, en la cual militaban, nada menos que Condorcet, Lafayette y el abate Gregoire, su lema era “todos somos negros esclavos”. Se sabe que Rousseau inventó el mito del buen salvaje, corrompido: el hombre nace libre, sin embargo, está lleno de cadenas.

Santo Domingo, la vida era muy distinta al ideal de los ilustrados: estaban los grandes blancos, dueños de las tierras y los esclavos; los pequeños blancos eran comerciantes que aspiraban a ser poderosos; otro lo formaban los mulatos, los negros libertos y los negros esclavos. La sociedad estaba extraordinariamente estratificada y las relaciones entre cada uno de estos grupos era de explotación y desprecio mutuo.

La primera nación de esclavos liberados

Toussaint Louverture, un ex esclavo liberado, logra derrotar  a las tropas españolas y, en 1778, es dueño prácticamente de Santo Domingo. Napoleón, como buen nepotista, nombra a su cuñado Víctor Leclerc como gobernador de la Isla; éste traiciona a Toussant, ordena detenerlo y lo deporta a Francia, país donde el precursor de la independencia fallece. Su sucesor, Jacques Dessalines, proclama la independencia de Haití el 1º de enero de 1804, en la Plaza de Gonaives. Así, se convierte en el primer país independiente de América Latina. Desde esa época ha sido tierra de asila para los héroes de la independencia latinoamericana: en 1806, Francisco Miranda vive en Haití y, en 1816, Simón Bolívar parte con 30 oficiales haitianos, desde el Puerto de Calles, a liberar la Gran Colombia.

Libertad y opresión durante el siglo XIX

A la muerte de Dessalines, Haití se divide en dos territorios: Ciudad del Cabo es un imperio, dirigido por el novelesco Henri Christopher, quien construye el famoso Castillo de Saint Sussy y en base a la explotación más brutal y sanguinaria pretende defender a Haití de toda invasión extranjera. Christopher se suicida empleando una bala de plata. Este personaje forma parte de El siglo de las luces, de Alejo Carpentier. El otro territorio, Puerto Príncipe, es gobernado por el presidente vitalicio, Pétion. Posteriormente, Jean Pierre Boyer logra que Francia reconozca la independencia de Haití, previo pago de una jugosa indemnización.

Durante todo el siglo XIX se suceden gobiernos militares, con intervalos de presidentes y liberales.

La ocupación norteamericana de Haití, (1915-1934)

            Haití redescubre su cultura durante este largo período de ocupación. El héroe, Charlemagne Peralta que forma guerrillas contra los invasores, es asesinado en 1919. El intelectual Prince Mars escribe varios libros sobre el vudú, sobre el idioma créole y la relación de Haití con la cultura africana – el créole es un idioma creado para confundir a los explotadores franceses, mezcla de palabras galas e idiomas africanos -, el vudú es una religión que sostiene la relación entre los vivos y los muertos; los ouganes son los sacerdotes vudú, quienes tienen un gran dominio sobre la comunidad; se puede afirmar que el 98% de los haitianos profesa, simultáneamente, el catolicismo o el protestantismo y el vudú.

Radiografía de una dictadura

En 1957 todo el mundo esperaba que ganara el blanco Luis Déjoie, hombre preparado y con apoyo de Francia, la iglesia católica y de Estados Unidos, pretendía instaurar la democracia en el país; su rival era un hombrecillo insignificante, que había servido, como médico, a los norteamericanos y que escribía libros de antropología; llevaba unos gruesos anteojos, que disimulación su casi ceguera; era tímido y aflautado en el hablar. Esta es la somera descripción de Francois Duvalier que, por la intervención del ejército, logró triunfar sobre Luis Déjoie, por 669.000 votos contra 286.000, respectivamente. El pueblo haitiano siempre llama con sobrenombres cariñosos a sus gobernantes, en este caso Papá Doc. La confusión entre un conflicto de razas y de clases ha caracterizado la historia haitiana: Papá Doc es el líder de los negros contra los mestizos; muy hábilmente se mostrará como el sucesor de Dessalines cambiando, incluso, el color de la bandera haitiana, de azul y rojo a negro y rojo; como el ejército ha sido siempre el amo de la historia de Haití había que destruirlo construyendo unas milicias privadas, llamadas Tontons Macoutes, similares a la DINA, CNI, GESTAPO, y otras. Era el viejo el viejo cuento del tío que, con un saco, se robaba a los niños que se portaban mal; en cada familia, en cada comunidad, había un Tonton Macoute que enviaba a la muerte a los opositores del régimen.

