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La reivindicación de la literatura regional 

La reivindicación de la literatura regional
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04 de enero de 2023
Desde hace dos décadas a esta parte, de manera perseverante y apasionada, vengo realizando una labor de creación literaria en procura de rescatar, reescribir y poner en valor hechos, hitos y personajes de nuestro imaginario local, bajo la mirada de la Literatura de la Memoria, la cual procura contemporanizar los sucesos de otrora. Debo consentir que durante este periplo me ha movilizado un principal interés: de que las nuevas generaciones puedan descubrir, reflexionar sobre nuestra cultura, y, además, cultivar una predisposición favorable a la transformación social.

Es evidente que para algunos abordar la literatura nortina orientada a los jóvenes puede parecer un asunto embrionario y poco habitual, ya que, pese a las obras editadas por algunos artífices y los eventos plasmados por diversos organismos públicos, aún la poética regional se haya emplazada en un segundo plano del currículum escolar, por tanto, ella no ha sido incorporada de modo sistemático en los procesos educativos.

Si hacemos un examen rápido de los contenidos y las actividades que se llevan a cabo tanto en Enseñanza Básica como Media, nos daremos cuenta de que prevalece una buena cantidad de lecturas que no pertenecen a autores regionales, y los pocos que se estudian, a nuestro juicio, se hace fuera de su contexto histórico-social, esto conduce a prejuzgar que tal cuento, obra de teatro o poema es un logro casi excepcional dentro de la producción de la literatura nacional.

Lamentablemente, aparte de no otorgarle valor a la enseñanza de la lectura literaria como una actividad relevante en la formación de la sensibilidad estética, social y humana, tampoco se considera a las obras regionales como un medio para desplegar la capacidad creadora, reflexiva y critica del educando.

Podemos aventurar que, en general, la actitud de los educadores resulta ser pasiva y resistente a la utilización de temáticas literarias pertinentes con nuestra cultura, la que en diversos aspectos conlleva a una formación integral. Es muy posible que, a consecuencia del antiguo y arcaico paradigma impuesto por la institucionalidad educacional, los maestros estén más preocupados por el cumplimiento de las materias y programas obligatorias, en lugar de explorar la esencia de aquellos elementos culturales relativos a nuestra historia, memoria e identidad. Por ejemplo, poco o nada sabemos de insignes escritores como: Luis González Zenteno, Osvaldo López, María Elena Getner, María Monvel, Baldomero Castro, por citar algunos antiguos

Desde otro punto de vista, advertimos que, a lo largo de toda la trayectoria educativa, nuestros estudiantes no logran tener un hábito de lectura, ni menos la capacidad de redactar, ni de exhibir una sensibilidad estética, social y humana. Esta debilidad cognitiva y emocional se refuerza en la enseñanza universitaria, principalmente cuando aquella, de acuerdo con los preceptos neoliberales, está dirigida, exclusivamente, a formar profesionales destinados a producir en el mercado, es decir una enseñanza divorciada de todos los valores y conceptos humanistas.

Quienes ejercemos el rol de educadores, en ocasiones nos vemos enfrentados a un conjunto de problemas comunes: la existencia de un alumnado que adolece de una riqueza léxica, con dificultad para comprender los conceptos, que usa incorrectamente las normas ortográficas, con inconvenientes para redactar, con una escritura poco clara, con una falta de argumentos para mantener un debate o exponer sus ideas de manera pública. Sin duda, en este punto es necesario que los directivos educacionales y el profesorado asuman la responsabilidad de desarrollar en los aprendices la competencia lectora y la articulación de una lectura comprensiva. Al fin y al cabo, la misión de la escuela no es forjar, excepcionalmente, lectores amantes de la literatura, sino lectores competentes. Esta premisa proviene del factor comunicativo que engloba el lenguaje. En ese marco, el docente es gestor de la competencia comunicativa y de la competencia lectora, porque sin comunicación ni comprensión no puede existir aprendizaje.

Luego de esta digresión, volvamos al eje central: la literatura con pertinencia regional. Opinamos que, por razones pedagógicas y políticas, es un deber reivindicar una mayor presencia de la literatura propia de cada región, tanto en la vida cultural de la misma como en sus currículos educativos, con el objeto de que ella no sea anulada, escamoteada ni aniquilada por omnipresencia de una literatura mayor, de carácter global que niega las diferencias y particularidades regionales. Al respecto, bien sabemos que, la literatura como una forma artística de comunicación, nos permite expresar ideas y/o sentimientos con una finalidad concreta que en nuestra situación nos puede servir como una forma de recordar, conmemorar y/o celebrar la historia y las tradiciones de esta colectividad.

Para concluir, de manera sucinta, propongo que en este terreno el Estado y todas las instituciones educacionales procuren, entre otros fines:

1.- Propender a la creación de una expresión literaria regional, en este caso, narrativa, dramática y lírica, destinada a los niños, niñas y jóvenes de todos niveles educacionales de la Región de Tarapacá.

2.- Potenciar una literatura que ponga en relieve personajes, situaciones geográficas, testimonios y todo el bagaje y legado cultural correspondiente a la memoria colectiva, asociada, por supuesto, no tan solo a problemáticas del pasado lejano, sino también del cercano.

3.- Fomentar la creación y difusión de un relato privativo, el cual pueda abarcar todas las nociones posibles:  desde la etnoliteratura hasta la literatura de tradición oral. Así también, conceda espacio a la más amplia gama de intenciones particulares, a partir de la recuperación de lo tradicional histórico o folclórico hasta la literatura intima, psicológica y fantástica, con significado local.

-El autor, Iván Vera-Pinto Soto, es cientista social, pedagogo y escritor

 
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