Articulos recientes

Al navegar en nuestro sitio, aceptas el uso de cookies para fines estadísticos.

Noticias

China, Ciencia - Técnica, Derechos Humanos, Humanidad, IA, Robotica

El humanoide que baila, el brazo que trabaja y la cuestión del valor que plantea

El humanoide que baila, el brazo que trabaja y la cuestión del valor que plantea
Compartir:

Imagen superior: ¿Hacia dónde va el mundo?  Rentabilidad bursátil a corto plazo por un lado, atención a una sociedad que envejece por el otro: la verdadera línea divisoria de la automatización está en aquello que orienta la inversión.

26 de agosto de 2026

Más allá de las proezas técnicas y de la guerra comercial aparece otra cuestión: qué finalidad orienta la inversión

EnglishEspañolFrançaisItalianoDeutsch

Rentabilidad bursátil a corto plazo por un lado, atención a una sociedad que envejece por el otro: la verdadera línea divisoria de la automatización está en aquello que orienta la inversión.

El 25 de agosto, Nikkei Asia informaba de que Washington acababa de dejar al descubierto su propia dependencia. Al incluir en julio los robots móviles avanzados en su lista de vigilancia con el objetivo de repatriar la producción, la Federal Communications Commission reveló hasta qué punto los fabricantes usaméricanos dependen del hardware chino.

Los actuadores, que controlan los movimientos y representan entre el 40 y el 60 % del coste del hardware de un humanoide, proceden en gran medida de China, al igual que la mayoría de las baterías, los lidars (sensores láser de detección y medición de distancia) y los controladores de motores. Los analistas consideran muy difícil alcanzar el umbral exigido, más de un 65 % de componentes nacionales en valor para 2028. Una cifra resume la situación: de 31 investigaciones universitarias usaméricanas recientes, 28 utilizan robots chinos de Unitree.

La rivalidad entre Washington y Pekín no es una puesta en escena. Es real, material, y China domina buena parte de la cadena de componentes, no únicamente el escaparate mediático.

Detrás del humanoide está el brazo

Esta dependencia, sin embargo, no nos dice dónde se está produciendo realmente la transformación industrial.

El cambio pasa por el brazo robotizado y por la línea de fabricación mucho más que por el androide. Las cifras de la Oficina Nacional de Estadística de China permiten medir la magnitud del fenómeno: 773.000 robots industriales producidos en 2024, un 28 % más que el año anterior. Solo durante los nueve primeros meses de 2025, la producción ya había superado ese total anual.

Frente a ellos, el mercado chino absorbió entre 14.000 y 18.000 humanoides. Menos de un humanoide por cada cincuenta robots industriales. En seis años, la cuota de los fabricantes extranjeros en el mercado chino cayó de más del 71 % a aproximadamente el 43 %.

La automatización que está transformando la producción se compone sobre todo de brazos fijos integrados en líneas concebidas para ellos, que sueldan y ensamblan sin descanso. El humanoide que baila en la gala del Año Nuevo Lunar es el escaparate, no el instrumento principal.

Topstar, fabricante de Dongguan, resume así el desplazamiento en curso: China se está convirtiendo en la fábrica de las fábricas del mundo.

Para qué sirve la forma humana

¿Por qué, entonces, apostar por el androide?

Porque responde a un régimen concreto: el de la adaptación de una instalación existente. Permite modernizar un puesto concebido para una persona sin tener que rediseñar toda la línea.

Raja Chatila, profesor emérito de la Universidad de la Sorbona citado por Le Monde, lo explica de forma sencilla: en una fábrica, la forma humanoide no es necesaria. Bastan dos brazos y una cámara. En una vivienda, en cambio, el entorno está pensado por y para seres humanos, y esa forma se convierte en una ventaja funcional.

El humanoide cobra sentido allí donde el entorno está hecho para humanos y no puede rediseñarse fácilmente.

Lo describimos en nuestra serie sobre Corea del Sur al distinguir tres regímenes: la fábrica existente que se robotiza en los márgenes, la fábrica aumentada concebida alrededor del operario y la fábrica rediseñada sin puesto humano.

El humanoide pertenece sobre todo al primero, el más antiguo, y al que empieza a cerrarse.

En una fábrica rediseñada para las máquinas no hay androide, porque tampoco existe un puesto humano en el que insertarlo. La cuestión del trabajo no consiste entonces en saber si un robot con forma humana acabará sustituyendo al trabajador, sino en la desaparición del propio puesto dentro de una fábrica concebida sin él. El trabajador no pierde cualificación. Sencillamente, no estaba previsto desde el principio.

El decorado especulativo tampoco es exclusivo de Hangzhou

En una lectura reciente publicada por Mediapart, Romaric Godin vio en la proliferación de humanoides una fábrica Potemkin, un decorado especulativo al servicio de la burbuja de la inteligencia artificial.

