Chile la defraudación de la soberanía popular
por Rafael Luis Gumucio Rivas (Chile)
15 años atrás 8 min lectura
¿En qué consiste el arte de la construcción de sistemas
electorales en una democracia representativa?
Se trata de buscar una relación, lo más perfecta posible,
entre los electores de un determinado Distrito y los electores: Los técnicos
electorales toman el mapa y el resultado del censo y el padrón electoral, y
dividen al país en Distritos o circunscripciones .siempre hay distorsiones que
favorecen a unos y perjudican a otros
Maurice Duverger planteaba las siguientes hipótesis en la
relación entre sistemas electorales y sistemas de partidos políticos: 1) en los
sistemas a una vuelta, por ejemplo, Inglaterra, corresponde un sistema de dos y
medio partidos, laboristas, conservadores y liberales minoritarios, estos
últimos, al aliarse con unos o con otros, permiten la formación de gobiernos.
En un sistema mayoritario, cada distrito elige un diputado, que obtiene la
primera mayoría. 2) En un sistema mayoritario a dos vueltas, es decir, en la primera
se presentan todos y en la segunda las dos primeras mayorías, hay un sistema de
partidos políticos moderados, entre cinco y ocho agrupaciones -un caso modélico
es Francia -. 3) en el sistema proporcional están representados todos los
partidos que tienen votación parlamentaria y, normalmente, existe una
multiplicidad de agrupaciones políticas. Complementa su análisis con los
partidos únicos, como el comunista, (en la Unión Soviética) y
los nazis, (en la Alemania
de Hitler); por último escribe sobre el partido "pivote" o mayoritario, en una
democracia pluralista. Es el caso de la Democracia Cristiana
chilena que, en 1965, obtuvo el 42.5% de los sufragios y 80 diputados entre 150
escaños.
Esta ingeniería política no cumple, necesariamente, con la realidad
de los países y partidos políticos; por ejemplo, en la RDA, (Alemania comunista),
pervivió un simulacro de pluralismo con la CDU y el SPD, aunque estos partidos eran,
absolutamente, funcionales al régimen. En el sistema proporcional, en algunos
casos, se ha impuesto un bipartidismo, como en Colombia, después de la
dictadura de Gustavo Rojas Pinilla, en que el poder fue repartido, en períodos
iguales, entre liberales y conservadores; sólo en los últimos períodos se
quebró el esquema y ahora han surgido más 36 partidos políticos con nombres
fantasiosos. En Venezuela, el ADECO, (Acción Democrática), y COPEI, (Democracia
Cristiana), alternaron el poder hasta que aparecieron dos partidos nuevos, el
MIR y el MAS de Teodoro Petkoff y, finalmente, la República Bolivariana,
de Hugo Chávez.
Chile, una historia de la defraudación de la voluntad
popular
En todo el siglo XIX, prácticamente no existió
representación de la oposición en el parlamento. El Presidente nombraba a
diputados y senadores a su amaño. En 1831, José Joaquín Prieto obtuvo 201
electores, contra cero de la oposición; en 1841, apenas se expresaron nueve
opositores a Manuel Bulnes; en 1861, José Joaquín Pérez obtuvo 191 electores,
contra 58 de los opositores; en 1871, Federico Errázuriz obtuvo 221 contra 58
electores de Urmeneta; en 1881, Santa María obtuvo 293, contra 12, del victorioso
Baquedano; en 1886, Balmaceda obtuvo 334, contra 6 de José Francisco Vergara.
En el senado hubo senadores de oposición hasta 1870, en que fue elegido un puñado
de conservadores, entre ellos, Joaquín Walker Martínez y Abdón Cifuentes; en la
cámara hubo, al menos, una minoría de
diputados, que llegó a 65 en la legislatura 1876-1880. Los Presidentes mandaban
a los gobernadores a robarse las urnas e inventar resultados; no era necesario
cohechar, pues bastaba con hacer votar a los muertos y, a golpes, forzar a los
díscolos. La democracia era una burla, por demás Portales y Santa María se
limpiaban con la
Constitución, una niña que debiera ser siempre violada, según
el primero.
El sistema binominal no es ninguna invención de Pinochet
Cuenta mi abuelo, Manuel Rivas Vicuña, en su Historia
política y parlamentaria de Chile que, en 1912, el más antidemocrático de los
diputados, el nacionalista Alberto Edwards Vives, historiador, autor de la Fronda aristocrática,
propuso un proyecto de ley electoral en que dividía a Chile en pequeños
distritos y en cada uno de ellos se elegían dos diputados, es decir, se
provocaba un empate entre alianza liberal y coalición conservadora, total, daba
lo mismo: todos los diputados pertenecían a la oligarquía, la lucha doctrinaria
había desaparecido y sólo quedaban los intereses de la aristocracia; el
binominal actual cumple la misma función: hay senadores y diputados
prácticamente vitalicios, que son gamonales, caudillos sin carisma y dueños de
su distrito. Me pregunto: ¿Qué diferencia hay entre los silencios de Eduardo
Frei Jr. y don Fernando Lazcano, dueño de Curicó; ambos son vitalicios en sus
respectivos distritos; lo mismo ocurre con los diputados: ningún aparecido
puede desbancar a quien, por 17 años, se ha dedicado a regalonear a su borrego
electorado y serían tontos dejar de mamar por un ideal sistema proporcional;
estas guaguas tendrán teta hasta que la muerte los separe.
