Según la versión oficial israelí, los puentes y la central eléctrica han sido destruidos para impedir que los milicianos que secuestraon al cabo Shalit puedan trasladarlo. Mirando los escombros causados en pocas horas de reocupación, es evidente que no es así: Israel quiere demostrar la omnipotencia de sus armas y, como afirma el presidente palestino Abu Mazen, castigar al pueblo de Gaza.
El unilateralismo israelí.
Israel tiene el ministro de Defensa más pacifista de la historia del país. Amir Peretz, como fundador de Paz Ahora, pedía el retiro desde Gaza y hoy, como ministro, vuelve a ocupar este territorio palestino junto a Ehud Olmert, el delfín de Ariel Sharon que gestionó el retiro el año pasado. Para la derecha, desde las columnas del diario Yediot Ahronot, es fácil acusar al gobierno de no tener un plan, “ni para los secuestros, ni para los lanzamientos de misiles Qassam, ni para el previsible gobierno palestino de unidad nacional entre Fatah y Hamas”.
La semana pasada, el llamado “documento de los presos” había abierto las puertas al diálogo intrapalestino y hacia Israel. En la cárcel de Hadarim, Fatah, Hamas, Jihad Islámica y el Frente Popular de Liberación han firmado un acuerdo que lleva a Hamas a reconocer implícitamente la existencia de Israel en las fronteras de 1967. Es un documento importante, orquestado por el más prestigioso de los 8.500 presos palestinos, Marwan Barghouti.
El terrorismo del Tsahal no es la única cara de la desesperación de Gaza. En los hospitales de una Franja con un 78 por ciento de pobreza, la tercera parte de los niños que mueren por “enfermedades banales” que –denuncia UNICEF– se podrían curar si a los hospitales pudieran llegar medicinas, médicos y aparatos sanitarios. Israel ha bloqueado las transferencias fiscales, es decir, las tasas pagadas por los mismos palestinos pero gestionadas por los israelíes. El bloqueo europeo, estadounidense e israelí hace que médicos, maestros y otras categorías de trabajadores públicos hayan llegado al cuarto mes sin cobrar. Es la paradoja de una medida pensada para castigar al pueblo palestino por su voto democrático de enero de 2006.
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