
El mayor fracaso del plan golpista, supervisado personalmente por John Bolton y Elliot Abrams en tiempo real, consistió en la magra respuesta de militares – de ellos, la mayoría engañados-, la ausencia de opositores en el distribuidor pese al llamado que les hiciera muy temprano el autoproclamado y también el hecho de que la Fuerza Armada Nacional Bolivariana mantuviera intacta su cohesión, al revés de lo que esperaban la Casa Blanca, López y Guaidó. Sin ello no se podía cumplir el objetivo de lograr los muertos necesarios para provocar la intervención militar estadounidense. Mucho menos conseguir el anhelado derrocamiento del presidente Nicolás Maduro.
Leamos algunas perlas de medios hegemónicos, inequívocamente comprometidos con la oposición venezolana y con el plan estadounidense de derrocamiento de Maduro. Esta de El País, de Madrid: Lo que se vio el sábado en las calles de Caracas es la enésima muestra de una estrategia que parece haber perdido impulso a pesar de los sobresaltos de los últimos días. La acción convocada por Guaidó para que sus seguidores se concentraran en los cuarteles y en las bases militares con el propósito de convencer a los uniformados de cambiar de bando tuvo un resultado meramente simbólico… según pudo comprobar El Paísen los alrededores de la base aérea de La Carlota y en la Comandancia General de la Guardia Nacional Bolivariana, apenas reunió a cientos de personas que entregaron un documento a algunos miembros de las fuerzas armadas.
Esta otra del Clarín de Buenos Aires: «Unas 10 horas después del anuncio de Juan Guaidó sobre la «liberación» del líder opositor Leopoldo López, poco ha cambiado en la Venezuela de Nicolás Maduro: ni batallones repletos de soldados hastiados se sumaron a la rebelión popular, ni las calles se llenaron de opositores dispuestos a llegar al Palacio de Miraflores para acabar con lo que el jefe del Parlamento y «presidente encargado» llama «la usurpación». Y, mucho menos, ha caído el régimen chavista». Pero he aquí qué confesión en otra nota firmada por Pablo Bifi: «El respaldo militar a Maduro es clave, pero no la única pata que le permite mantenerse en el poder. Es innegable que aún, y pese al descalabro de la economía que golpea por igual a chavistas y antichavistas, el régimen goza de un respetable apoyo en sectores de la sociedad que viven del sueño de la Revolución Bolivariana…”
Y es que esa revolución tiene hondas raíces en la historia y la cultura venezolanas: bolivarianas, africanas, indígenas, de luchas campesinas y obreras, cultivadas con esmero por Hugo Chávez y sus continuadores. El magisterio que el comandante realizaba desde su programa Aló presidente, en sus discursos y con el ejemplo de su vida quedó firmemente arraigado en el corazón y la mente de los venezolanos. Sin olvidar la práctica de las masas empoderadas no solo con el voto, sino con su influencia en la decisión del rumbo de las transformaciones. Por eso Venezuela resiste y por eso Trump y sus títeres fracasan. Las traiciones, como la del jefe de la inteligencia bolivariana, no son nuevas en tiempos de revolución ni cambian el destino de ninguna empresa liberadora.
Lo que la hace mucho daño a ese heroico pueblo que resiste en Venezuela, como lo hace al de Cuba, es la guerra económica, las llamadas sanciones. Ese es su objetivo: castigar sin piedad al pueblo para forzarlo a rebelarse contra el gobierno. Lo confirma esta reciente declaración, sobre los casos de Venezuela, Cuba e Irán, de Idriss Jazairy, relator especial de la ONU sobre el impacto de las sanciones unilaterales en los derechos humanos: las diferencias políticas entre gobiernos nunca deben resolverse induciendo desastres económicos o humanitarios a la población… recurrir a esas medidas económicas, con propósitos políticos, viola los derechos humanos y la normativa internacional ya que pueden precipitar catástrofes humanitarias de grandes proporciones. Es la hora de la más amplia y generosa solidaridad con los pueblos sometidos al castigo económico de Washington. En particular, de la solidaridad con Venezuela, donde al imperio le urge acabar con la utopía.
*Fuente: AlaiNet
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