Todo marchaba bien para Duvalier: en el Caribe estaban en el poder sus amigos, los dictadores, Trujillo, en la vecina Santo Domingo, el cabo Fulgencio Batista, en Cuba. Duvalier vendía como esclavos a los haitianos, para explotar el las zafras en República Dominicana. Rafael Leonidas Trujillo asesinaba a los emigrantes haitianos, obligándolos a pronunciar la palabra “perejil”, impronunciable en español para quienes hablaban el francés como lengua materna. Francois Duvalier, como buen antropólogo, supo usar a los sacerdotes vudú en su favor, sólo le faltaba conquistar a la iglesia católica, lo que consiguió firmando un Concordato, por medio del cual podía nombrar a los obispos; demás está decir que el clero haitiano es uno de los más corruptos de América Latina. El amigo de Papá Doc fue asesinado en Santo Domingo, lo cual trajo desasosiego al dictador, descubriendo que los tiranos también mueren. Antes de fallecer Francois dejó un testamento que garantizaba la sucesión de su hijo, gordo mórbido y limítrofe, Jean Claude, llamado por el pueblo Baby Doc. De repente, todo cambió: los dictadores fueron cayendo paulatinamente, en Cuba, el cabo Batista fue derrocado por los guerrilleros de Fidel Castro, el “sapo con banda” Marco Pérez Jiménez, de Venezuela, fue reemplazo por los socialdemócratas de ADECO, en Colombia cayó el dictador Gustavo Rojas Pinilla; con el Papa Juan XXIII, el Concilio Vaticano II, Medellín y Puebla, el catolicismo optó por los pobres; en estados Unidos gobernó Jimy Carter, quien planteaba una política de respeto derechos humanos; Jean Claude Duvalier se vio obligado a permitir un asomo de libertad de prensa: fue la Radio Soleil, de la iglesia la que animó una campaña que terminó por precipitar la huida, a Francia, del atrasado mental y sanguinario dictador, quien dilapidó todo el dinero robado a los haitianos y ahora se plantea volver para las elecciones de 2006 –tiene tantas patas como un tal Daniel López Pinochet-.

La transición interrumpida

Como el ejército era la única fuerza organizada, a la caída de la dictadura de Baby Doc, toma el poder el general Henri Namphy, quien llama a elecciones en 1988, comicios famosos por el asesinato de varios electores. Posteriormente, Namphy es derrocado por los llamados “pequeños soldados”, militares populistas cuyo jefe, Joseph Hebreaux, analfabeto, que siempre aparecía en las fotos acompañado de un antiguo militar duvalierista, el general Avril quien, a su vez, derroca a Hebreaux y, posteriormente, es sacado por el pueblo nombrándose a la jueza de la Corte Suprema, Erza Pascal, quien solicita la ayuda de la Onu, de la OEA y del CARICOM, (Unión de países del Caribe), para llevar a cabo elecciones , el 15 de noviembre de 1990. El candidato predilecto de Estados Unidos es un ex ministro de Duvalier, Marc  Bazan llamado “Mr. Limpio”, por negarse a ser cómplice de los robos de la dictadura. No se esperaba un triunfo tan contundente de un cura de derechos humanos, quien en pocos meses de campaña logró un inédito apoyo popular, que lo llevó a un 65% en las elecciones más controladas por los observadores internacionales en la historia de Haití.

La continuación de esta historia de desencuentros es bien conocida: Aristide es derrocado por el Pinochet haitiano, general Cedras quien, a su vez, es sacado por sus amos norteamericanos y franceses, y repuesto Aristide. Por último, en 2004, Aristide es sacado del poder por estas mismas potencias después elecciones sucesivas en terremoto que desbasto la isla

Haití sigue siendo el paraíso de la corrupción por la droga: grupos armados secuestran y asesinan, el pueblo no encuentra el camino de la libertad y ninguna salida a la miseria. Al parecer, estos antiguos esclavos libertarios difícilmente saldrán del marasmo, sin embargo, es uno de los pueblos más creativos  de América,

Tenemos una deuda libertaria con Haití y su pueblo.


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