La madre de todas las batallas
por Ricardo Riquelme Alvaro (Chile)
7 años atrás 6 min lectura
Qué duda cabe que el pueblo está cansado, que se está haciendo escuchar y que esta multitudinaria movilización social va mucho más allá de ser tan sólo una “conmoción emocional”, como la definiera un erudito columnista del diario El Mercurio.
Es evidente que estamos asistiendo a una de nuestras peores crisis como sociedad. Son muchas las demandas que se han instalado a lo largo de todos estos años y en términos generales sus contenidos ya son por todos compartidos. Pero me temo que a pesar de la gran explosión social que se está produciendo y de las largas jornadas de marchas, protestas, caceroleos, incluidos el vandalismo, los saqueos, etc., con un gobierno de derecha al frente, las propuestas de solución siempre serán insuficientes o tenderán a ser las mínimas necesarias para calmar los ánimos y con el único objetivo de aplacar la convulsión social. Aunque cabría señalar que con un gobierno de centro izquierda o de otro color político la ciudadanía tampoco podría darse por satisfecha en el cumplimiento de sus demandas. Esto se debe a que, para lograrlo en gran medida, se requiere realizar cambios estructurales. Y para que ello ocurra existe una piedra de tope: la Constitución Política de la República.
El ciudadano común se confunde, ya que tiende a pensar que por el sólo hecho de ejercer su derecho a voto basta para estar en democracia. Pero en el fondo su decisión no es relevante, ya que independiente de quien sea elegido (del sector político que sea), el poder lo seguirá ejerciendo el poder económico.
En momentos como estos y habiendo sido testigo de la evolución del proceso político chileno desde los tiempos de la dictadura, no puedo evitar que resuenen en mi mente los argumentos planteados por el propio Jaime Guzmán en los momentos en que se validaba la constitución de 1980, quien abiertamente señalaba que, aunque el juego tendría una apariencia “democrática”, la cancha estaría diseñada de tal forma que siempre habría sólo un equipo ganador (la derecha), lo cual estaría garantizado por las reglas del juego (la constitución). Esto significa que la constitución le garantiza una permanente ventaja a su equipo por sobre el rival, lo cual -continuando con la analogía-implica que la cancha siempre estará inclinada a su favor y que el equipo contrario siempre jugará con el viento en contra, o bien que el arco del equipo rival será más grande que el arco propio.
Lo anterior se traduce en que, independiente de la coalición política que esté en el gobierno, siempre terminan siendo los de un mismo sector quienes en buenas cuentas dirigen los destinos del país, es decir quienes concibieron la constitución.
Y por si lo anterior fuera poco, el diseño de la constitución contempla elaborados mecanismos para trabar las modificaciones y especialmente para impedir su reemplazo. Por cierto, que a la fecha ya se han realizado una serie de reformas, pero estas no han sido suficientes, ya que su esencia antidemocrática prevalece hasta hoy.
Algunas de las características permanentes de la constitución son que cada vez que el ciudadano común se ve enfrentado a alguien que tiene poder pierde y no permite establecer sistemas efectivos de control y/o de regulación para evitar el abuso. Los políticos no pueden tomar decisiones que afecten el poder económico, lo que ha contribuido a su desprestigio ante la ciudadanía. Sólo permite rectificar o perfeccionar (la educación, el sistema previsional, el de salud, etc.), pero no permite realizar transformaciones importantes. Permite a la derecha utilizar al tribunal constitucional para frenar cualquier intento por evitar los abusos. Se requiere de unos quorum muy altos para aprobar leyes y reformas constitucionales. Además de otras trabas que no se visibilizan directamente en el texto, pero que se concretan en su aplicación.
La constitución es el origen, la causa de la desigualdad y de los abusos. Una de las razones por las cuales la demanda de una nueva constitución no prende fácilmente en la ciudadanía tal vez se explica en que el ciudadano no alcanza a asociar directamente el abuso que experimenta a diario con el problema constitucional. Pero a la luz de los últimos acontecimientos que están sacudiendo a nuestra sociedad, la ciudadanía está comenzando a visualizar que en la constitución es donde se definen las reglas del juego, que contiene la trama sobre la cual se configura nuestro sistema político e institucional y es en donde se definen tanto la forma como los límites dentro de los cuales se desarrolla nuestra democracia.
Un primer paso será lograr que la ciudadanía toda asimile la idea del “que” hacer para afrontar esta crisis, luego se tendrá que llegar a un gran acuerdo social y definir la forma de hacerlo, es decir el “como” superarla.
No pretendo ser majadero, pero sin temor a equivocarme me atrevo a anticipar que las medidas adoptadas por el presidente Piñera y las que pueda proponer más adelante, serán pan para hoy y hambre para mañana. Ya se ha comprobado que el sistema siempre termina maltratando a la gente. Las reglas del juego están del lado de su sector político y ello les permitirá seguir controlando los destinos del país de acuerdo a su conveniencia. Para salir adelante de esta crisis se requiere efectuar cambios importantes, algunos de ellos estructurales, los cuales de antemano sabemos que la derecha no estará dispuesta a realizar.
Que el presidente declare que ha escuchado la voz de la gente, en ningún caso significa que aceptará algún cambio en las reglas del juego. Eso no sucederá, ya que el cambio de constitución es un tema que la derecha ha evadido durante todos estos años. El peor escenario posible para emprender un cambio de constitución es bajo un gobierno de derecha. Sencillamente porque ellos fueron quienes la diseñaron y la implementaron pensando en beneficiar a su sector, aunque ello fuera en perjuicio del resto.
Los intentos del proceso constituyente iniciado durante el segundo período de Bachelet no fueron suficientes y quedó inconcluso por distintas razones, una de ellas fue la baja en el apoyo hacia su gobierno. También debemos considerar que para la clase política la prioridad ha sido permanecer en el poder, aunque ello fuera en desmedro de las demandas ciudadanas.
Quizá cuánto tiempo más los ciudadanos tendremos que seguir tolerando los abusos, dependerá en buena medida de los intelectuales, políticos, artistas, profesionales, comunicadores y todos aquellos líderes de opinión que con una visión de país asuman la tarea de transmitir al pueblo la certeza de que en el trasfondo de las demandas subyace el problema constitucional. Será fundamental incluir a las organizaciones sociales y por cierto que a toda la ciudadanía, para llegar a un acuerdo mayoritario en el cual se incorpore el ya imperativo cambio por una constitución democrática.
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