El decorado existe, pero no es específicamente chino.

El humanoide sigue siendo una tecnología inmadura en todas partes. El propio Elon Musk reconoció, durante la presentación de los resultados del último trimestre de 2025, que Tesla Optimus todavía no se utilizaba de forma significativa en sus fábricas y servía ante todo para aprender.

Los despliegues usaméricanos también siguen siendo proyectos piloto: Figure en BMW, Digit en Amazon, Atlas en Hyundai. Son reales, pero limitados. Y las cifras de decenas de miles de unidades que circulan públicamente no proceden de las empresas que las utilizan.

Medir hoy al humanoide por su productividad inmediata para concluir que detrás no hay nada, eso sí, equivale a aplicarle una regla que todavía no cumple en ninguna parte, ni en Hangzhou ni en Fremont.

Si hay una aldea Potemkin, está a ambos lados.

La lectura basada exclusivamente en la burbuja tropieza aquí. No necesariamente porque parta de hechos falsos, sino porque presupone la finalidad de la inversión sin demostrarla.

Qué valida la inversión

La divergencia más profunda entre China y los USA no es técnica. Los humanoides usaméricanos tienen mercados posibles: el almacén de Amazon, la línea de BMW y otros entornos comparables.

La diferencia está en qué valida el dinero invertido y qué lo orienta.

En los USA, la asignación de capital se valida principalmente a posteriori a través del mercado financiero: la salida a Bolsa, la valoración, la rentabilidad esperada. El horizonte dominante es la productividad privada a corto plazo.

En China, la inversión también se orienta desde arriba mediante una planificación estatal vinculada a una restricción de largo plazo: el envejecimiento.

A finales de 2024, China tenía 310 millones de habitantes mayores de sesenta años. Serán más de 400 millones en 2035, y los cuidados ya forman parte de la planificación nacional.

Conviene mantener una reserva: esa finalidad social está declarada y programada, pero todavía no se ha realizado. Nada permite demostrar hoy que vaya a cumplirse.

La cuestión del valor cambia de lugar

Esta diferencia reabre una cuestión que la lectura centrada en la burbuja, incluida la de Romaric Godin, tiende a considerar resuelta.

La teoría que moviliza vincula el valor al trabajo vivo. Desde esa perspectiva, la automatización plantea un problema porque puede aumentar la riqueza material al mismo tiempo que expulsa el trabajo que constituye la fuente del valor.

Es un debate que corresponde a los economistas y que no pretendemos resolver aquí.

Pero esa teoría presupone una producción orientada hacia la valorización del capital. Cuando un Estado dirige parte de la automatización hacia la reproducción de una sociedad que envejece, y no únicamente hacia el beneficio, ¿sigue siendo «crea valor» la pregunta adecuada? ¿O estamos hablando de otra cosa, de una acumulación de capacidades sociales cuya medida ya no es el valor en ese sentido?

Un marxiano podrá objetar, con razón, que la reproducción social dentro del capitalismo mundial en el que opera China sigue subordinada a la valorización. El robot asistencial es una mercancía y la preocupación demográfica también sirve para mantener la fuerza de trabajo.

Pero reducir de antemano cualquier finalidad a la valorización acaba borrando las diferencias. Bajo una misma palabra quedan entonces la automatización que alimenta una burbuja y la que prepara la atención de cuatrocientos millones de personas mayores.

Ese reflejo tiene consecuencias. Si cualquier iniciativa china debe clasificarse de antemano como máscara porque no puede existir un capitalismo orientado hacia otra cosa que el beneficio, el análisis deja de poder reconocer una divergencia incluso cuando empieza a aparecer.

Las dos potencias expresan con bastante claridad sus prioridades.

Washington acepta una asignación validada por el mercado y orientada hacia la rentabilidad.

Pekín acepta una asignación dirigida por el Estado hacia una restricción de largo plazo: mantener en pie una sociedad que envejece.

Se puede considerar que la segunda orientación es más sostenible que la primera sin alimentar ninguna ingenuidad sobre el régimen chino. Una automatización destinada a reproducir las condiciones de funcionamiento de una sociedad no tiene el mismo alcance que una automatización orientada principalmente hacia la cotización bursátil.

La línea divisoria entre Washington y Pekín no pasa, por tanto, por la propia máquina, sea humanoide o brazo robotizado, ni por su grado actual de madurez técnica. Pasa por aquello que orienta la inversión.

El espectáculo del androide y la especulación que lo rodea, presentes en ambos lados, tienden a ocultarlo.

Esa es la cuestión que el humanoide acaba revelando a pesar suyo. No quién consigue hacerlo bailar mejor.

*Fuente: Faustotounsi

Compartir:

Artículos Relacionados

Deja una respuesta

WordPress Theme built by Shufflehound. piensaChile © Copyright 2021. All rights reserved.