Ricardo Lagos Escobar: el profeta de la decadencia de las instituciones
por Rafael Luis Gumucio Rivas, padre (Chile)
10 años atrás 4 min lectura
Hay que ser “Cándido” (el mejor de los mundos posibles) – como el personaje de Voltaire – para ser optimista: Lenin escribía sobre el “pesimismo de la inteligencia y el optimismo de la voluntad” – pesimismo en el análisis de la realidad y el voluntarismo en la acción -.
En plena Primera Guerra Mundial, Oswaldo Spengler publicó la principal de sus obras, La decadencia de Occidente y, según este pensador, todas las civilizaciones siguen el mismo ciclo biológico que el de la naturaleza y ella la de los seres humanos: nacen, crecen, llegan al culmen y mueren.
Spengler fue el inspirador de dos grandes historiadores decadentistas chilenos: Alberto Edwards, en su libro La Fronda aristocrática y el plagiario, Francisco Antonio Encina, en su Historia general de Chile, en 20 tomos.
A pesar de que no votaré más por Lagos, reconozco que dentro de los políticos de la casta en el poder es el más y, al menos, ha leído la historia de Chile, claro que en su versión más conservadora y decadentista. Lagos se muestra un admirador de Diego Portales y, en el siglo XX, de don Arturo Alessandri.
Durante su período presidencial quiso imitar a estos dos cultores del orden precario: al comienzo, se presentó como un “tribuno del pueblo”, el hombre del “dedo” que apunta al tirano Pinochet, el sucesor natural de Salvador Allende y el salvador de la República; su lema de campaña era “crecimiento con igualdad”.
En empate técnico con Lavín, en la primera vuelta, determinó su viraje de representante genuino del movimiento popular a un personaje político predilecto del diario El Mercurio, y un Presidente adorado por los empresarios. Sólo los ingenuos creen que en Chile existe libertad de prensa, cuando la mayoría de los periodistas son funcionales a la dictadura de El Mercurio y La Tercera.
En plena apogeo de su mandato y ya entregado a la dictadura de los empresarios y de los banqueros, Ricardo Lagos Hablaba de que “las instituciones funcionan”, es decir, el rey gobierna, el Parlamento pronuncia el “amén” y los dueños de Chile – los adinerados – se muestran felices con un estadista republicano y gran docente del lugar común.
El mejor negocio que ha hecho la derecha chilena es haber amaestrado a los socialistas, que desde los furiosos cantantes de la Marsellesa, y con el puño en alto, se han convertido en caballeros gotosos, como los antiguos oligarcas. Todo este cambio se inició con los brindis, consignados en las páginas sociales de El Mercurio y La Segunda, hasta la conversión de muchos de los antiguos jacobinos en directores de AFPs, generantes de bancos y presidentes de grandes empresas. Recordemos que durante el gobierno de Lagos, la cuenta pública rendida ante los empresarios, en la Casa Piedra, era la única que interesaba, pues en el Congreso, su Excelencia se limitaba a manipular a la “señora Juanita”, representante de emblemático de las pobladoras de Chile, a quienes hay que tener contentas para voten cada cuatro años por sus amos, que tanto “las quieren”.
No hay que ser ningún brillante intelectual, ni siquiera un gran profesor, para descubrir que Chile está en una de sus peores crisis de su historia y que ya las instituciones no funcionan – como en la época dorada del reinado de nuestro gran docente -, que los miembros de la casta en el poder no dan pie en bola, por lo tanto, que en lo único que creen los chilenos es en su familia, hasta el vecino es un antropófago, dispuesto a preparar un asado para comerte en un suculento banquete.
El genial aspirante a la presidencia de la república, Jorge Tarud, intentando seguir los pasos de su padre, don Rafael, (que se convirtió en el rival de Salvador Allende, en la mesa de la Unidad Popular, en 1970), es el único que se atreve a contradecir al líder de la casta política, acusándolo paladinamente de desprestigiar al país, denunciando una crisis que ya es conocida en todo el mundo.
La crítica del ex Presidente Ricardo Lagos no tiene nada de original: si leemos la Fronda Aristocrática, (Edwards), escrita en otra crisis de dominación oligárquica, en los años 20 del siglo pasado, encontraremos frases muy similares a las empleadas por nuestro eximio ex Presidente: decía Edwards, por ejemplo, que el Congreso estaba tan desprestigiado que él, personalmente, no aceptaría postular a un sillón, pues “prefería estar entre los apaleadores, que entre los apaleados”. En otro párrafo escribía que “antes creíamos en un hombre, (Pedro Montt), y que hoy no creemos en nadie”.
Ricardo Lagos nuevamente pretende ser el salvador de Chile y de sus instituciones y, como es un ávido de la historiografía tradicional, debe saber que los segundos períodos de un Presidente de la República siempre han sido desastrosos en la historia chilena, y ejemplos tenemos varios y variados: los de Arturo Alessandri, Carlos Ibáñez y Michelle Bachelet, los tres elegidos por amplias mayorías para su segundo período, terminando impopulares y rechazados por la mayoría de la ciudadanía.
Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)
30 /07/2016
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Mayor razón para no votar por Ricardo Lagos. Porque, quien podría ganar, en este caso, con la bendición de la derecha, como la vez primera, lo que sigue a continuación todos lo sabemos.