Redes Sociales y el poder de la ignorancia
por Níkolas Stolpkin (Chile)
5 años atrás 7 min lectura
Nos hemos adentrado en un siglo que tecnológicamente se ha acelerado exponencialmente y que, junto con la pandemia del COVID-19, ha acelerado ciertas tendencias que ya venían ejecutándose y que hoy pretenden instalarse para quedarse (trabajos «online», estudios «online», pagos «online», atención médica «online», ventas «online», etc).
La aparición de Internet, supuso un gran cambio a nivel social, cultural y tecnológico que se fue desarrollando explosivamente a inicios del presente siglo.
Antes de la era dominante de Internet, las personas tenían otras costumbres de comunicación: mandaban cartas en formato físico a los que vivían lejos, o se comunicaban por teléfonos públicos, fijos o análogos. Se podían enviar los famosos «fax», existían los «beeper»… Pero todo fue cambiando progresivamente cuando apareció el teléfono móvil (celular) y su masificación, hasta evolucionar al celular «inteligente» o «smartphone» –con espacio para internet–, con el cual contamos ahora.
La música, los libros, los diarios, periódicos, revistas, películas, tiendas comerciales, etc., con el tiempo han tenido que ir adaptándose poco a poco a los nuevos tiempos y a los nuevos formatos. Tanto es así que, el formato digital hoy pareciera ser más popular que el formato físico. Y en muchos casos, el formato físico se niega aún a desaparecer –como es el caso de los libros, etc.–.
Si antes (siglo pasado) las personas pudieron estar moldeadas a imagen y semejanza de la televisión –principalmente–, hoy, en el presente siglo, parecieran estar moldeadas a imagen y semejanza de las actuales Redes Sociales. Y pareciera no haber escapatoria; más aún, cuando las nuevas generaciones empiezan a usar sus «smartphones» a temprana edad, como si se tratara de algo connatural al ser humano.
Antes, con la televisión, por lo menos podías tener el control, la libertad de apagar el televisor e ir a juntarse con los amigos; o podías tener la seguridad de que tus hijos no pudieran ver cosas inapropiadas para su edad –como también podía suceder con lo que se escuchara en la radio–. Existían filtros y rigurosas regulaciones con respecto a lo que se pudiera emitir. Pero hoy, todo aquello parecieran no existir dentro del campo de las Redes Sociales.
Lo peor de todo, es que las Redes Sociales tienen un alcance masivo, no distingue edades, son herramientas adictivas y su influencia negativa podría recaer en cualquiera. Y a medida que se iban desarrollando, fueron convirtiendo a sus usuarios en productos y sus anunciantes en clientes.
Hoy en día, las Redes Sociales tienen mayor influencia en las personas. Si antes de la era de Internet, la televisión fue el mayor o más importante Medio de Distracción Masiva, hoy las Redes Sociales han tomado dicha posición, pero con la salvedad de que hoy es mucho más potente de la mano de los «smartphones».
Podríamos hacer el simple ejercicio de subirnos al metro o la locomoción pública y notar que el factor común son las personas viendo las pantallas de sus «smartphones». O en la calle, el hogar o en lugares donde implique uno estar «detenido», el factor común será el mismo: el uso de los «smartphones».
En el fondo, las personas parecieran actuar como si tuvieran los otrora televisores –pesados o incómodos de trasladar– y su control remoto, pero en sus propios bolsillos. ¿Y qué «mejor» que tener en un aparato de bolsillo para poder ver nuestro correo electrónico, ver las noticias, películas, escuchar música, jugar juegos en línea, hacer llamadas, transferencias, tirar fotos, pedir un auto para trasladarnos, pagar nuestras cuentas, entretenernos con nuestras múltiples Redes Sociales, etc.? Un simple aparato que, en el fondo absorbe nuestro preciado tiempo, alejándonos de las interacciones presenciales que dominaban antes.
Nadie pareciera detenerse en ver lo dañino que pudieran ser las Redes Sociales, sumado todo al uso excesivo de los teléfonos «inteligentes» o «smartphones», que hoy se han convertido en una habitual extensión corporal del ser humano.
