Abril de 2018
Cada cierto tiempo en nuestro pequeño mundo como sociedad chilena – a veces de pequeñez total – se instalan temas que provocan comentarios y posiciones. Los medios de prensa mucho hacen para que así sea.
Cuando no es el fútbol… o las encuestas…, otros escandalillos ocupan los espacios y el tiempo.
La ocurrencia de actos que eleven la condición humana a mejores niveles no constituyen prioridad. La decadencia es el signo de los tiempos que cursan.
Nuestro decir es reflejo de nuestro pensar, y el pensar es signo de nuestra calidad de vida. ‘Calidad de vida…’ manida expresión de estos tiempos que de tanto decirla ha perdido casi todo sentido. Para muchos no pasa de entenderse como la posesión de algunos cuantos bienes materiales, y casi nunca concebirse como expresión de nobles ideas y de alcanzar la cúspide en el plano de la cultura y de los valores propios de los seres humanos. Como sociedad seguimos al debe y no al haber.
Desde hace algunos meses un tema en boga en nuestra sociedad es el de los ciudadanos inmigrantes de distintas latitudes que han llegado a nuestro territorio. A esta fecha más de un millón de seres humanos han venido en busca de nuevas experiencias sociales, laborales y culturales. Llegan porque la Tierra es la gran Patria, o, porque ‘ Patria es Humanidad ‘ como dijo José Martí.
Han surgido voces que cuestionan el fenómeno en comento: ‘Nos vienen a quitar nuestras fuentes laborales…’, ‘son delincuentes…’, y otras hueras frases extremas suelen escucharse. Otros más indolentes hablan con desprecio racial, con un chovinismo de trasnoche, con xenofobia, y con atrofia de espíritu. No se comprende que la inmigración es un fenómeno histórico-social y cultural de masas. Los inmigrantes han construido la sociedad humana en distintas latitudes. Se olvidan ciertos críticos que 1,5 millón de chilenos debió salir a otras tierras cuando la dictadura.
Algunos políticos, empresarios y economistas que objetan a los inmigrantes son los que proyectaron la imagen internacional de Chile como el ‘jaguar’ de América Latina, y son los mismos que vendieron el Patrimonio del país.
Por lo menos los hijos de la inculta burguesía criolla hablarán mañana quizás mejor el idioma español, luego de escuchar a las mujeres ‘inmigrantes’ que laboran en sus casas.
-El autor, Carlos Poblete Ávila, es Profesor de Estado
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