El fin de la inocencia y el develamiento de nuestra realidad
por Olga Larrazabal S. (Chile)
10 años atrás 6 min lectura
Siempre me ha llamado la atención la capacidad que tienen algunos países y sus habitantes de reponerse de las situaciones más dolorosas, de enfrentar la vida con claridad, pragmatismo y sobre todo inteligencia.
Europa, a la que siempre hemos mirado como un lugar sofisticado lleno de museos, catedrales y monumentos, ha sido un lugar de dolor, miserias y guerras que no deja lugar a la abulia ni a la candidez con que enfrentamos la vida aquí en Sudamérica, y en especial en nuestro país.
Nosotros vamos de ida, dónde ellos vienen de vuelta. Y vienen de vuelta porque no se han perdido ninguna miseria humana, ninguna revelación espantosa, ningún dolor concebible.
Este año, para nosotros ha sido duro al tener que tomar conciencia y asimilar que no somos lo que creíamos ser, ya que nos daban afrecho, como a los chanchos, para que en nuestra autocomplacencia no nos diéramos cuenta que el día de San Martín, día de la matanza de los puercos, se acercaba.
O el día de la verdad, que es la muerte de la ilusión infantil de nuestra naturaleza y de nuestra imagen, día en que estamos obligados a crecer y asumir que nuestro destino está en nuestras manos solamente, en nuestra capacidad de entender el mundo y sus mecanismos, de entender las ocultas motivaciones de los que nos dicen o nos muestran como cierto y comenzar a avivarnos y a dudar.
“Dudo, luego existo” debiera ser la reflexión del adulto, y no aceptar cualquier verdad prefabricada, ni por la Escuela de Londres ni la de Chicago ni la de Puchuncaví sin antes reflexionar sobre ella.
Si algo no me cuadra, lo investigo, no me lo trago. Y miro el mundo no como una realidad, sino como una percepción entre comillas, hasta que aparezca nueva evidencia que siempre debe estar bajo observación.
Un deporte razonable es estudiar un poco de Historia. Pero no solo la escrita para adoctrinarnos, sino la alternativa, la que da evidencia de lo que pasaba en la vida corriente de nuestra patria, la que escriben de nosotros, otros, los que nos observan desde fuera.
Y cuando escriben algo negativo, en vez de sentirnos humillados, tratemos de ver qué hay de verdad en eso, y que podemos hacer.
Por de pronto hay una realidad económica que tenemos que enfrentar. En nuestro que hacer económico, lo que hacemos para vivir y vender a otros, no hemos pasado de ser un país extractivista de recursos naturales sin valor agregado.
Somos feriantes, que vendemos nuestro mineral de cobre sin elaborar, nuestra fruta, nuestros peces, pero no agregamos valor a nuestras materias primas. No hay inteligencia tecnológica incorporada.
Y hemos sido exactamente eso mismo desde que nos independizamos, teóricamente para dejar de ser productores de materias primas para la metrópoli y poder no solo comerciar con el resto del mundo comprando cosas, sino también vendiendo cosas creadas por nosotros que tengan inteligencia agregada.
¿De qué nos sirvió la independencia? Para cambiar de amo. El puesto de los españoles lo tomó una minoría que siguió tratando al país como su fundo, y que no tenía ni la ganas ni la curiosidad ni las ansias de superación como para llevar al país a la modernidad tecnológica para ser alguien en este mundo, a través del desarrollo integral de su población.
Es decir que realmente jamás nos independizamos. Pero como tenemos el ego de un cabro chico, andamos preocupados de todo menos de superarnos. Incluso le queremos dar lecciones de cómo vivir a nuestros vecinos latinoamericanos.
Los intentos de industrialización que se hicieron en Chile debido a la migración europea entre fines del siglo 19 y mediados del siglo 20, fueron estrepitosamente abortados tanto por las derechas representantes de la oligarquía colonial rentista y usureras, como por las izquierdas ideologizadas y cooptadas por el neo liberalismo, como es el caso de los gobiernos de 1990 en adelante.
Se destruyeron industrias, institutos tecnológicos, dando incentivos a todo lo que fuera finanzas por sobre la industria.