El nivel de manipulación existente en las Redes Sociales, no tiene precedente alguno. Nunca antes las personas habían sido manipuladas de esta forma tan descarada. Tanto así que, ahora las personas parecieran no creer en nada y creer en todo; lo que podría vaticinar serios conflictos sociales de envergadura, tales como los sucedidos antes de caer en pandemia (ej: Chile, Ecuador, Colombia, etc). La pandemia no ha hecho más que «contenerlos» de alguna forma; y desconocemos aún, lo que habrá de pasar después de que finalice –si es que finaliza–.
Pero muchas de las manifestaciones (políticas, ideológicas, propagandistas, etc.) significativas que hemos sido testigos de esta última década, tenemos que verla como un resultado de la gran influencia que están teniendo hoy las Redes Sociales. No por nada, actualmente, los Grandes Medios de Comunicación suelen dar tribuna a lo que circula significativamente en las Redes Sociales (vídeos, audios, imágenes, opiniones, ideas, tendencias. etc.). Tanto así que, hoy pudiéramos afirmar que la otrora «Opinión Pública» con el cual los Grandes Medios de Comunicación contaban, en el presente han pasado a corresponder a las tendencias que hayan en las Redes Sociales. ¿Una manera burda de «economizar»?
Antes, entre los Grandes Medios de Comunicación, había cierto consenso con respecto a la información. La ignorancia estaba silenciada. Sabíamos lo que era «verdad» («información seria»), o bien, lo que nos vendían por «verdad». Hoy, la «verdad» ya no es patrimonio o monopolio de los Grandes Medios de Comunicación; y la voz de la ignorancia, cada vez resuena con mayor fuerza. La «verdad», si la vemos de esta forma, se ha multiplicado entre los múltiples emisores de comunicación que hoy en día tenemos. Cada uno puede tener su «propia verdad»; y mientras mayor influencia uno tenga como emisor, mayor penetración habrá de tener una determinada «verdad» o producto.
Si hoy en día puede existir cierta confusión con respecto a la «verdad», aquello se debe nada más que a los múltiples y nuevos emisores de «verdad» («informales») que se han desarrollado y han adquirido notoriedad. Que surjan en el ambiente «informaciones» tipo: «auto-atentado de las Torres Gemelas», «el hombre nunca llegó a la luna», «la tierra es plana», etc., habla de una falta de control con respecto a la emisión de información. Pero… ¿cómo se podría regular algo el cual se sostiene a base de poder captar nuestra atención y así ser empujados a los anunciantes?
Las personas tienen la fragilidad de creer significativamente en lo que pueda aparecer en las redes como en los Medios, de la misma forma que, antes de la era de Internet, las personas tenían la costumbre de creer únicamente en las informaciones de medios de información formales. La gran diferencia, es que ahora toda la información está al alcance de todos, sin distinción, a un solo «click». Pero… ¿quién controla lo que podría ser veraz y lo que podría ser mentira? ¿Quién controla lo que podría ser perjudicial y lo que no? Únicamente pudiera dar la impresión de que quienes pueden ser censurados, son los que tienen significativa influencia, y no lo contrario. Pero… ¿quién define lo que podría ser una información «seria» y lo que no? ¿Cada quien debe hacerse cargo y responsable, desde el punto de vista del receptor? ¿Y qué hay de los «responsables» de difundir falsedades? ¿El emisor no debe hacerse cargo y responsable de lo que emite? ¿Tenemos que dirigirnos hacia el final del anonimato de los perfiles en las Redes Sociales?
Sabemos que todo esto es muy complejo. Pero deberíamos detenernos un poco y preguntarnos: ¿queremos un mundo donde las relaciones digitales estén por sobre las relaciones presenciales? ¿Queremos un mundo donde nuestros hijos estén expuestos a una información sin control? ¿Queremos un mundo donde las personas alcen sus propias «verdades» y los órganos formales sean vistos como «enemigos» a aplastar? ¿Queremos un mundo donde la ignorancia se imponga por sobre los demás?
@NStolpkin
-El autor, Níkolas Stolpkin, es analista político nacional e internacional – Political Analyst – Crítico de política y Cultura Contemporánea.
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