La culpa también es de Boric
por Miguel Torres Romero (ile)
8 meses atrás 5 min lectura
Mientras la izquierda siga explicando sus derrotas como malentendidos, traiciones o manipulaciones externas, seguirá perdiendo. La política no castiga la falta de pureza. Castiga la falta de eficacia. Kast llegará a La Moneda no solo por lo que prometió, sino por lo que el gobierno dejó de hacer.
La victoria de José Antonio Kast no cayó del cielo ni puede explicarse únicamente por un supuesto giro conservador de la sociedad chilena. Tampoco basta con invocar el miedo, la inseguridad, la desinformación o el anticomunismo, que efectivamente existieron, como causas externas. La extrema derecha llegará por primera vez a la presidencia en democracia y no es solo porque supo capitalizar el malestar, sino porque alguien lo administró mal. Y en esa administración fallida tiene una gran responsabilidad el gobierno de Gabriel Boric.
Durante cuatro años, una parte del oficialismo insistió en presentarse como un proyecto moralmente superior, portador de una verdad histórica y ética que parecía eximirlo de rendir cuentas políticas ordinarias. Esa posición, eficaz en la protesta y en la épica generacional, resultó profundamente ineficaz e incluso contraproducente en el ejercicio del poder. Gobernar es producir orden, previsibilidad y sentido común. Y ahí el gobierno falló.
También implica tomar decisiones impopulares, sin dejar de comprender una regla básica de la política. Cuando se llega al poder, lo primero que debe cuidarse es la propia base. No por sectarismo, sino por supervivencia política. Ningún proyecto resiste si erosiona el vínculo afectivo y simbólico con quienes lo llevaron al gobierno.
El episodio del “perro matapacos” es ilustrativo en ese sentido. No por el símbolo en sí, sino por lo que reveló. Al desmarcarse públicamente y calificar esa figura como “ofensiva y denigrante”, Boric no solo intentó moderar su imagen ante sectores que nunca lo aceptarían del todo. Envió, además, una señal de distanciamiento a un electorado que había construido identidad, memoria y épica política en torno a esos símbolos. En política, ese tipo de gestos no se leen como madurez institucional, sino como abandono.
Ahí aparece otro error recurrente: la confusión entre ampliación y sustitución. En vez de sumar nuevos apoyos sin perder los propios, el gobierno buscó legitimarse frente a un centro y una derecha que jamás le concedieron crédito político real. El resultado fue una doble pérdida. No convenció a los escépticos y desmovilizó a los convencidos.
Este problema, además, fue comunicacional y estratégico. El gobierno habló hacia arriba, a las élites, a los medios y a los observadores internacionales, mientras dejaba de hablarle con claridad y convicción a su electorado original. Cada giro fue explicado como maduración y cada rectificación como aprendizaje. Para amplios sectores sociales, sin embargo, eso no fue crecimiento, sino desorden. Y el desorden, en política, siempre es funcional a la derecha dura.
A eso se suma una ausencia casi total de autocrítica, particularmente en el Frente Amplio. Incluso después de la primera vuelta, cuando las señales del desgaste eran evidentes, predominó la idea de que cualquier cuestionamiento interno debilitaba al proyecto. La reflexión crítica se postergó una y otra vez, siempre para después de la elección, como si reconocer errores fuese una concesión inadmisible. Esa actitud, más cercana a la arrogancia que a la convicción, terminó desconectando aún más al oficialismo de un electorado que sí percibía los límites del gobierno. Esta desconexión se cristalizó en un discurso público que, lejos de remediar el problema, lo agravó.
En esta elección, la centroizquierda no perdió solo por errores de gestión, sino por una forma de comunicar el poder que erosionó la legitimidad de la política progresista. Se habló mucho de derechos y poco de deberes. Mucho de identidades y poco de Estado. Mucho de horizontes y poco de control. En un contexto de inseguridad, crisis migratoria y desconfianza institucional, se optó por la pedagogía moral cuando la ciudadanía demandaba conducción política.
