El juego de la oposición venezolana
por Miguel Torres Romero (Chile)
8 años atrás 5 min lectura

Se ha instalado exitosamente en la opinión pública que el gobierno de Venezuela es una dictadura, principalmente por quienes antes llamaban presidente a Pinochet y que ahora llaman dictador a Nicolás Maduro sin ninguna vergüenza.
Asimismo, hemos leído o escuchado opiniones que buscan ser objetivas justificándose en lo establecido por la Real Academia Española sobre que dictadura es un “régimen político que, por la fuerza o violencia, concentra todo el poder en una persona o en un grupo u organización y reprime los derechos humanos y las libertades individuales”. Sin embargo, esa definición no es del todo adecuada para un correcto análisis político, pudiéndose recurrir de mejor manera a Norberto Bobbio, quien en Diccionario de Política señala que con la palabra dictadura se tiende a designar toda clase de regímenes no democráticos específicamente modernos y que ese significado “aunque tiene una indubitable dimensión descriptiva, se ha utilizado a menudo con fines prácticos, como objetivo de valor negativo a contraponer polémicamente a la democracia”.
Los factores estructurales que explican las democracias afectadas por continuas crisis también explican sistemas de partidos extremos, polarizados y centrífugos como ocurre en Venezuela. Sin embargo los sistemas de partidos no son solo resultado de factores estructurales, sino que también de factores institucionales que pueden ser considerados como un factor independiente -o por lo menos interviniente- en la crisis de las democracias. De esta manera, que la democracia venezolana está en crisis es una verdad indiscutible, pero acusar de ello sólo a Nicolás Maduro y su gobierno, es irresponsable porque la oposición también es culpable y de eso no se habla. Una de las causas de la situación actual se produce cuando la oposición retira a todos sus candidatos de las elecciones legislativas de 2005, permitiendo que Hugo Chávez ganara la totalidad de la Asamblea Nacional e hiciera lo que quisiera sin ningún control ni contrapeso. Con ello, una oposición aturdida comenzó a desaparecer sin poder reagruparse, negándose a participar en procesos eleccionarios, aludiendo permanentemente al fraude como excusa a su incapacidad y a no asumir el fracaso político en que ha estado en estos años; y que si bien en el 2017 tomaron algo de fuerza, Maduro pudo mantenerse firme ante la gran cantidad de venezolanos que se movilizaron en protesta al régimen que cada vez restringía más las libertades y los derechos, y que avanzaba hacia un claro autoritarismo.
La discusión de si el gobierno venezolano es o no una dictadura no es banal en términos ideológicos. Por una parte, la derecha y sus medios buscan encasillar al régimen entre las formas de gobierno impropias no aceptadas en la sociedad moderna; por la otra, los defensores del mismo pretenden avalarlo y que se reconozca a nivel internacional. En la cuestionada elección del 2018 Maduro obtuvo el 67,84% de los votos, con una participación del 46,07% de los electores, donde el expresidente del Gobierno Español José Luis Rodríguez Zapatero, observó el proceso y puso a disposición su capital político asegurando que estaban todas las condiciones para que las elecciones se realizaran sin problemas, pero una vez más la oposición no participó y llamó a no votar.
En este sentido, la oposición venezolana, en palabras de Juan Linz (científico social que estableció una tipología de la oposición política en leal, semileal o desleal; en donde es el estilo, la intensidad y la mala fe de estas conductas las que marcan la distinción entre una u otra) podría clasificarse como una oposición desleal, que busca incorporar fuerzas al sistema político y que cuando existe una crisis contribuye al debilitamiento del régimen. El gobierno y sus actos son los procesos políticos que dan lugar, refuerzan y dan confianza a la oposición desleal y contribuyen a que surja una oposición semileal de conducta cambiante. Todo sistema político, una vez establecido y con algún grado de legitimidad, cuenta con obediencia pasiva de la mayoría de los ciudadanos y con represión a los actos de violencia de la oposición desleal. Asimismo, una oposición desleal o semileal se caracteriza por poner delante del compromiso democrático los intereses de corto plazo para golpear al adversario y obtener ganancias inmediatas. En consecuencia, si la oposición es desleal, sus efectos desestabilizadores pueden ser muy grandes si el régimen es débil, provocando eventualmente a un quiebre político; mientras que si es semileal, la oposición puede convertirse en un elemento de chantaje permanente al gobierno, que trabe la posibilidad de manejo eficaz del mismo. En Venezuela no estamos frente a un gobierno débil, porque tiene el control de todas las instituciones; ni existe una oposición que pueda constituirse como desleal o semileal, ya que no está articulada, no tiene un liderazgo claro, no se ha puesto de acuerdo en un fin en común ni participa de los procesos electorales.
Es cierto que Nicolás Maduro no ha permitido un desarrollo realmente democrático en Venezuela, negando la participación de algunos candidatos opositores o persiguiéndolos bajo pretextos injustificables; pero al mismo tiempo, la oposición no tiene voluntad para salir de la crisis sin un golpe de Estado o sin intervención extranjera, pretendiendo que solo ellos tienen legitimidad, gracias al reconocimiento que les hacen los gobiernos derechistas del continente.
La experiencia de un gobierno no democrático y el temor que produce, moviliza a una gran mayoría de votantes al centro político como una posición segura que pueda garantizar la supervivencia de la democracia, pero ello solo será efectivo cuando se den absolutamente todas las condiciones de legalidad y participación en las elecciones, para que los problemas de Venezuela los resuelvan los venezolanos y venezolanas por la vía democrática y la comunidad internacional respete la autodeterminación de los pueblos.
–El autor, Miguel Torres Romero, es exconcejal y exalcalde comuna La Higuera, Presidente Fundación Avancemos www.avancemos.cl Director Red de Diarios Comunales www.diarioscomunales.cl Estudiante de Ciencia Políticas, Universidad de Buenos Aires, Argentina
*Fuente: ElDínamo
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