Traducido por Jupiter Ossaba
Hegemónica y tentacular, la firma californiana es una empresa con poder casi soberano. Pero detrás del depredador económico se esconde también un proyecto de sociedad ultra individualista, basado en la meritocracia y la ciencia, para gobernar la humanidad de mañana.

Eric Schmidt, el Presidente de Google, no se presenta como dirigente empresarial. No habla de negocios, sino de revolución y visión del mundo. Su penúltimo libro, The New Digital Age, se concluye así: « Nuestra ambición es crear el mejor de los mundos. » y Google no se limita a parafrasear a Aldous Huxley. Se da también los medios de su potencia. Con, en primer lugar, una base económica fenomenal. Un tesoro de guerra de cerca de 60 mil millones de dólares, cómodamente colocados en las Bermudas, y los recursos abisales resultantes de su monopolio virtual de la publicidad en Internet con sus plataformas Adword y Adsense. Pero esto no es más que una parte de su actividad. La empresa se encuentra perpetuamente en una lógica de creación y de conquista. Crecer y crecer. Entonces Google crea y destruye a golpes de innovación tecnológica. Estos últimos años, la empresa ha invertido masivamente en la salud, la robótica, la inteligencia artificial, la cultura e incluso el automóvil…

Adiós, humanos
Dejar de lado el Estado y su normas como la solidaridad y la justicia …
Su influencia es tal que se convierte en una fuerza política. En febrero de 2013, Eric Schmidt fue recibido en el Elíseo por François Hollande con los honores de un Jefe de Estado. Durante la conferencia de prensa, los dos hombres estuvieron codo a codo, de igual a igual. Sin embargo su condición de empresa soberana se ha organizado contra los Estados, considerados por los dirigentes de Google como estructuras del pasado, nocivas puesto que frenan la creatividad de los individuos. « El Estado es una máquina para proteger mientras que la tecnología es básicamente perturbadora », explica gustoso Eric Schmidt. « Se trata de libertarianos, subraya Dominique Cardon. Están convencidos de que un individuo puede cambiar el mundo si se le deja expresar plena y libremente sus capacidades y su creatividad, y sobre todo excluyendo el Estado y sus normas como la solidaridad y la justicia… Quieren transformar el mundo exacerbando el egoísmo materialista. »
El proyecto político de Google se centra en la meritocracia, el culto absoluto de la excelencia. «Una visión del mundo, que se encuentra en su manera de organizar el trabajo», dice Yann Le Pollotec, encargado de la revolución digital del PCF (Partido comunista francés). En la jerga de la empresa, hay que contratar a los mejores, llamados « caballeros » (knights), verdadera potencia creativa de Google, que deben tener toda la libertad posible. Y hay « los villanos » (knaves), los mediocres, que están dentro del resentimiento y que hay que descartar para no incomodar a la excelencia de los demás. Esto crea una estructura donde los empleados son tan competitivos que ya no se necesita dirección. Los dueños de Google lo han escrito y lo han teorizado en su libro How GoogleWorks (Como funciona Google), hoy enseñado en todas las escuelas de gestión de negocios, donde explican que lo más importante es el reclutamiento.
«Una de las biblias de los libertarianos usamericanos, explica Dominique Cardon, es la obra de Ayn Rand Atlas Shrugged (La rebelión de Atlas). En esta novela filosófica, los ricos, que lo son porque son los más científicos y los más creativos, nunca porque son herederos, están hartos del Estado y la solidaridad y hacen secesión. Van a crear una ciudad cerrada, en el desierto, mientras que la sociedad, privada de sus brillantes empresarios, se descompone. Salir de las normas y restricciones, de la solidaridad y la redistribución, de la justicia, del Estado, para dar libre curso a la creatividad del individuo, he aquí lo que quiere Google. » En este pensamiento libertariano, no se tiene derecho a no ser excelente, a no querer cambiar el mundo.

Sin embargo, entre los libertarianos y particularmente en Google, domina la creencia de que el ser humano es intrínsecamente imperfecto. Demasiado determinado por los impulsos y pasiones, los hombres no son objetivos. Es necesario privilegiar la ciencia y la tecnología para mejorarlos. Por el transhumanismo* de una parte (leer entrevista de Jacques Testart: «El disciplinamiento de los individuos a través de las máquinas») y la voluntad de luchar contra la muerte, pero también haciéndolo mejor que el ser humano, gracias a la tecnología. “Sea cual fuere el problema encontrado, sea un gran desafío para la humanidad o un problema muy personal, hay una idea, una tecnología que espera ser descubierta para solucionarlo», aseguraba al Time Magazine Ray Kurzweil, el ingeniero principal de Google. El principio de la Google Car, coche automatizado que ya circula en USA, es por ejemplo, remplazar el principal factor de riesgo de accidentes de coche – el conductor – por una máquina, supuestamente mucho más fiable. Éric Schmidt lo confirma: « Su coche debe conducirse solo, es impensable dejar conducir seres humanos. Es un ‘bug’ (error) que los coches hayan sido inventados antes que las computadoras. »
« Hay un mesianismo cientifista en Google, prosigue Dominique Cardon. Son cientifistas, como se era en el Siglo XIX .» Para ellos, el mundo es cognoscible matemáticamente, en cada uno de sus átomos. Google espera progresivamente descubrir las leyes matemáticas que regulan nuestros comportamientos, nuestros amores, nuestras alegrías, nuestra subjetividad… La ambición del algoritmo de Google es, de aproximación en aproximación y gracias a las probabilidades, de sobrepasar los seres humanos, haciendo surgir de la realidad leyes matemáticas. « ¡Y lo que es asombroso para un sociólogo como yo que trabaja sobre los comportamientos en línea, es que, a menudo, estadísticamente, eso funciona! » añade Dominique Cardon.

«…y eso explica, en términos simples, cómo aumentar tu ranking en los motores de búsqueda»
Un algoritmo con poder bastante preocupante
Este algoritmo del motor de búsqueda de Google, llamado Page Rank, organiza, filtra y jerarquiza nuestro acceso al conocimiento y a la información, de forma mucho más efectiva que si lo hicieran los seres humanos, Page Rank tiende a indexar todo el conocimiento. La jerarquía de los resultados es puramente meritocrática, si se excluyen los resultados publicitarios. El algoritmo, según numerosos factores no todos conocidos, elige los mejores sitios, luego, en una proporción de aproximadamente un 20 %, los personaliza según el perfil de la persona que ha hecho la búsqueda. «La hegemonía mundial de Google obedece sobre todo a este recurso muy específico de la tela, que es el motor de búsqueda, explica Dominique Cardon. Es una utilidad fundamental de la red, ordenada, conducida por una empresa privada. Su poder es muy preocupante. »
El algoritmo está a la vez al servicio de los usuarios, en particular, porque es producido, mejorado y enriquecido por los internautas, pero también continúa al servicio de la estrategia comercial de Google. Es muy raro que un punto de vista heterodoxo sea destacado en los resultados de búsqueda de Google. Las lógicas dominantes conservan la mano y participan en el control social. Eric Schmidt, en una entrevista concedida al Wall Street Journal, confesó incluso una ambición totalitaria: « Pienso que la mayoría de la gente simplemente no quieren que Google responda a sus preguntas. Quieren que Google les diga el próximo paso. »
Para Pierre Mounier, investigador en humanidades numéricas y autor de Homo Numericus, Google se alimenta con nuestras vidas, con nuestras acciones, con el contenido que se produce para monetizarlos… En este sentido, Google nos pertenece. Para él, sería necesario que se comience a considerar Google, y en particular su motor de búsqueda, como un bien común de la humanidad. Pierre Mounier propone que sea la UNESCO quien herede la gobernanza de este motor de búsqueda, principal fuente de acceso al conocimiento y a la información. « El patrimonio mundial es la herencia del pasado, que aprovechamos hoy y que transmitimos a las generaciones futuras », explica la UNESCO en su convención de 1972. Este patrimonio pertenece a todos, y su definición corresponde perfectamente, según Pierre Mounier, al motor de Google y al ciberespacio que indexa. La idea seduce a Yann Le Pollotec: « Google mercantiliza una determinada forma de comunismo, monetizando un bien común, aprovechando el hecho de que el motor de búsqueda es su principal puerta de entrada. » Quizá sea el momento de recuperar dicha puerta de entrada.

Randy Siegel, The New York Times, 2005
N. del T.
*El Transhumanismo se presenta como un enfoque radicalmente nuevo en el pensamiento orientado hacia el futuro, que se basa en la premisa de que la especie humana no representa el final de nuestra evolución, sino el principio. Formalmente se puede definir de la siguiente manera: El Transhumanismo además de ser un concepto filosófico es un movimiento intelectual y cultural que establece la posibilidad de mejorar primordialmente la condición humana, optimizando en gran medida las capacidades intelectuales, físicas y psicológicas, mediante el empleo de las nuevas ciencias y tecnologías, que permitan eliminar el sufrimiento, la enfermedad y el envejecimiento, e incluso aspirar en última instancia hacia la inmortalidad. Los pensadores transhumanistas valoran las posibilidades y consecuencias de desarrollar y usar la tecnología con estos propósitos, preocupándose por estudiar tanto los peligros como los beneficios de estas manipulaciones.
Gracias a: Tlaxcala
Fuente: http://www.humanite.fr/le-futur-que-google-nous-prepare-580502
Fecha de publicación del artículo original: 29/07/2015
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Hola!
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No sé quién dijo –y pareciera tener toda la razón- que:
– “De nada sirve correr dentro de un tren que has tomado en sentido contrario”-
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También José Ortega y Gasset les advertía a sus paisanos españoles hace ya 102 años mediante la siguiente Parábola:
– “Cuenta Perry que en su viaje polar avanzó un día entero en dirección Norte, haciendo galopar
valientemente los perros de su trineo.
A la noche verificó las observaciones para determinar la altura a que se hallaba, y, con gran
sorpresa, notó que se encontraba mucho más al Sur que de mañana.
Durante todo el día se había afanado hacia el Norte corriendo sobre un inmenso témpano al que una corriente oceánica arrastraba hacia el Sur.”-
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