Chile: Una nación de idiotas

21 Junio 2015

No acaban de disiparse  en el aire los fragores del triunfo sobre Bolivia; la exacerbación y el paroxismo de la victoria, del triunfalismo, del chauvinismo, del patrioterismo barato no se han extinto.

Por el contrario, nos indican el predecible y  trillado derrotero que seguirá la opinión pública, la agenda nacional o como diantres -¡los paniaguados de toda laya que trabajan para el sistema y su reproducción perpetua!-: periodistas y otros profesionales que están al servicio de las corporaciones que poseen y controlan  los mass media, quieran denominar a la  secreción que  deriva  de la sistemática  manipulación de las conciencias.

¿Seguirán hablando de Arturo Vidal o de Alexis Sánchez, como los paradigmas que nuestra  juventud  debe admirar y emular?. ¿O regresaremos, demasiado pronto,  a las teleseries  turcas y a la rutina de esclavo, como tal ignorante  e insensible de sus cadenas, su miseria, su degradación?.
El fenómeno no es insular ni atípico; ni propio ni exclusivo de nuestra idiosincrasia mestiza, que todavía avergüenza reconocer como realidad.

Se trata de comprometer a la Nación entera, en el cumplimiento de un objetivo que sería  conquistar  un  laurel deportivo, una copa  o  una  corona; incentivando  en la audiencia  o teleaudiencia  el pathos de que si no se  logra  se corre el riesgo de  un derrumbe cósmico, de un apocalipsis social, político, económico; y  que si se consigue: los dioses  se  habrán apiadado de la suerte de  quienes  nunca han “tocado las estrellas”, para que cada  boca  pueda proclamar “ganamos”, en el momento del clímax. Si parecen aspersores de baba los que tienen que saturarnos, con sus majaderías y sus nonadas.

Al escuchar a los  vociferantes relatores deportivos; y a los delirantes  y  fervorosos comentaristas, que nos regalan sesudos y brillantes  análisis sobre los detalles más  nimios y las anécdotas  más banales de cada uno de estos partidos de fútbol, queda la  impresión de que  la vida, la historia, el fin último están en juego; que en cada una de  estas  justas, es todo o nada; y  que el Olimpo espera a los hijos del barro, quienes  agraciados por un talento de origen  ignoto, son erigidos como ídolos…¿Será cierto que Prometeo regaló el fuego a los  mortales; o todo es mentira?

Las sardinas del TranSantiago, del Metro;  la mano de obra  con nula calificación, condenada a sueldos irrisorios; las empleadas domésticas, vejadas a diario; los  prisioneros de las cárceles  de pobre;  los subcontratados y las subcontratadas  al  arbitrio de los empresarios que engordan sus fortunas y sus cuerpos; los mapuches oprimidos, encarcelados- ni hablar de los asesinados-; los estudiantes de liceos municipales destinados a la trituración; los obreros y campesinos, que dejan su cuerpo y alma en cada jornada; amén de toda la fauna  de este país de  contrastes abismantes:  por una vez  en su vida opaca e insignificante, salen del anonimato para “alcanzar la gloria”. 

De suyo es global,  como se suele decir hoy día; pero la paradoja es que: por la perversión con que actúa el mercado omnipotente, algo que convoca a  millones, ha  llegado a  convertirse  en una amalgama de masa y multitud, donde pareciera se pierde el individualismo  y el egoísmo de la gratificación personal, para asumir  un rol  de responsabilidad histórica,  y  llegar a  convertirse- cada  individuo- en copartícipe de la cristalización de un destino superior y definitivo que compromete a la Patria. obtener una copa de fútbol.

Mas  todo es un espejismo que dura lo que  demora en cocinarse  un resultado, ya sea  favor o en contra; los que sacan cuentas  alegres son los titiriteros, que hacen uso de su macabro arte- ominosa abstracción y coartada- que ha servido para los más terribles  crímenes de que se tenga memoria.

Chile, no obstante, no se congrega para luchar por la reconquista de la independencia, para expulsar a  los parásitos del Estado y del gobierno, para recuperar nuestros recursos naturales, en definitiva  nuestra soberanía, nuestra libertad, nuestra  dignidad. Chile, se ha convertido en una nación de idiotas.

En  cuanto a la etimología de la  palabra: idioté; es decir aquéllos que, para los griegos antiguos, no se preocupaban sino de los asuntos privados- nada más privado que  ver un partido de fútbol disfrutando  un asado en familia  o con los amigos; o  siendo un factor anónimo, una variable que  no tiene ningún peso específico en la definición de lo radical que atañe al país; por ejemplo: una nueva  constitución.

Conforman el  monstruo de millones cabezas, que  se apodera de las ciudades y  los coliseos, en que tiene lugar esta catarsis a la inversa; y se despreocupan de lo público, como si  no tuvieran sino importancia la concreción  y realización plena de lo  primero por sobre  los último: que es vital que  fulano o zutano anote  un gol, antes de que o en vez de que  yo me decida a expulsar a los administradores del modelo pinochetista-guzmaniano; olvidado por completo que la  libertad y la dignidad tanto de los individuos como de los pueblos,  se  fragua en el compromiso con el destino colectivo, desde  la conciencia cultivada y libre, esgrimiendo  el  discernimiento, el análisis, la ruptura con lo dado como válido en sí mismo.

Les hacen creer que  es  compromiso total y  colectivo con el país; los llevan a  devenir energúmenos que se disfrazan con una camiseta; a bárbaros que  gritan y saltan por doquier, e invaden las calles y las avenidas; o si las  entradas son más caras: a una concurrencia ABC1, que participa del circo romano porque sabe  que es  una distracción para  pasar el tiempo y nada más que eso.

*Fuente: El Clarin
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