Sobre los otros argumentos, como que un tercio es igual a
dos tercios, me los pasaré por ahora, pues serán repetidos por estos días,
hasta la saciedad; que el binominal elimina las minorías es tan evidente como
creer en el misterio de la Santísima Trinidad. Al fin, Chile no es una
democracia, al máximo, le podríamos poner el apellido de tutelado o protegida;
lo de la soberanía popular y el gobierno de los ciudadanos es más falso que
Judas; por lo demás, Pinochet y Jaime Guzmán nunca creyeron en esta
paparruchada que, para ellos era el voto popular. Es perfectamente congruente
que esta monstruosidad le encante a Carlos Larraín, una especie de "patrón de
fundo" a la antigua, pero no lo puedo entender en los demócrata cristianos y
algunos apitutados socialistas.
El sistema proporcional con cifras repartidoras, según el
método matemático de D´Hont
Este método fue aplicado, en la historia republicana de
Chile, desde 1925 a
1973. Las cifras repartidoras favorecían siempre a los partidos mayoritarios:
primero a la derecha, después a los radicales y, finalmente, a los demócrata
cristianos. Para ser elegido, el respectivo partido o pacto electoral debiera
colocarlo en los primeros lugares de la lista; además, la Constitución proponía
un diputado por cada 30.000 habitantes, por consiguiente, había que aprobar el
censo para cambiar la proporción, absolutamente desequilibrada entre distritos
rurales y urbanos, cambio que no convenía a la derecha. Sólo al fin de la
república se llegó a 150 diputados y 50 senadores.
La división del mapa electoral también era un tanto absurda,
por ejemplo, Santiago tenía un número desproporcionado de diputados respecto a
las provincias; en la misma Región Metropolitana, el rural segundo distrito,
con 595 000 electores, elegía el mismo número de diputados que el tercero, con
930.000 electores y, el primer distrito, correspondiente al centro de Santiago,
elegía 18 diputados con 647.000 electores; incluso, se dio el caso de un
regidor que fue elegido con cero votos, arrastrado por sus compañeros de lista.
No cabe duda de que el sistema proporcional se amolda mucho
mejor a la historia política y cultura partidaria nacional, y sus defectos son
menores a los sistemas mayoritarios, que no se aplican en ningún país de
América Latina.
Las reformas electorales entre gallos y medianoche
Salvo la "libertad electoral", lograda después de una guerra
civil, en 1891, que permitió la creación de un sistema político de cinco o seis
partidos, (liberales, liberales democráticos, conservadores, radicales y
demócratas), la mayoría de las reformas electorales se han logrado gracias a la
ausencia de parlamentarios que las obstaculizaban; cuenta don Manuel Rivas
Vicuña que los diputados jóvenes pudieron imponer un reforma electoral,
aprovechándose de las ausencias de los ancianos diputados. En 1958, el Bloque
de saneamiento democrático, compuesto por radicales, socialistas y falangistas,
pudo hacer aprobar la cédula única, sorprendiendo a liberales y conservadores.
Sólo las últimas reformas, que permitieron el voto de los analfabetos y de mayores de 18 años, lograron unanimidad
permitiendo el crecimiento del universo electoral, factor que hizo posible el
triunfo de Salvador Allende. Respecto al voto de las mujeres, en 1949, esta
reforma no tuvo ninguna oposición de la derecha pues, al comienzo las damas, influidas por los curas,
votaban por los conservadores.
Es falso que el sistema proporcional siempre favoreció la proliferación de partidos políticos
La proliferación de partidos pequeños tiene más que ver con los gobiernos
autoritarios o "despelotados" como el de Carlos Ibáñez, donde hubo 29 partidos
políticos, que con el sistema proporcional que, en 1973, sólo tuvo nueve
partidos; por lo demás, gracias a los pactos electorales en las elecciones
presidenciales de 1973, terminamos con dos grandes combinaciones: La CODE (Confederación
democrática, compuesta por nacionales, demócrata cristianos y otros partidos
pequeños), y la Unidad
Popular, integrada por comunistas y socialistas, más
radicales, mapus e izquierda cristiana.
En el sistema pluralista de partidos siempre los presidentes
estuvieron obligados a gobernar con combinaciones: en el Frente Popular,
radicales, comunistas y socialistas; en el gobierno de Ibáñez, socialistas
populares, agrario laboristas y, posteriormente, liberales y conservadores.
Sólo Frei Montalva gobernó en base a un partido único, que fue perdiendo,
paulatinamente, el apoyo popular.
Todos los partidos chicos terminaron siendo absorbidos por
los grandes: los demócratas y agrario-laboristas, por los demócrata cristianos,
los Mapu e IC, por el PPD y el partido socialista; los conservadores
social-cristianos, por los demócrata cristianos, y así, suma y sigue. La verdad
es que el sistema proporcional se mantuvo con un número de partidos políticos
muy similar al actual binominal, por consiguiente, es discutible la hipótesis
de que los sistemas mayoritarios, mecánicamente, favorecen a las grandes
combinaciones; por el contrario, el binominal tiene el efecto perverso de
provocar la lucha entre sus mismos partidarios y obligar a hacerse "harakiri"
entre personas que, se supone si es que piensan, debieran tener unos mismos
intereses. También obliga a matrimonios donde predomina la violencia doméstica,
como es el caso entre Renovación Nacional y la UDI, y entre la Democracia Cristiana
y los socialistas.
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