La educación "malvada": los palestinos en los libros escolares de Israel
por Andrés Monares (Chile)
13 años atrás 4 min lectura
Salvo l@s inconscientes portadores de viejas doctrinas de la incurable y siempre activa maldad humana (como l@s actuales neoliberales, quienes rechazan intentos de reforma social a través de la educación), en general estamos acostumbrados a ver en la enseñanza un medio de mejora individual y social. Situamos en ella amplias esperanzas: posibilidades de movilidad social y mejora de la calidad de vida, formación para la paz y la ciudadanía, crecimiento personal, descubrimiento y ampliación de múltiples saberes, etc.
Pero, no pocas veces olvidamos que la educación en sí es un medio. Ella, en la práctica, es un conjunto de metodologías que se utilizan para comunicar y hacer que l@s estudiantes internalicen contenidos. Por lo cual, finalmente, la relevancia está en esos contenidos y no en las metodologías (por mucho que pataleen l@s metodólog@s fundamentalistas que tanto abundan hoy).
Y esos contenidos, no son solo «materia». Son formas de comprender y conceptualizar la realidad que guían o influyen en la conducta cotidiana de l@s estudiantes. Es de la mayor importancia entender que la educación no sólo construye la realidad, también y/o por sobre todo la legitima. La educación, a pesar de que muchas veces se haga de manera inconsciente, sigue elaborando como en la antigua Grecia una «paideia«, la totalidad de la cultura de un pueblo. Y esa forma de ver y vivir en el mundo es correcta y legítima para quien porta esa forma de ver y vivir en el mundo.
Por supuesto que pueden haber, y de hecho ha habido y hay, diversas oposiciones y/o críticas en todos los grupos humanos a las propias formas de ver y vivir en el mundo. No obstante, ellas se dan asimismo dentro de esa estructura cultural. Para dar un solo ejemplo: Marx recurre a la tradición occidental moderna para criticar la economía clásica o a Smith; no inventa otra filosofía de la historia, antropología o teoría del conocimiento.
Al comprender a la educación como el medio de “convertir” a niñ@s y jóvenes en partícipes de los supuestos básicos y de los no tan básicos de un pueblo, se insiste, es fácil entender la relevancia de los contenidos transmitidos en la educación.
Como decía el famoso educador Paulo Freire: «La educación no cambia el mundo: cambia a las personas que van a cambiar el mundo». Quien conozca la obra del autor, sabrá que cuando habla de “cambiar el mundo” se refiere a transformar las estructuras de explotación. Mas, ese cambio igualmente puede ser para “mejorar” el mundo de otros modos. Conocido es el muy singular afán “altruista” del nazismo, al proponerse limpiar el mundo de razas inferiores o de la dictadura chilena de “extirpar el cáncer marxista”. Coincidencias similares en cuanto a “bondad” se pueden encontrar en las purgas estalinistas, en la vuelta al campo de Pol Pot en Camboya, en la supremacía blanca de los afrikaaners sudafricanos, en el piadoso y cruento afán estadounidense de llevar la democracia y el libre mercado a todo el mundo o en el peligroso nacionalismo de cualquier otra nación que endiose el patrioterismo. En estos y en otros muchos casos que Ud. pueda considerar positivos, la educación es evidentemente un “arma” de propaganda y concientización.
El video que adjuntamos en esta nota es un documental donde Nurit Peled-Elhanan habla de su investigación relacionada con el contenido de los libros didácticos de Israel. La investigadora israelí muestra cómo esos libros son elaborados para apoyar el relato sionista y formar a los niños israelíes según los prejuicios racistas. Prejuicios que les facilitarán a futuro su actuación como militares del Estado Judío de Israel, por ejemplo en los territorios ocupados.
Aunque se hable muy poco del racismo sionista y de su búsqueda de una supremacía judía en Palestina, étnica y/o religiosa, no por ello deja de ser una dolorosa y preocupante realidad. Parte de ese singular silencio, sin duda se explica en un recurso propagandístico reforzado por la educación: quien critique la política criminal del Estado Judío de Israel es un antisemita. Y si quien critica es una o un judío/israelita, sin duda será una o un judío que se odia a sí mismo o un títere del fundamentalismo musulmán.
Para finalizar, el mayoritario apoyo de los israelíes a las políticas de expansión, colonización y ocupación del Estado Judío de Israel se debe a su educación: en el miedo, el odio, el racismo y en la ignorancia. El silencio cómplice que much@s judíos por el mundo mantienen respecto a esas políticas criminales, puede especularse que se fundan en lo mismo. Por curioso y en realidad triste que sea, l@s judí@s de Israel fueron educad@s en el sionismo. La explícita maldad de un@s se complementa con la fidelidad de otr@s a su educación sionista. He ahí porque gente decente puede explicar o apoyar cosas indecentes. Como dijo un guardaespaldas de Pinochet devenido a alcalde: la guerra hace que personas buenas hagan cosas malas… Pero, lo peor, es que ellos y otros las legitimen y hasta las ensalsen.
Sin embargo, afortunadamente, existen much@s judí@s que se oponen a esas indecencias: pacifistas, religios@s, laic@s, objetores/as de conciencia, etc. Y una forma de oposición es dejar en evidencia esa educación, como lo hace Nurit Peled-Elhanan.
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