Y esto resultó durante un tiempo, por el alza mundial del precio de las materias primas, que nos permitió vivir de lo que producía la minería extractiva y dedicarnos a comprar 4×4 , a endeudarnos y a gastar en importación de automóviles, piezas y partes de repuestos, lo que deberíamos haber gastado en desarrollos tecnológicos del cobre, y de todos los recursos naturales para darles valor agregado.
Ahora viene la hora de ”la conciencia y el pensar profundo” como dice el poeta; pasamos del espanto al horror al contemplar cuan frágil y espúrea era nuestra democracia y nuestra economía.
Cuán débiles somos ante cualquier vaivén de los precios del cobre, cuán débiles somos moralmente hablando, cuán ignorantes somos tecnológicamente hablando, cuán giles somos que hasta nos compramos los bancos de las plazas y somos capaces de tragarnos cualquier sapo sin pensar.
Y, ahora que perdimos la inocencia ¿qué haremos?
Porque hay que salir de esto, y tomar conciencia ciudadana de que debemos enfrentarnos a tiempos perversos. Tiempos en que nuestros gobernantes nos van a meter en cualquier lío a futuro porque son capaces de firmar hasta el papel confort, y por qué no decirlo cualquier tratado internacional que nos hunda en la dependencia colonial del siglo 21.
Todos los que quieren libre comercio sin restricción con nosotros, no es que nos vayan a regalar nada, no, al contrario, nos van a vender las mugres que les sobran y que nadie quiere en este mundo.
La casta que ha manejado el poder hasta ahora, ya tiene sus fortunas a salvo en algún banco internacional como para irse a vivir a otro lado si las cosas se ponen feas. El resto del mundo tiene que seguir viviendo aquí con la contaminación, la degradación del suelo, la falta de agua y con todos los legados catastróficos que nos dejen estos gobiernos, ya sea transgénicos a granel, leyes perversas, falta de legislación y control en temas peligrosos.
De modo que les sugiero olvidarse de la farándula y del fútbol, apretarse la cincha, y comenzar a ponerse serios para analizar que nos ofrece el TPP el cual parece producir entusiasmo en nuestra presidenta actual, y si es del caso presionar a nuestros legisladores para que se opongan a su firma.
Les dejo dos artículos en que un estudioso de Harvard y varios académicos del London School of Economics analizan el caso chileno, para comenzar a meditar sobre cómo enfrentar el futuro.
Uno referente a nuestra carencia de know how, que quiere decir “saber cómo” o sea carencia de la tecnología para fabricar cosas.
Chile es un País que Sabe Demasiado Poco para ser Más Rico
Y el otro se refiere al know how de nuestra casta gobernante, para haber mantenido la manija del poder desde 1810, camuflándose de cualquier cosa, para vivir a costillas de la masa o del “peso de la noche” al que se refería graciosamente Diego Portales aludiendo a la ignorancia supina y falta de espíritu de superación de nuestra masa ciudadana, pilares en los cuales recomendaba afirmarse para manejar el poder.
Investigadora de la London School of Economics desmenuza estrategias de la elite chilena para evitar alzas de impuestos
Olga Larrazabal S.
Diciembre 30, 2015
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¿ Es muy tonto lo que voy a decir ?.
Querida Olga e podido comprender en tus artículos que me encuentro de tanto en tanto, que estás preñada de humanidad, que ansías con toda tu alma, un despegue del ser humano.
Mas compañera de ruta, en cuanto a la cuestión de los modelos económicos, siento y e llegado a la conclusión, que las ofertas existentes y las que se han experimentado, no resuelven ni dan solución a las necesidades del hombre. Están centradas fuertemente en la materialidad que nos mantiene fuertemente arraigados en la tercera dimensión con su tediosa densidad.
A de inventarse una relación humana ajena cualquier forma de economía, que obliga al hombre a la ´´TRANSACCIÓN « sea de cosas materiales o inmateriales, lo que gatilla el afán de posesión lo que a la postre, en vez de dispararnos a un desarrollo para mejor en lo individual y en lo colectivo, lo que hace es sumirnos en la vileza y así vamos dando de tumbo en tumbo, sin encontrar nunca ese bello sino.
Un abrazo a la humanidad.