Felipe Berríos, el tábano de los fariseos mercachifles

Este sacerdote jesuita tiene la cualidad muy escasa en este país, dominado por ricos y fariseos, y llama al pan pan y al vino vino y, es decir, una especie de “tábano” que cala hondo en esta mediocre e hipócrita sociedad chilena: en primer lugar, les cantó claro a algunos príncipes de la iglesia, heredera de Constantino y al servicio de los ricos, diciéndoles que “la Iglesia ha lucrado creyéndose la dueña de la salvación y lucrar con eso… la mayoría dice que cree en Jesucristo, pero en el fondo, cree en el Dios del consumo, pero crea un vacío enorme”, que Berríos no hace más que decir la verdad de una Iglesia que, hace mucho tiempo, negó el legado de Fernando Vives, Alberto Hurtado y Raúl Silva Enríquez; en el fondo, hay dos iglesias: la de los “millonarios de Cristo” y la que vive pobre entre los pobres, representada por sacerdotes como Mariano Puga, Alfonso Baeza, Esteban Gumucio y muchos más, incluido el padre Berríos – en el caso de la iglesia de los pobres, el cristianismo la profecía de la igualdad.

En segundo lugar, el Felipe Berríos se lanza más fuerte cuando se pronuncia a favor del matrimonio igualitario: “¿Cuál es problema del matrimonio homosexual? Los homosexuales son hijos de Dios. Él los creó homosexuales y lesbianas, y Dios está orgulloso que lo sean… ¿Por qué no pueden ellos casarse? Basta ya. El problema está en nosotros, que no los entendemos. No en ellos”. Tan osadas declaraciones han desatado el odio y el rechazo de una serie de fanáticos religiosos, que citan, por ejemplo, las Epístolas de San Pablo como si en verdad pudieran aplicarse a una sociedad mucho más desarrollada intelectualmente, como la actual.

En tercer lugar, se va directo contra el clasismo, al referirse a la reforma educacional, impulsada por el actual gobierno: “Lo que me llama la atención de la reforma educacional es que no toca un tema que para mí es central: el clasismo. Mientras haya clasismo en Chile, cualquier cosa que se haga saldrá mal… Lo que tiene que cambiar es que los colegios pagados privados dejen de discriminar a los alumnos. Cómo es posible que en este país haya colegios particulares y algunos católicos que cobran matrículas de incorporación a los papás. ¿Para qué? Para discriminar económicamente”.

En cuarto lugar, toca el tema de las clínicas privadas, distinguiendo lo lícito de lo moral: “Es lícito que la Universidad de Los Andes construya un hospital en la cota mil. Es lícito que la Universidad Católica construya un hospital en San Carlos de Apoquindo. Pero es inmoral. Cómo va a ser moral que se construyan dos hospitales existiendo otras clínicas en el sector alto de la capital y habiendo menos hospitales en la periferia”. Las respuestas de las clínicas aludidas han respondido en forma bastante ridícula, como que junto a las clínicas “a todo cachete” tienen consultorios en los barrios pobres para “los rotitos”.

Sobre el tema del aborto, sus declaraciones son bien lúcidas. “La Presidenta dijo algo muy interesante: que la sociedad chilena está lo suficientemente madura como para conversar los temas y que no haya alguien que decida por ella. Eso me parece viable”.

Remachó su intervención en el programa El Informante rindiendo un homenaje al valioso intendente de la Araucanía con expresiones como “demos gracias a Dios de tener un intendente como Huenchumilla…el Estado chileno le robó la tierra a los mapuches”.

Si la Iglesia chilena tuviera varios padres Berríos no estaría tan desprestigiada como lo está en la actualidad y podría dejar de ser “la ramera de Babilonia” – como la llamaban los cátaros – y volver a sencillez que, otrora, predicara su fundador.

26/06/2014

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