Kast no ganó porque convenciera a la mayoría de que su proyecto era mejor, sino porque logró encarnar en la idea de control, una promesa básica que el gobierno abandonó. Control del territorio, del conflicto, de la frontera y del relato. Frente a un Ejecutivo que parecía pedir comprensión permanente, la extrema derecha ofreció certeza. Falsa, autoritaria y peligrosa, pero certeza al fin.
El oficialismo tampoco supo leer el clima emocional del país. Persistió en una narrativa épica cuando el país estaba exhausto y perdió al votante periférico, popular y despolitizado. Se habló de dignidad, pero no de miedo. De justicia social, pero no de inseguridad cotidiana. De futuro, pero no del presente. Ese vacío fue ocupado sin resistencia por un discurso simple, binario y punitivo.
La candidatura de Jeannette Jara fue, en ese sentido, una víctima tardía de un ciclo ya agotado. Cargó con los costos de un gobierno que no supo cerrar su relato ni asumir a tiempo sus límites. La campaña oficialista nunca logró despegarse del balance de Boric porque Boric nunca logró ofrecer un balance convincente de sí mismo.
Decir que la culpa también es de Boric no es un gesto revanchista ni una concesión al discurso reaccionario. Es una condición mínima para cualquier reconstrucción democrática del progresismo. Mientras la izquierda siga explicando sus derrotas como malentendidos, traiciones o manipulaciones externas, seguirá perdiendo. La política no castiga la falta de pureza. Castiga la falta de eficacia.
Kast llegará a La Moneda no solo por lo que prometió, sino por lo que el gobierno dejó de hacer. Y esa es una responsabilidad que no se puede seguir eludiendo sin consecuencias.
*Fuente: ElMostrador
Artículos Relacionados
‘Hangar rojo’: película muestra a oficial FACh en medio de conflicto moral entre cumplir órdenes u obedecer a su conciencia
por Pedro Schwarze (
4 meses atrás 4 min lectura
«Esta es una batalla por nuestra memoria histórica»
por CNN (Chile)
16 años atrás 1 min lectura
El legado del «infame» Señor Zelaya
por Elias Vera Alvarez (Suecia)
17 años atrás 11 min lectura
El infierno de los republicanos españoles exiliados en África del Norte
por Laurent Perpigna Iban (Francia)
5 años atrás 11 min lectura
Cuba, una Gaza silenciosa
por Ariela Ruiz Caro
3 días atrás
09 de agosto de 2026
Marco Rubio ha declarado explícitamente que el plan de Estados Unidos consiste en una campaña de máxima presión constante: “Cada vez que creen un nuevo mecanismo para intentar salir del lazo (cerco), simplemente lo cerramos”.
Texto completo de la Constitución de la República Popular China (2018)
por
3 días atrás
09 de agosto de 2026
Los ciudadanos de la República Popular China tienen el derecho y el deber de recibir educación.
El Estado promueve el desarrollo integral -moral, intelectual y físico- de los niños, adolescentes y jóvenes.
Ejecución de niños palestinos con un solo tiro
por Maud Effting y Willem Feenstra (Holanda)
5 días atrás
07 de agosto de 2026
Los médicos de Gaza observaron un patrón inquietante: niños con una única herida de bala en la cabeza o el pecho, un indicio de que habían sido blanco de ataques deliberados. Así se desprende de una investigación de De Volkskrant, que habló con los médicos, que se encuentran entre los últimos testigos presenciales internacionales.
Denuncian en Chile una operación de propaganda marroquí contra el Frente Polisario y la causa saharaui
por Asociación Chilena de Amistad con la República Árabe Saharaui Democrática (RASD)
7 días atrás
06 de agosto de 2026
La Asociación Chilena de Amistad con la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) rechazó el uso de un encuentro realizado en Santiago para difundir acusaciones contra el Frente POLISARIO, atacar a Argelia y promover la propuesta marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental.