Defendernos colectiva y comunitariamente
por Raúl Zibechi (Uruguay)
12 años atrás 5 min lectura
La situación mundial es muy grave. Cuando aún no se apagan las llamas de la guerra civil en Siria, la crisis en curso en Ucrania amenaza con elevar la tensión, a la espera de que se abran nuevos frentes en el conflicto global. La región sudamericana aplazó, por ahora, una escalada mayor en Venezuela gracias a la presencia disuasoria de la Unasur.
Sin embargo, debemos mirarnos en el espejo sirio, o quizá en el mexicano, para comprender que ninguna de esas opciones puede ser descartada en el periodo más agudo de la transición hegemónica. La guerra permanente sustituye a los golpes de Estado, ya que los think tanks imperiales parecen haber comprendido que los pueblos salen fortalecidos de los regímenes dictatoriales, como los que impusieron en las décadas de 1960 y 1970.
Ahora buscan romper el tejido social atizando prolongados conflictos internos, con el objetivo de dejar sociedades exhaustas, divididas e incapaces de autogestionar sus asuntos. Es el modo de romper naciones en el periodo de “acumulación por desposesión” (David Harvey) y de la “cuarta guerra mundial” ( subcomandante Marcos), por la apropiación de los bienes comunes y la destrucción de la vida.
Ante este panorama los movimientos no pueden contar con la protección del Estado, por haber sido neutralizado por la presión de las multinacionales y el imperialismo, o bien por apoyar con convicción sus estrategias. Debemos pensar, por lo tanto, en la necesidad de crear y multiplicar espacios, conciencia y organización para la defensa comunitaria.
Tenemos ante nosotros un buen puñado de formas de autoprotección comunitaria entre pueblos indios, campesinos y también entre sectores populares urbanos, donde esta tarea es más compleja. A menudo estas organizaciones ignoran la existencia de otras similares en otros países o regiones, con lo que no pueden enriquecerse mutuamente, aprender de sus aciertos y errores, y mejorar así los modos de enfrentar este periodo tan complejo.
Entre los nasa de Cauca (sur de Colombia) destaca la Guardia Indígena. Sus miembros son elegidos en asamblea por las comunidades y prestan servicio durante dos años, pudiendo ser relegidos. Los y las guardias son en su inmensa mayoría jóvenes comuneros, están armados con bastones de mando y no sólo protegen a las comunidades (tanto en sus territorios como a través de su despliegue en marchas y acciones de protesta) sino que ejercen además una labor educativa y de apoyo a la justicia comunitaria.
La Guardia Indígena ha sido capaz de rescatar autoridades secuestradas por los paramilitares y la guerrilla, apelando a la movilización masiva de las comunidades. Han desarmado también instalaciones de guerra de las fuerzas armadas en sus territorios y trabajan para impedir que la violencia ingrese en sus espacios destruyendo comunidades.
«Debemos pensar, por lo tanto, en la necesidad de crear y multiplicar espacios, conciencia y organización para la defensa comunitaria.»
Las rondas campesinas nacieron en el norte de Perú a finales de la década de 1970 para combatir a los ladrones de ganado. En pocos años se extendieron a buena parte del país, ya que consiguieron reducir los robos hasta casi extinguirlos. Actuando de forma rotativa, los campesinos hacen rondas nocturnas de vigilancia, mostrando que ya no son familias aisladas sino comunidades en construcción.
Con los años las rondas encararon labores de construcción de servicios para las comunidades, implementaron su propia justicia al margen de la justicia estatal corrupta y, cuando se disparó la guerra interna entre las fuerzas armadas y Sendero Luminoso, aislaron a los violentos al precio de miles de muertos. En los últimos años las rondas campesinas juegan un papel decisivo en la resistencia a la minería, en particular frente al proyecto aurífero Conga, en la provincia de Cajamarca. Son conocidos como “guardianes de las lagunas”.
En las ciudades contamos también con un puñado de experiencias de defensa comunitaria, en sintonía con las brigadas de la Comunidad Habitacional Acapatzingo en la delegación Iztapalapa, en la ciudad de México. Un caso destacable sucede en algunas villas de la ciudad de Buenos Aires, con larga tradición de organización popular, tanto para la demanda al Estado como para la organización y defensa de la vida cotidiana.
En la Villa de Retiro la Corriente Villera Independiente y el Movimiento Popular La Dignidad levantaron la Casa de las Mujeres en Lucha, un espacio de formación, debate, organización colectiva de la sobrevivencia y también de defensa contra la violencia machista. Las que integran las cuadrillas de autodefensa de mujeres realizan talleres de capacitación, que son “una herramienta de organización, reagrupamiento y acción directa que pueda dar respuestas ante determinadas situaciones, así como de acompañamiento y asesoramiento a las mujeres”, según razona el movimiento.
En varios casos intervinieron ante agresores haciendo visible la situación, actuando en grupos, con disciplina y decisión, para frenar al agresor y llegado el caso inducirlo a abandonar el barrio. En la villa de Bajo Flores actuaron años atrás las Amazonas, madres que se movilizaron contra golpeadores y bocas de venta de drogas, habiéndose convertido en referentes para otras mujeres.
De modo que existen diversas experiencias organizativas entre los tres sectores sociales que enfrentan el modelo actual: indígenas, campesinos y sectores populares urbanos. Cada una tiene sus propios modos en función de la realidad que enfrentan. Algunos utilizan armas, otros optan por hacer valer la montonera; pero en todos los casos vemos una potente decisión de poner el cuerpo para defender a la comunidad de forma colectiva.
De algún modo estas prácticas se interconectan por abajo y van aprendiendo unas de otras, aunque de modo mucho más lento de lo que sería deseable. Aunque en su conjunto son aún muy pocas las personas y comunidades involucradas en la defensa comunitaria, marcan un camino por el que, en algún momento, habrán de transitar otras comunidades que sólo pueden contar con sus propias fuerzas cuando escala peligrosamente el caos sistémico.
Abril 18 de 2014
*Fuente: La Jornada de México
Artículos Relacionados
Cuando los Generales se sienten orgullosos…
por Nelly Cárcamo V. (Chile)
7 años atrás 7 min lectura
Arremetida geopolítica y degradación de la soberanía: ¿Por qué el TPP es un obstáculo para el proceso constituyente?
por Héctor Testa Ferreira (Chile)
11 años atrás 10 min lectura
Elementos para un análisis de las elecciones presidenciales de 2017
por Manuel Acuña Asenjo (Chile)
9 años atrás 23 min lectura
Yihad: Una advertencia de Washington para Ankara
por Thierry Meyssan (Francia)
13 años atrás 6 min lectura
Una visita al infierno fiscal de Macri
por Werner Pertot (Argentina)
10 años atrás 8 min lectura
«Hay niños muriendo con camisetas de Argentina, del Barcelona, de Messi y del Real Madrid…»
por Hossam Hassan (Egipto)
3 horas atrás
20 de julio de 2026
«Hay niños muriendo con camisetas de Argentina, del Barcelona, de Messi y del Real Madrid…»
Argentina: La tierra los sigue nombrando
por Gabriela Maria Mar Taborda Varela y Alvaro Ruiz Moreno (Argentina)
3 horas atrás
20 de julio de 2026
En Loma del Torito, el lugar donde el terrorismo de Estado intentó ocultar para siempre sus crímenes, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) realizó nuevos hallazgos de restos óseos humanos que podrían corresponder a compañeras y compañeros secuestrados y desaparecidos en La Perla.
Violación de los DD.HH. en los territorios palestinos ocupados por Israel: «Más de lo que un ser humano puede soportar»
por Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre el Territorio Palestino Ocupado
2 días atrás
18 de julio de 2026
Estaba tumbado en el suelo, completamente desnudo. Los soldados me exigieron que besara la bandera israelí, pero me negué, por lo que me golpearon brutalmente y me dieron patadas en los genitales. Como consecuencia, vomité. Sentía dolor y tenía los testículos hinchados y magullados por la paliza. Perdí el conocimiento durante un breve periodo de tiempo y, al despertar, me di cuenta de que seguían golpeándome.
Los criminales de guerra israelíes están torturando al Dr. Hussam Abu Safiya. Hasta cuando seguirá el mundo guardando silencio
por Medios Internacionales
3 días atrás
17 de julio de 2026
El Dr. Hussam Abu Safiya suplica que lo salven. No pide compasión. Pide al mundo que actúe. Difundan su nombre. Salgan a las calles. Exijan respuestas a sus políticos. Exijan acceso independiente. Exijan su liberación.