4 de septiembre, el verdadero día de nuestra Independencia

20 septiembre 2016

Quienes aún recuerden lo que era nuestro país antes del golpe de estado de 1973, recordarán que las elecciones del Presidente de la República se realizaban cada sexenio en un  4 de septiembre. Aunque el establecimiento de ese día, en los años 40 del siglo pasado, como la fecha de las elecciones presidenciales también tuvo otras causas, la más importante fue preservar en la memoria colectiva nacional un día crucial en nuestra historia: el verdadero día de nuestra independencia nacional. Entonces, el pasado 4 de septiembre, Chile debió celebrar el 205º aniversario de nuestra independencia y la fundación de Chile como república; vale decir, lo que es hoy.

En 1811, el primer Padre de la Patria, don José Miguel Carrera, proclamó nuestra independencia del coloniaje español, ordenando ese mismo día la elaboración de los primeros símbolos patrios, una bandera y un escudo nacionales. Pidió a su hermana Javiera coser las tres franjas azul, blanca y amarilla que formaron la bandera, lo que ella hizo con sus propias manos. Luego,  encargó a un artista criollo santiaguino pintar el primer escudo, diseñado por el propio Libertador. En él, descollaban las figuras de dos representantes de los primeros chilenos, los mapuches, entonces admirados en todo el mundo por su heroica e invicta resistencia al invasor español.

Carrera promulgó también nuestra primera constitución política, que consagraba el fin de la esclavitud, haciendo de Chile el segundo país del mundo sin esclavos, sólo después de Dinamarca. Proclamó también el derecho a la Salud y la Educación por igual para hombres y mujeres (algo entonces inédito en toda América Latina), y encargó al cura Camilo Henríquez –el Padre del periodismo chileno- la publicación del primer periódico nacional, “La Aurora de Chile,” que anunció ante el mundo el nacimiento de Chile como una nación libre y soberana y orientada en lo político-filosófico  según los principios de la Revolución Francesa.

¿Qué había pasado un año antes, el 18 de septiembre de 1810?. Pues, todo lo contrario. Un escuálido grupo de criollos se habían reunido en Santiago, poniéndose a la cabeza de un cabildo público. Estaban divididos en dos facciones: los criollos y españoles residentes en Chile fieles a la monarquía española, i. e., los partidarios de la continuidad del coloniaje. El otro grupo, minoritario, eran los independentistas. El acta que se firmó luego de finalizado el cabildo, reflejó sólo el pensamiento de los realistas. En breve, tal documento, señalaba que la colonia, a raíz de la invasión y ocupación de España por Napoleón  y la captura del rey-emperador, sería administrada por sus “fieles súbditos” coloniales. Un poco de historia:

Aunque emperador y militarista, Napoleón Bonaparte era el adalid de la nueva era. Su fin era, antes de morir, dejar establecido en Europa el régimen republicano igualitario, laico y parlamentario según lo establecía la Declaración de los derechos del Hombre y del Ciudadano, proclamada al mundo por la Revolución Francesa.  Napoleón ocupó toda Europa, incluidos los estados vaticanos, y, naturalmente, no podía faltar España. Al caer España antes los ejércitos napoleónicos, las colonias pasarían a ser propiedad del imperio francés, o bien sus protectorados. Sin embargo, también podrían independizarse y negociar con Napoleón tal alternativa. Lo más importante era  librarse del ultra conservador, anacrónico y reaccionario dominio español. La ocupación de España por Napoleón daba a los patriotas la gran oportunidad, y sabrían aprovecharla.

En verdad, el 18 de septiembre de 1810 no había sido más que un vergonzoso freno a aquellas ansias libertarias. Por eso es que a muchos académicos extranjeros que he conocido sorprende que la independencia de Chile, a diferencia de todos los demás países latinoamericanos, se celebre un día en que los realistas declararon que el territorio chileno seguiría siendo una colonia gobernada por ellos en nombre del rey y de acuerdo a las leyes dictadas por el monarca para la colonia. Sí, lo repito, ¡por el rey de España!, el máximo representante de la explotación y pillaje imperial, la Inquisición, la opresión, la dependencia, la prohibición comercial y la esclavitud.

Fue José Miguel Carrera, quien un año después de aquella ignominia, el 4 de septiembre de 1811, barrió por las armas con la “Junta de Gobierno” y sus huestes armadas, y declaró nuestra más total independencia. Sin embargo, el imperio no había muerto. Napoleón cometió un gravísimo error. Invadió Rusia y, al igual que la Alemania nazi, tuvo allí una desastrosa derrota. Ya ven cuán internacional siempre ha sido la política. Luego de re-armarse, el “amado rey” recuperó la colonia 3 años después, después del desastre patriota en Rancagua, en 1814. “La Patria Vieja” había terminado, y se iniciaba “La Reconquista.” El “amado rey” impuso un régimen sin precedentes en crueldad y opresión, y así, muchos patriotas fueron fusilados o enviados a las cárceles. Se eliminaron todas las reformas sociales introducidas por Carrera, se repusieron las siniestras oficinas del santo Oficio (La Inquisición), la esclavitud, y se persiguió a muerte a los independentistas. Eran los tiempos en que se le puso precio a la cabeza del más valiente de los valientes, el patriota guerrillero Manuel Rodríguez, quien no dejó jamás de luchar, manteniendo viva la llama de la Libertad.  Los patriotas se reorganizaron fuera y dentro de Chile y en 1817 asestaron un decisivo golpe al imperio en Chacabuco, y un año después José de San Martín derrotó a los realistas para siempre en Maipú.

En suma, aquel breve período, llamado Reconquista, fue sólo transitorio, porque Chile ya había sido un país libre de régimen republicano en 1811. Durante todo el gobierno de O’Higgins (1818-1823) el Día Patrio era el 12 de febrero, honrando la victoria en Chacabuco. Sin duda, las lamentables disputas entre Carrera, Rodríguez y O’Higgins (que terminaron con el asesinato de aquellos dos), llevaron el 4 de septiembre, el día de nuestra real independencia, al olvido. Triste coincidencia es que Carrera fuera fusilado en 1821, justo también un 4 de septiembre. Los patriotas fueron todos desplazados o asesinados, aunque fuese entre ellos mismos. O’Higgins, fue depuesto, y un año después de su caída, en 1824, Freire, cedió a las presiones de la aristocracia realista (aún activa hasta entonces) y declaró dos fechas nacionales: el antiguo 12 de febrero y  el 18 de septiembre. Por supuesto, Freire, otro patriota héroe de muchas batallas, también fue derrotado por las mismas fuerzas conservadoras que impusieron el 18 de septiembre como el Día Nacional. Inexplicablemente, se nos lo impuso para siempre.

-El autor, Haroldo Quinteros Bugueño, es Profesor universitario, Doctor en Educación

*Fuente: Edición Cero

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